Ea5ecfa510e488ad 640 creer

Roy lawrencepor Roy Lawrence

En el año 2005 tuve lo que los teólogos llaman una   “noche obscura del alma”. Fue horrible. Mi fe me dejó y me encontré en un estado de completa y total  obscuridad espiritual.  Durante algún tiempo no solo no podía creer en Dios, sino que la sola idea de Dios dejó de tener algún significado para mí. Toda mi vida en el ministerio me parecía haber sido un engaño y una decepción. Fue terrible.

Sin embargo, misericordiosamente ese tiempo llegó a su fin y fui capaz de salir de mi obscuridad y volver a descubrir la fe. De hecho, esta fe redescubierta es más fuerte que nunca. Ahora encuentro la incredulidad bastante imposible. Con la experiencia he descubierto muchas razones competentes para creer y me gustaría  compartir  algunas contigo.

  1. universo photo La creación precisa de un creador

El hecho básico e indiscutible de la vida es que “las cosas” existen. Yo existo, tú existes. El universo existe. Y parece que es de sentido común que todo tiene que haber venido de alguna parte. Quinientos años antes de Cristo el filósofo griego Parménides dijo: “Nada viene de la nada”. Es un principio que se ha reconocido desde entonces. Incluso los que creen que la creación puede explicarse si crees que todo ha evolucionado del “caldo” primordial, son confrontados con la pregunta: “¿De dónde vino el “caldo” primordial?”.

  1. El diseño precisa de un diseñador

diseño photoEl  hecho de que  las cosas  existen es solo un punto de partida. Porque no podemos decir solo que “las cosas existen ten, sino que aquello que existe es totalmente sorprendente en su diseño. Ya sea que miremos hacia arriba con un telescopio, o hacia abajo con un micros- copio, que consideremos las órbitas de los planetas o la simetría de los copos de nieve, hay evidencia de regularidad y orden.  Hay  patrones discernibles tanto en los mega misterios de las galaxias como en los micro misterios de los átomos.

¿Qué nos dice esto en términos de sentido común? Si yo me encontrara un montón de basura, al lado del camino, un par de latas de conservas oxidadas, unas pocas plumas, unos trozos de un periódico  antiguo  arrugados  y  algunas hojas secas, sería razonable asumir que el viento las había juntado por casualidad, ¿no es así?  Sin embargo, si me encontrara un reloj, o una cámara fotográfica o un teléfono móvil, sin duda nunca diría que “un reloj, una cámara o un móvil habían aparecido por casualidad”. Supondría que pertenecerían a alguien. Alguien tendría que haberlos hecho y serían la propiedad de alguien.

Es un hecho indiscutible que el universo tiene mucho más en común con el reloj, la cámara y el teléfono móvil que con el montón de basura. En  las palabras de Sir Fred Hoyle[1]: “Afirmar que el universo resultó por accidente, es como decir que una explosión en un montón de basura podría dar como resultado un Jumbo Jet listo para volar. El universo es una tarea de construcción”.

  1. El arte precisa de un artista

diseño photoUna vez más, estamos solo en el inicio al considerar la evidencia que nos rodea de la existencia de Dios. Porque el universo no solo nos muestra orden y diseño, también nos muestra arte de la naturaleza más sublime. Tengo el privilegio de vivir cerca del mar. Puedo mirar desde mi casa en una dirección y ver la gloria de las maravillosas puestas de sol que me extasían, o en otra dirección puedo ver la belleza de las rosas en nuestro jardín. ¿Puede ser accidental tanto arte?

Si pusiésemos a un millón de monos escribiendo frente a un millón de ordenadores, ¿qué posibilidad habría de que uno de ellos escribiese una de las obras de Shakespeare por accidente totalmente?  Virtualmente ninguno. El  arte precisa un artista. Yo creería en la existencia  de  Shakespeare incluso si no hubiese evidencia de su vida, simplemente porque tengo sus obras en toda su gloria artística.

  1. La ley moral precisa un legislador

ley photoSin ley estaríamos en un gran problema. Por ejemplo habría caos en las carreteras si condujésemos por la derecha o por la izquierda, o por el centro de la vía, totalmente de acuerdo a  nuestra propia voluntad. Las leyes que mantienen a las sociedades juntas tienen que haber venido de alguna parte. Las leyes de pequeño alcance, como las que ordenan el tráfico, pueden venir de nuestros propios legisladores, pero hay leyes más abarcadoras que no podemos de- terminar ni cambiar.

Los principios permanentes de la vida son llamados a veces “ley moral”. Tienen que ver con la diferencias entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo bueno y lo malo.  No podemos determinarlas, solo descubrirlas. De ninguna forma dependen de nuestros propios deseos o modas, ni de diversas prácticas de esta o aquella sociedad.

Los legisladores no tienen poder para cambiarlas. Cualquier ley en cualquier sociedad será pervertida e incorrecta si ignora estos principios de vida. La historia está llena de ejemplos: La masacre de los inocentes por el rey Herodes, el asesinato de seis millones de judíos por los nazis, la violación de los  derechos  humanos por gobiernos corruptos hoy pueden ser legales para sus propios estándares torcidos pero no son, ni nunca podrán ser correctos. Infringen una ley moral que es más grande que los mismos. No sé otra forma de que esta ley moral haya  surgido sino por la existencia de un Legislador Supremo.

  1. El milagro de tú y yo

human body photoHasta ahora hemos usado una red de malla gruesa, extendiendo nuestras mentes para considerar las implicaciones del universo, pero en verdad difícilmente necesitamos hacer eso para encontrar una razón para creer en Dios.

No tenemos que mirar más allá de nosotros. Hace algún tiempo había un anuncio en televisión que mostraba una línea de montaje en una factoría de automóviles, donde todo el trabajo era realizado por una serie de brazos robotizados. Nos quedamos  maravillados preguntándonos quien puede haber inventado tal milagro mecánico. Sin embargo, esos brazos mecánicos no son nada si los comparamos con los tuyos y los míos.

Mira por un momento tu propia mano. Es un mecanismo sorprendente, delicado, complejo, multifuncional, maravilloso en todo. Incluso la parte más pequeña de tu mano difícilmente podría haber  llegado a ser por accidente. Sir Isaac Newton afirmó: “En ausencia de cualquier otra prueba, el dedo gordo solo ¡me convencería de la existencia de Dios!”.

  1. La experiencia religiosa

Si nuestros cuerpos dan testimonio de la existencia de Dios, ¿cuánto más lo hacen nuestras mentes, y más aún lo hace ese misterioso centro de nuestro ser que llamamos a veces “el espíritu”?.

A lo largo de la historia hombres y mujeres han informado de que su vida interior ha incluido experiencias que son religiosas o místicas en su naturaleza. Y todavía las hay. Me siento inmensamente privilegiado en las ocasiones en las que las personas comparten conmigo tales situaciones. En los años ochenta del siglo pasado el sicólogo de Oxford, Basil Douglas-Smith reunió docenas de esas experiencias y  las publicó  en  un pequeño libro titulado The Mystics come to Harley Street – Los Místicos vienen a la calle Harley[2]. Él no tiene dudas sobre la validez y realidad de esas experiencias. Cree que en sí mismas justifican las creencias religiosas. Reconoce la importancia del hecho de que aunque muchas personas no hayan hecho una confesión de fe, de creer en Dios, sorprendentemente hay un buen número que dirían que en realidad “saben” de la existencia de Dios porque lo han experimentado.

Él hace hincapié en que tales personas no están de ninguna forma dementes, y cita este pequeño poema:

“No los tachen de maniáticos religiosos.
¡Están más sanos que todos ustedes, y más alertas!”.

  1. Jesús

jesucristo photoEscribir  este  artículo ha expandido mi perspectiva y puede que leerlo te ayude a ampliar la tuya también.

La vida es un proceso misterioso, simultáneamente hermoso, desconcertante y, a veces doloroso. Concebir sus orígenes y su propósito no es una tarea fácil. Sé que creer en Dios conlleva dificultades, pero el ateísmo tiene muchísimas más. Necesitamos ayuda, guía y dirección.

Soy particularmente afortunado porque tuve el privilegio de pasar cuatro años en Oxford y después dos más en Cambridge estudiando teología y a los clásicos. Tuve la oportunidad de considerar y ponderar los pensamientos de algunas de las mentes más grandes del mundo antiguo: Sócrates, Platón, Aristóteles y muchos más. Sin embargo, al final de ese tiempo concluí decisivamente que la sabiduría más grande que había encontrado estaba en Jesucristo.

Incluso cuando me estuve enfrentando a mi propia “Noche obscura del alma”, nunca dejé de considerar a Jesucristo de importancia crucial.

Al final, aunque todas las razones para creer en Dios que he compartido contigo son poderosas, por encima de todo yo tomo a Dios el Padre confiando en Jesús. Para Jesús Dios el Padre era tan real como el aire que respiraba. Dios el Padre era el centro de su ser. El ateo tiene que decir: “Soy más sabio que Jesucristo”. Personalmente yo nunca diría eso y nunca desearía hacerlo.

[1] Sir Fred Hoyle (1915-2001) es conocido como uno de los grandes pensadores científicos del siglo XX, que no tuvo temor de cuestionar las creencias ortodoxas.

[2] The Mystics Come to Harley Street de Basil Douglas-Smitht, publicado por Regency Press (Londres y Nueva York) Limitada. (1984) ISBN 13:978-0721206080.


Este artículo fue publicado en Icon of Revista Verdad y Vida OCT-DIC 2015 Leer fácil Revista Verdad y Vida OCT-DIC 2015 Leer fácil pdf [1092 descargas 2.6 MB]

Contenido:

Foto por Adolfo Lujan

Escribe tu comentario:

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.