Un corazón como el suyo

por Max Lucado

¿Qué   sucedería si Jesús se convirtiera en ti  por  un  día?

¿Qué sucedería si durante veinticuatro  horas, Jesús se despertara en tu cama, caminara en tus zapatos, viviera en tu casa y asumiera tu programa de trabajo?

¿Y tu jefe se convirtiera en el suyo, tu madre se convirtiera en la suya y tus dolores se convirtieran en los suyos?

Con una excepción, nada de tu vida cambia. Ni tu salud, ni tus circunstancias, ni tus horarios. Tus problemas no son resueltos. Solo un cambio toma lugar.

¿Qué sucedería si, durante un día y una noche, Jesús viviera con su corazón en ti?

Tu corazón se toma el día libre y tu vida es dirigida por el corazón de Cristo. Sus prioridades gobiernan tus acciones. Sus pasiones motivan tus decisiones. Su amor dirige tu conducta.

¿A qué serías semejante?

¿Notarían algún cambio las personas?

Tu familia ¿vería algo nuevo?

¿Tus compañeros de trabajo percibirían alguna diferencia?

Y a los menos afortunados ¿los tratarías de igual forma?

Y tus amigos, ¿detectarían más gozo y alegría?

Y qué decir de tus enemigos, ¿recibirían más misericordia del corazón de Cristo que del tuyo?

¿Y tú? ¿Cómo te sentirías?

¿Qué alteraciones tendría este trasplante en tus niveles de estrés?

¿Cómo afectaría a tus cambios de humor y tu temperamento?

¿Dormirías mejor?

¿Verías las puestas de sol de una forma diferente?

¿Y la muerte?

¿Y los impuestos?

¿Habría posibilidades de que necesitaras menos aspirinas y tranquilizantes?

¿Cómo sería tu reacción con respecto a los embotellamientos de tráfico? ¡Oh!, lo siento eso es un tema sensible.

¿Temerías todavía lo que estás temiendo?

Mejor aún, ¿harías todavía lo que estás haciendo?

¿Harías todavía lo que has planeado hacer durante las próximas veinticuatro horas?

Detente y piensa sobre tus horarios, obligaciones, compromisos, salidas y citas. Con Jesús controlando tu corazón, ¿cambiaría algo?

Sigue trabajando en esto un poco más. Ajusta las lentes de tu imaginación hasta que tengas una imagen clara de Jesús dirigiendo tu vida, luego rompe la cubierta y enmarca la imagen.

¿Qué quiere Dios de ti?

Lo que ves es lo que Dios quiere. Él quiere que “pienses y actúes como Jesucristo” (Filipenses 2:5). El plan de Dios para ti no es algo menos que un nuevo corazón. Si fueras un automóvil, Dios querría el control de tu motor. Si fueras un ordenador, Dios mantendría los programas y el disco duro. Si fueras un aeroplano, él tomaría el asiento del piloto. Pero eres una persona, así que Dios quiere cambiar tu corazón.

“Vosotros debéis cambiar completamente vuestra manera de pensar, y ser honestos y santos de verdad, como corresponde a personas que Dios ha vuelto a crear, para ser como él” (Efesios 4:23–24 Traducción en lenguaje actual, TLA Copyright © 2000 por  Sociedades Bíblicas Unidas).

Dios quiere que seas como Jesús.

Él quiere que tengas un corazón como el suyo.

Voy a arriesgarme algo aquí. Es peligroso  resumir  grandes  verdades  en una frase, pero voy a tratar de hacerlo. Si una sentencia o dos pudiera encerrar el deseo de Dios para cada uno de nosotros, podría ser algo así: Dios te ama justo como eres, pero se niega a dejarte de esa forma. Quiere que seas como Jesús.corazón humano photo

Dios te ama justo como eres

Si piensas que el amor de Dios por ti sería mayor si tu fe fuese más fuerte, estás errado. Si crees que su amor por ti sería más profundo si tus pensamientos fuesen mejores, estás errado de nuevo. No confundas   el   amor de Dios con el amor humano. El amor de las personas a menudo se incrementa con las acciones acertadas y disminuye con los errores. No es así con el amor de Dios.

Él te ama justo donde estás. Citando al autor favorito de mi esposa, yo mismo:

“El amor de Dios nunca cesa. Nunca. Aunque lo rechacemos, lo ignoremos, lo menospreciemos, lo desobedezcamos, no cambiará. Nuestra maldad  no  disminuye  su  amor.  Nuestra bondad no puede aumentarlo. Nuestra fe no lo puede ganar como tampoco nuestra estupidez lo puede poner en peligro. Dios no nos ama menos si fallamos ni más si tenemos éxito. El amor de Dios nunca cesa”.

Dios te ama justo como eres, pero se niega a dejarte de esa forma. Cuando mi hija Jenna era pequeña la llevaba a un parque cerca de donde vivíamos. Una día, mientras ella estaba jugando en la zona  de arena del parque,  se aproximó un vendedor de helados. Le compré uno y cuando me volví para dárselo vi que tenía su boca llena de arena. Donde yo trataba de ponerle una delicia, ella había puesto suciedad.

¿La amaba con la suciedad en su boca? Absolutamente. ¿Era ella menos mi hija con suciedad en su boca? ¡Por supuesto que no! ¿Iba yo a permitir que mantuviera la arena en su boca? De ninguna forma. La amaba justo donde estaba, pero rechacé dejarla allí. La tomé en mis brazos y la llevé hasta un surtidor de agua para beber y le lavé la boca. ¿Por qué? Porque la amo.

Dios hace lo mismo con nosotros. Nos sostiene sobre la fuente mientras, como Padre amoroso, nos urge: “Escupe la suciedad criatura. “Tengo algo mucho mejor para ti”. Y así nos limpia de la suciedad: de la inmoralidad, de la impudicia, de la injusticia, de la mentira, del prejuicio, de la amargura, de la avaricia, etc.

No nos gusta la limpieza; a veces, optamos incluso por la suciedad en lugar del helado. “¡Puedo comer suciedad si quiero!”, proclamamos haciendo ascos. Lo que es verdad, podemos hacerlo. Pero si lo hacemos nosotros somos los que perdemos. Dios tiene una oferta mejor. Él quiere que seamos como Jesús.

No estás atado a tu personalidad actual

atado photo¿No es esa una buena noticia? No estás atado a tu personalidad actual. No estás condenado a ser un quejumbroso. Eres maleable. Incluso si te has preocupado cada día de tu vida hasta ahora, no necesitas preocuparte el resto de la misma. ¿Qué si has nacido siendo un quema sangres? No tienes porqué morir siéndolo.

¿De dónde procede la idea de que no podemos cambiar? De donde vienen afirmaciones tales como: “Es mi naturaleza preocuparme”. O, “yo siempre seré pesimista. ¡Qué le vamos a hacer! Soy así”.  O, “Tengo un mal temperamento. No puedo controlar la forma en que reacciono”. ¿Quién lo dice? ¿Haríamos afirmaciones semejantes sobre nuestros cuerpos?: “Es mi naturaleza tener una pierna rota, No puedo hacer nada al respecto”. ¡Por supuesto que no!

Si nuestros cuerpos funcionan mal buscamos ayuda. ¿No deberíamos hacer lo mismo con nuestros corazones? ¿No deberíamos buscar ayuda para  nuestras  actitudes  desagradables?

¿Podemos pedir tratamiento para nuestro egoísmo? ¡Por supuesto que podemos! Cristo puede y desea cambiar nuestros corazones. Él quiere que tengamos un corazón como el suyo. ¿Te puedes imaginar algo mejor?


Este artículo fue publicado en Icon of Revista Verdad y Vida OCT-DIC 2015 Leer fácil Revista Verdad y Vida OCT-DIC 2015 Leer fácil pdf [1110 descargas 2.6 MB]  (Reimpreso con el generoso permiso de nuestra revista Face2Face)

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