Reflexiones Trinitarias
Por Rubén Ramírez Monteclaro

graciasDad gracias es el título de un himno que cantamos alrededor del mundo y dice así:

Dad gracias de corazón,
dad gracias al Santísimo,
Dad gracias porque ha dado
a su hijo: Jesús.

Y ahora diga el débil: “fuerte soy”, diga el pobre: “rico soy”
Por lo que hizo el señor por mí.
Dad gracias. Dad gracias.

Gracias, Gratitud, Agradecimiento; son palabras de una misma familia semántica.

La gratitud es una cualidad o un valor que está inherente en el ser humano, puesto en él por el Creador, de tal suerte que su naturaleza es de origen divino.

“El vocablo gratitud proviene del latín: “gratitudo”, formado por dos palabras latinas también: “gratus”, que es sinónimo de agradable y agradecido; y por el sufijo: “tudo”, que equivale a cualidad.

Así que podemos definir gratitud como: el sentimiento que experimenta una persona al estimar un favor o beneficio que alguien le ha concedido. Al sentir gratitud, la persona desea corresponder al favor recibido de alguna manera. El sentimiento de gratitud está vinculado al agradecimiento, que es la acción y efecto de agradecer. Este verbo significa precisamente sentir gratitud”. (Fuente: definición.de).

Así que cuando damos gracias estamos ejerciendo el agradecimiento porque hemos recibido un beneficio. Las palabras: gracias, gratitud, agradecimiento, se han relacionado casi siempre con el conocimiento y acciones de Dios para con la humanidad, de manera que, tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo; se han traducido estas tres palabras:

“A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza” (Daniel 2:23) RV60

“Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído”. (Juan 11:41) RV60

“Surgirán de ellos cánticos de gratitud, y gritos de alegría”. (Jeremías 30:19) RV60

“Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia” (Hebreos 12:28) NVI

“Además, cada mañana y cada tarde se presentaban delante del Señor para entonarle canciones de agradecimiento y alabanza” (1 Crónicas 23:30) NTV

“Dedíquense a la oración: perseveren en ella con agradecimiento (Colosenses 4:2) NVI

En los ejemplos anteriores, nos damos cuenta de que, tanto gracias, como gratitud y/o agradecimiento, se ofrecen y entregan a Dios por las varias razones ahí expresadas. Y es que Dios nos ama tanto que no escatima nada de Él para derramarlo sobre nosotros sus Hijos Amados, porque también Él está lleno de gratitud, expresada del Padre al Hijo y al Espíritu, del Hijo al Padre y al Espíritu, del Espíritu al Padre y al Hijo en una dinámica pericoresis, ahora compartida con la humanidad; así es expresado en Juan 3:16-17 muy claramente: “»Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él”.

Cuando el Espíritu Santo nos revela esta verdad contenida en la escritura antes citada, nos damos cuenta de que, sin merecer absolutamente nada, Dios no toma en cuenta nuestras faltas e imperfecciones y nos colma de toda bendición espiritual en Cristo (Efesios 1:3).

Con la proclamación de esta bendición contenida en su Santa palabra, es más que suficiente para vivir una vida plena de agradecimiento por el gran amor con que hemos sido cubiertos.

Dios en su sabiduría ha diseñado nuestras vidas de tal manera que nos hemos constituido en seres destinados a vivir la eternidad con nuestro Creador y para ello nos ha dado límites en nuestros cuerpos con el propósito de aprender a vivir una vida encarnada a través del Espíritu Santo, así como nuestro hermano Jesús vivió en su tiempo terrenal, dejándonos ejemplo para que gocemos en el futuro de la misma vida que Él está viviendo, con un cuerpo glorioso y en comunión unitrina con el Padre y el Espíritu Santo.

¿Cuánto dura nuestra vida? El tiempo que Él en su infinita potestad nos ha otorgado: “Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara”. (Salmos 139:16).

Cada instante de nuestra vida ya está marcado en el calendario del cielo, hasta que nuestro propósito en la tierra se cumpla, y será hasta que Dios cumpla su propósito en cada uno de nosotros.

El amor de Dios es tan inmenso que no alcanzamos a comprenderlo en su plenitud, pero en su soberanía ha determinado ser uno solo con toda la humanidad, a pesar de todos los argumentos antitéticos que se nos ocurran en nuestra limitación física.

Por tanto, nuestra existencia total (cuerpo, alma y espíritu), debe ser de continua gratitud, no importando nuestras carencias o imperfecciones, Él las conoce todas.

“Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo. No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta”. (Romanos 12:1-2 NTV)

Para hacer realidad esta entrega total, es necesario valorar la magnitud del amor y la gracia de Dios regalada a la humanidad para responder con una vida plena de gratitud, en la confianza y seguridad de que Dios, quien todo lo puede, cumplirá su promesa de transformarnos en seres plenos de su divinidad.

Al iniciar un año más de vida en esta tierra, demos gracias a Dios por su inmenso amor y benevolencia, porque sin que lo merezcamos, Él nos ha demostrado que nos ama sin límites y sin escatimar a su Hijo Amado para que por ese solo sacrificio vivo, todos tengamos la dicha de vivir eternamente en la comunión y relación pericorética con Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Que en este 2014, nuestra prioridad sea la gratitud de nuestro corazón, viviendo cada día tal como nos lo sugiere el apóstol Pablo en Romanos 12:1-2; no se nos olvide que si tenemos problemas, enfermedades u otra tribulación, Dios los conoce de sobra y lo más gratificante es que Él los vive con nosotros mismos, si así lo creemos y aunque no sea así. Su amor es infinito.

Oigamos su amoroso exhorto: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:6-7) RV60

Que este año nuestras palabras favoritas sean: gracias, gratitud y agradecimiento por habernos dado a su Hijo Jesús, en misterio de Dios revelado, quien nos ha hecho ricos y fuertes, como lo cantamos al principio. Feliz año nuevo, en la presencia de nuestro Creador y Amoroso Padre que nos ama por la eternidad.  ◊


Ruben-RamirezRubén Ramírez Monteclaro es profesor de Educación Primaria y Secundaria y Pastor Regional de Comunión de Gracia Internacional en Veracruz, México.

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