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por  Santiago  Lange

León Tolstoy escribió la que muchos expertos literarios consideran que es una de las dos o tres novelas más importantes de la literatura mundial, La Guerra y la Paz. Pero en 1879 también escribió un libro titulado Una Confesión,  que cuenta la historia de su búsqueda personal del significado y propósito de la vida. Habiendo rechazado el cristianismo de niño, Tolstoy dejó sus estudios universitarios para gozar de los placeres del mundo. En Moscú y San Petersburgo se dedicó a embriagarse, a vivir promiscuamente y a jugar con frecuencia. La ambición de Tolstoy era convertirse en rico y famoso, pero nada la satisfacía. En 1862, se casó con una esposa amorosa y tuvo trece hijos; estaba rodeado de lo que parecía ser la felicidad completa. Sin embargo, una pregunta continuó persiguiéndolo hasta el límite del suicidio: «Tiene algún significado mi vida que no sea aniquilado por la inevitable muerte que me aguarda?».

Tolstoy buscó la respuesta a través de la ciencia y la filosofía, y mientras lo hacía observó que sus compatriotas no estaban enfrentándose a las preguntas importantes de la vida: “¿De dónde vine?”. “¿Por qué estoy aquí?”. “¿A dónde voy?”. “¿Cuál es el propósito de la vida?”.

La pregunta de ayer y de hoy

Ciento cincuenta años después nada ha cambiado. La pregunta sigue asediando nuestras mentes, a pesar de la creciente apatía actual por lo trascendente: «¿Cuál es el propósito de la vida?».

Hace más de tres mil años, Salomón, el hombre más rico del mundo de entonces también emprendió un viaje no muy diferente al de Tolstoy. Fue un hombre con inteligencia, sabiduría, respetado, admirado, con poder e influencia. Un líder de líderes. En el Libro de Eclesiastés, Salomón escribió sobre la futilidad de la vida. En Eclesiastés 7:24 se plantea la famosa y repetitiva pregunta: “¿Cómo puede descubrir alguien el significado de la vida?».

En algún momento de nuestra vida tendremos que contestar esta pregunta: “¿Por qué estoy aquí?”, “¿Cuál es el significado de la vida?” Salomón señaló que cuando no conocemos el significado de la vida, esta parece vana, vacía o inútil: «Estas son las palabras del Maestro, hijo de David, rey en Jerusalén. Lo más absurdo de lo absurdo, dice el Maestro, lo más absurdo de lo absurdo, ¡todo es un absurdo! ¿Qué provecho saca el hombre de tanto afanarse en esta vida? Generación va, generación viene, más la tierra siempre es la misma” (Eclesiastés 1:1-4). En otras palabras, si no sabemos el significado de la vida, ¿por qué no nos echamos a dormir? ¿Para qué vale? El mundo se queda igual. Es vacío y cansa.

A veces parece que estemos dando vueltas, rodando en círculos. Somos como un molino de viento: “Sale el sol, se pone el sol, y afanoso vuelve a su punto de origen para de allí volver a salir. Dirigiéndose al sur, o girando hacia el norte, sin cesar va girando el viento para de nuevo volver a girar. Todos los ríos van a dar al mar, pero el mar jamás se sacia. A su punto de origen vuelven los ríos, para de allí volver a fluir» (Eclesiastés 1:5-7). Sí, la vida parece a veces como un círculo sin fin.

Otro punto que Salomón destaca es que la vida parece insatisfactoria. No importa cuánto hayamos visto, o cuanto tengamos no estamos satisfechos: “Todas las cosas hastían más de lo que es posible expresar. Ni se sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír. Lo que ya ha acontecido volverá a acontecer; lo que ya se ha hecho se volverá a hacer ¡y no hay nada nuevo bajo el sol!» (Eclesiastés 1:8-9).

Para Salomón la vida parecía ser también insignificante. Estaba en lo cierto. La vida parece insignificante cuando no sabemos el propósito de la misma: “Nadie se acuerda de los hombres primeros, como nadie se acordará de los últimos. ¡No habrá memoria de ellos entre los que habrán de sucedernos!” (Eclesiastés 1:11). Sí, la fama se va. Puede que algunos tengan fama hoy, pero nadie va a recordarlos mañana. Algunos  deportistas logran establecer un record, pero en poco tiempo serán superados  por  alguien  y ellos  serán  olvidados. Hay personas que gastan una gran cantidad de  dinero  para  lograr que pongan su nombre en un edificio y así preservarlo  para la posteridad. Al fina, Salomón  dice  que  esos intentos son inútiles.

Y luego Salomón dijo que la vida parece incontrolable: “Ni se puede enderezar lo torcido, ni se puede contar lo que falta”. El rey se estaba refiriendo aquí a situaciones más allá de nuestro control. ¿Has tratado alguna vez de enderezar algo que se niega a permanecer derecho? ¿Has tratado de resolver un problema del que no podías ver la solución? ¿Has tratado de cambiar a alguien, o una circunstancia, solo para descubrir que no puedes hacerlo?

Salomón dijo que, al final, todos llegamos a un punto en el que nos damos cuenta de que la vida es incontrolable. Hay algunas cosas en la vida que, sin importar cuán duro nos esforcemos, no seremos capaces de solucionarlas. Salomón fue un hombre que tuvo el tiempo, el dinero y la energía para registrar el viaje de toda su vida. Podríamos decir que el diario de sus observaciones es lo que llamamos el Libro de Eclesiastés. El viaje que emprendió, aunque sorprendente, lo dejó desinflado, deprimido y desilusionado.  Estaba  vacío.  Su descripción favorita y la más repetida en su libro es: “¡lo más absurdo de lo absurdo!» En el versículo 14 escribió: «Y he observado todo cuanto  se  hace  en  esta vida, y todo ello es absurdo, ¡es correr tras el viento!”. Usando sus palabras, lo que expresó fue una perspectiva «bajo el sol», una perspectiva terrenal.

Vez tras vez, Salomón expresó su punto de vista horizontal, estrictamente humano, estrictamente físico. En cada sección importante de su diario él uso las palabras “bajo el sol” y “bajo el cielo”. Porque raramente miró por encima del cielo, a lo espiritual. La vida  le parecía repetitiva,  deprimente, desesperada y sin significado. Porque había dejado a Dios fuera de la escena, nada le satisfacía realmente.

Un par de conclusiones

Con esto en mente podemos sacar un par de conclusiones prácticas: Si no hay nada eternamente satisfactorio bajo el sol, entonces nuestra sola esperanza, lógicamente, debe estar sobre o más allá del sol. Si el ser humano investiga todo lo visible y no encuentra aquello que anhela su corazón, entonces la pieza vital faltante debe ser lo invisible. Salomón lo tuvo y lo exploró todo, sin embargo no encontró satisfacción.

Permíteme anticiparte mi conclusión: Nunca tendremos satisfacción en la vida “bajo el sol” hasta que tengamos una relación   apropiada con Dios sobre el sol. Puede que no tengamos el dinero de Salomón ni su cerebro, puede que no seamos capaces de llegar a las profundidades   que   él fue buscando el significado de la  vida. Esa es una razón más para  escuchar a un hombre que ha estado allí. Salomón nos dice: “Deseo deciros lo que yo experimenté”. Si vivimos nuestra vida solamente en el plano estrictamente horizontal, si nuestra imagen de Dios es distorsionada, esta vida ¡no nos traerá felicidad!

Salomón diría: El hecho es que el mundo sin la comprensión de Dios no es maravilloso. Un mundo que no reconoce la realidad de Dios es malvado, corrupto y depravado. El trabajo al margen de Dios no es enriquecedor ni satisfactorio; es cansado, fútil y estalla en nuestro rostro. Las personas que viven al margen de Dios son, a menudo, egoístas. La vida en el planeta tierra se puede convertir en muy aburrida y vacía. Puede ser inútil, puede ser como perseguir el viento. Esto es verdad ya sea que tengamos carrera o que no hayamos estudiado, que seamos jóvenes o viejos, agricultores, profesionales o directivos, que vivamos en una mansión o en un garaje. Y no será diferente si nuestras circunstancias cambian.

Tres opciones

Cuando   no   sabemos por qué estamos aquí tenemos tres opciones: La primera, nos podemos inventar algún significado para nuestras vidas. Muchas personas hacen esto. Fuimos creados para tener algo en el centro de nuestras vidas. Si las personas no tienen a Dios en el centro de su vida, tratan de poner cualquier otra cosa. Por lo general terminan siendo adictos a amasar dinero, a divertirse, a trabajar etc. como forma de llenar sus vidas de significado. Pero en el fondo saben que esa búsqueda física es inútil y en realidad no satisface. Esta es la falacia del humanismo.

Se supone que Marx, Freud y Darwin fueron tres de las mentes más importantes de la civilización occidental. Los tres dijeron lo mismo: “Vienes de la nada, y a la nada vas». Algunas personas creen que venimos de alguna clase de fluido original, que no pueden explicar como surgió, y que somos solo el resultado de una cadena evolutiva. Afirman que somos alguna suerte de accidente cósmico. Llegó el humanismo y dijo: “Vienes de ninguna parte y vas a ninguna parte, pero mientras existes tu vida tiene significado, valor y dignidad”. ¿Qué?

No estoy de acuerdo con los humanistas. Creo que es intelectualmente deshonesto decir que vine de ninguna parte, que fue un accidente y que no voy a ninguna parte, pero que ¡mientras estoy aquí importo! Este punto de vista simplemente no es verdad.

Si Dios no nos creó y no hay ninguna eternidad, entonces, por favor, al menos deberíamos de tener el valor intelectual para admitir que nuestra vida ¡no importa! No creo en el punto de vista humanista de una evolución sin Dios. Porque el grito interior nos dice a cada uno de nosotros que ¡sí importamos! Y la revelación de nuestro Creador, la Biblia, nos dice que ¡sí importamos! Pero, de nuevo, cuando las personas no conocen el propósito de la vida solo tratan de inventarse algún significado, y eso no funciona.

Una segunda opción es, escapar. Si la vida no tiene significado, entonces, dicen algunos, quizás, deberíamos de escapar de ella abusando de la televisión, convirtiéndose en un saco de sofá, abusando de la comida o convirtiéndose en un drogadicto.

El último escape es, por supuesto, el suicidio.  Desgraciadamente,  el  suicidio se está convirtiendo en un gran asesino silenciado muy hábilmente en la sociedad actual, especialmente en el caso de jóvenes. ¡Qué tragedia! ¿Por qué? Bueno, si no sabemos por qué estamos aquí, e incluso negamos que la vida tenga algún sentido, lo último que surge es la desesperación. La vida se vuelve inútil, sin sentido, insatisfactoria e insignificante.

¿Cuál es la alternativa?

Si tratar de inventarse algún significado no funciona, o tratar de escapar es un engaño, la tercera opción es descubrir el verdadero significado de la vida.

Afortunadamente, Dios nos dijo cual es el significado de la vida, nos dio la respuesta a la pregunta “¿Por qué estamos aquí?”: “Dios nos escogió en él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él. En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad” (Efesios 1:4-5). ¿Cuál es la razón de la vida? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es el propósito de Dios al crear el mundo, a ti y a mí? El Espíritu de Dios, por medio de Pablo, nos dice que fuimos creados para ser amados por Dios. Fuimos creados como un objeto del amor de Dios. Dios nos hizo para amarnos.

La Biblia dice que Dios es amor. No nos dice que él tiene amor, dice que él es amor. Si yo tengo amor pero no lo derramo en una persona o cosa, ese amor es inútil. La Biblia dice que fuimos creados por Dios para ser amados y adoptados en su familia. Pero eso no es todo como estaremos viendo en la segunda parte de este artículo, en el siguiente ejemplar de Verdad y Vida.


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