Señor Jesús, dame de beber de esta agua [Poesía]

samaritana photo¿Quién no está buscando ser feliz en esta vida?
Los griegos lo llaman “eudaimonia”,
es como “correr tras el viento noche y día,
es una concepción imaginaria, una utopía.
Proyecto irrealizable
mientras vivamos en este mundo miserable.
Esta sed interior, este vacío,
esta vacuidad siempre latente,
yo la viví largos años en mi vida,
cuando aún mi corazón no era creyente.
Cristo le dijo a una mujer samaritana:
“Hoy tendrás sed, y la tendrás mañana.
Y jamás saciarás la sed que llevas dentro,
en el erial yermo de tu alma,
si no bebes las aguas que te ofrezco,
creyendo y recibiendo mi Palabra.
Volverás a beber aguas del suelo,
que son placebos, que al final te engañan.
Oye, mujer, recibe mi agua viva,
y tu sed será por siempre erradicada”.
Igual que esa mujer, yo rogué a Cristo:
“Señor, dame de beber de esta tu agua”,
confesándole que en mi corazón triste y reseco
tenía una planta enferma y marchitada.
Oí la voz de Cristo, y en mi corazón seco
brotó el agua, y revivió la planta,
con brotes, con hojas y con frutos,
en una “vida nueva” que él me daba.
Bebí en las fuentes del placer mundano,
llenando de frustración mi triste alma.
Bebí del agua que ofreció Cristo
y siento dentro que él me ama.
Cristo amoroso, gracias por haberme buscado y perdonado.
Te adoro recordando tu muerte,
y los clavos sobre tu carne desgarrada.
Te alabo por levantarme
del fango nauseabundo donde estaba.
Y te bendigo, porque tú me ofreces,
después de mi partida,
en “la casa del Padre”, una morada.

Lisardo Uria Arribe


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