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A través de las Sagradas Escrituras hemos aprendido que Dios es digno de adoración. Pero, ¿Se ha preguntado cuál es la mejor forma de adorarlo? Porque todos queremos hacer las mejores cosas para Dios, incluyendo la adoración.

Dios nos ha mostrado su amor que sobrepasa todo entendimiento humano y en nuestra limitada forma de ver las cosas, hasta donde nuestra humanidad nos lo ha permitido, queremos adorarlo de la mejor manera; sin embargo, la mejor forma de adorarlo es como a nosotros nos “salga”, desde dentro de nuestra alma y espíritu. Siendo Dios tan inmenso y Todopoderoso, se ha puesto a nuestra altura en el mejor acto de humildad y mansedumbre, constituyéndose en una lección debemos aprender y aplicar en esta vida. (Filipenses 2:5-8)

Como Cristo es quien vive en el cristiano porque “ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” y el Espíritu Santo transforma nuestras oraciones salidas desde dentro de nuestra humanidad para hacerlas aceptables por Dios mismo, el mismo Espíritu de Cristo inspira nuestra adoración, y la mejor adoración es la que surge desde nuestro interior, de acuerdo con los dones especiales con los que Dios nos ha dotado; así que habrá tantas formas de adoración como tantos seres humanos haya en el mundo. Cada una de ellas es la mejor y Dios queda complacido.

Como ejemplo, vamos a disfrutar de esta enseñanza estudiando las Sagradas Escrituras en Juan 12:1-3, en donde, como una preparación para el sacrificio supremo de Jesús, tres personas distintas le expresan su adoración en tres formas distintas.

Pero, ¿Qué es la adoración?

“La adoración es un estado espiritual contemplativo en el que el espíritu del hombre se sobrecoge maravillado estableciendo una comunión íntima con Dios, dando lugar a una experiencia deliciosa de los sentidos dentro de una dimensión eterna.

De la adoración también se puede decir que es un estado (en reposo) o estilo de vida (activo) que obedece intuitivamente a la fe y responde a revelaciones divinas que produce según la intensidad sutiles cambios en las fibras del corazón humano, volviendo de esta manera más perceptiva la conciencia y más activo el espíritu.

Es el nivel más alto de sintonía con un ente espiritual que eventualmente desarrolla lo que los adoradores han coincidido en llamar iluminación espiritual, que es la manera de “conocer” a Dios en sus múltiples manifestaciones.

La adoración es la actitud o la intención interna del corazón del hombre, entendiéndose como obediencia y servicio a Dios, es decir, “hacer la voluntad” de la divinidad -cumpliendo los preceptos recibidos-.

Adorar a Dios significaba “aceptar su modo de vida”.

La religión marcaba los límites cosmológicos, sociales e ideológicos; guiaba el comportamiento de cada cultura.

La adoración verdadera es un estilo de vida, no un evento o una actividad. (Énfasis añadido)

En definitiva, implica que la forma de vida debe estar ‘regida’ por los preceptos de la deidad. Comúnmente a la adoración religiosa se le llama también, Culto”. Fuente: Wikipedia.

Antes de estudiar la Escritura de  Juan 12:1-3, vayamos al pasaje paralelo de Lucas 10:38-42 para conocer otros detalles: “Durante el viaje a Jerusalén, Jesús y sus discípulos llegaron a cierta aldea donde una mujer llamada Marta los recibió en su casa. Su hermana María se sentó a los pies del Señor a escuchar sus enseñanzas, pero Marta estaba distraída con los preparativos para la gran cena. Entonces se acercó a Jesús y le dijo: —Maestro, ¿no te parece injusto que mi hermana esté aquí sentada mientras yo hago todo el trabajo? Dile que venga a ayudarme. El Señor le dijo: —Mi apreciada Marta, ¡estás preocupada y tan inquieta con todos los detalles! Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto, y nadie se la quitará”.

Sabemos que Marta y María eran hermanas de Lázaro, quien murió y fue resucitado por Jesús. Lucas nos muestra que María es una mujer muy piadosa, interesada en las enseñanzas de su Maestro, Lucas no nombra a Lázaro y muchos de nosotros que hemos leído esta Escritura, tal vez hemos juzgado a Marta, como alguien a quien no le interesaba escuchar las enseñanzas de Jesús, porque estaba ocupada en “los preparativos para la gran cena”. Como Jesús visitaba a la familia frecuentemente cuando pasaba por Betania, parece ser que cada vez que iba, le ofrecían una cena como muestra de adoración.

Se acercaba la gran celebración de la Pascua, una de las tres festividades a las que la Ley convocaba al pueblo judío para celebrarla  en Jerusalén.

Nuevamente pasó por Betania y nuevamente visitó a la familia, en la casa de Simón, el dueño de dicha morada y nuevamente se le preparó una cena, sin embargo podemos preguntarnos, ¿Cuál cena? y ¿Por qué? Las respuestas nos las da el apóstol Juan.

Seis días antes de la Pascua.

“Seis días antes de que comenzara la celebración de la Pascua, Jesús llegó a Betania, a la casa de Lázaro, el hombre a quien él había resucitado”. Juan 12:1.

  • Antes de su sacrificio supremo Dios preparó la adoración a través de seres humanos que lo amaban y nos da una lección importante.
  • Los tres hermanos amaban a Jesús con su personalidad y carácter, de acuerdo con los dones que Dios les había dado.

Como un solo cuerpo.

“Prepararon una cena en honor de Jesús. Marta servía, y Lázaro estaba entre los que comían con él”. Juan 12:2.

  • El escenario de la adoración fue un acto en el que todos nos regocijaron y disfrutaron: una gran cena.
  • La cena fue organizada por la familia, como un solo cuerpo.
  • Jesús bendijo con su presencia a toda la familia.
  • Dios es uno y trino y esa unidad plural la manifiesta su creación.
  • La iglesia, con muchos miembros, es un solo cuerpo.
  • Dios se regocija cuando su pueblo lo adora como un solo cuerpo (la iglesia).

El servicio como adoración.

“Prepararon una cena en honor de Jesús. Marta servía, y Lázaro estaba entre los que comían con él”. Juan 12:2.

  • La gran cena fue en honor de Jesús porque lo amaban y Él, como Dios, merece toda la adoración, la alabanza, el loor, el honor y el agradecimiento, “porque Él es bueno y para siempre es su misericordia”. (Salmo 136) RV60
  • A Marta Dios la bendijo con el don del servicio, para beneficio de todos, y dicha adoración regresa a quien la dio. El servicio de Marta fue vital para el éxito de esta cena.
  • Alguien tenía que servir y lo hizo quien tenía el don especial para ello. Y Jesús lo agradeció.
  • Todo servicio en la comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es adoración a quien es digno de recibirla.
  • Por tanto, Dios se complace que lo adoren con servicio, porque ese don les ha dado a las personas y Marta era una de ellas.

La comunión como adoración.

“Prepararon una cena en honor de Jesús. Marta servía, y Lázaro estaba entre los que comían con él. Juan 12:2.

  • Lázaro adoró a Jesús compartiendo con Él en la mesa; ¿Se imagina usted de qué estaban hablando? Yo me imagino que estaría colmándolo de halagos y desviviéndose por agradecerle el hecho de haberlo devuelto a la vida, después de experimentar la oscuridad de la muerte. No sé qué pensamientos cruzarían por su mente en ese momento pero lo podemos imaginar si nos ponemos en el lugar de Lázaro. Juan no nombra al jefe de la casa, sin embargo, ¿Se imagina usted a Simón, quien fue sanado de la lepra por Jesús, de qué estaría hablando?, Me imagino que también estaría gozando de la comunión con Jesús y agradeciéndole el milagro de la sanidad. Simón y toda la familia tenían el don de la hospitalidad, la convivencia y el agradecimiento y así brindaron su adoración. Jesús quedó complacido.
  • El hecho de gozar de la fiesta es un acto de adoración; sabiendo que la vida eterna es una fiesta por siempre.
  • El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se adoran mutuamente, en un estado de eterna pericoresis.
  • Así también, la iglesia adora a Dios como un solo cuerpo, a través de los dones con que Dios la ha dotado.

La humildad como adoración.

“Entonces María tomó un frasco con casi medio litro de un costoso perfume preparado con esencia de nardo, le ungió los pies a Jesús y los secó con sus propios cabellos. La casa se llenó de la fragancia del perfume”. Juan 12:3.

  • La mejor parte de la convivencia la tomó María (Lucas 10:42).
  • Lavarle los pies a una persona es un acto supremo de humildad y servicio, porque para hacerlo, debemos postrarnos ante esa persona, en una posición totalmente vulnerable, a merced de los demás; pero Dios nos recuerda (y María lo corrobora) que el hecho de inclinarse a lavar los pies de una persona es el acto de humildad más sublime, solo destinado a los que sirven y cuando nos inclinamos ante un ser humano que lleva la imagen de Dios mismo, lo estamos haciendo ante nuestro Creador.
  • La forma más sublime de agradecimiento se manifiesta en actos de humildad por excelencia.
  • No todos estamos dispuestos a humillarnos ante Dios; sin embargo Él nos dice que lo que le hagamos a otras personas, lo hacemos a Él mismo.
  • María no sólo lavó los pies de su Maestro, sino que los ungió con delicado perfume, sin escatimar el precio, porque Dios se merece lo mejor.
  • Todo esto en preparación para el acto supremo de redención y perdón que se avecinaba.
  • La unción es un acto de adoración que puede hacer un ser humano porque Dios también lo hace; Él nos ha ungido, no sólo con perfume, sino con el agua que lava los pecados: su Espíritu Santo.

Colofón:

“Hay alguien que da su servicio de forma desinteresada (Marta), un servicio que ha sido transformado, que ya no está viendo si los demás sirven o no, sino que está enfocada en servir al Maestro. (Creo que esta cena no es la misma de cuando Marta reclamó que María no la ayudaba, ahora es una Marta transformada. Al leer el contexto de Lucas 10 se puede ver que Lucas 10 ocurrió mucho tiempo antes de la pascua, que encontramos hasta el capítulo 22, después de que pasaron muchas otras cosas. Jesús visitaba con frecuencia ese hogar en Betania). Cuando se está con Jesús uno siempre es transformado, y Marta siguió ofreciendo su servicio, pero en esta otra cena la encontramos sirviendo no en la carne, sino en el espíritu.

Hay alguien que da una adoración extravagante (María), que no le importa lo que los demás piensen o digan, da todo lo que quiere dar. Derrama sobre Jesús un perfume que valía el salario de un año de trabajo. Y es criticada por los mismos discípulos de Jesús. (Marcos 14:3-9)

Hay alguien que resucitó, y ahora vive una vida transformada, una nueva vida, sentado al lado de Jesús.

Y hay alguien sanado de su enfermedad, aunque sigue siendo llamado «Simón el leproso» (Mateo 26:6-13), ahora está sano y esto le impulsa a ofrecer esta cena a Jesús. (Probablemente era el padre de los tres, María, Marta y Lázaro)”.

Así en toda congregación hay todo tipo de adoradores, servidores transformados, adoradores extravagantes, sanados agradecidos, y todos resucitados con Cristo y en novedad de vida.

David Emmanuel Ágreda

  • Dios merece toda nuestra adoración y se la podemos dar, de acuerdo con los dones que Él mismo nos ha dado.
  • Todas las formas son posibles y todas las formas le agradan a Dios porque son inspiradas por el Espíritu Santo.
  • Jesús aceptó la adoración de Lázaro, Marta y María porque fue de sincero agradecimiento y comunión y porque lo amaban y Él a ellos también: tres formas de adoración al mismo tiempo.
  • Dios es digno de adoración, alabanza y agradecimiento por el amor con que ama a la humanidad.
  • Y toda su vida, el don más maravilloso que Dios le ha dado, si usted quiere, es el mejor acto de adoración que podemos darle a nuestro Creador ¡Y Él quedará complacido… para siempre!

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