Parte I

Por Wilfrido González 

El que no cree en Dios no ora. El que cree en Dios si ora (unos más, otros menos) pero no todos los creyentes oran de la misma manera sino que depende del concepto que tengan acerca de Dios (de cómo ven a Dios). Más aún: El que no cree en Dios vive de acuerdo a sus propios principios morales (o a la falta de ellos), y no ora, mientras que el que si cree en Dios vive de acuerdo a como percibe a Dios y, de acuerdo a esa percepción, así ora: Tal vez ve a Dios como un dios severo e intolerante, o como un dios lejano e indiferente, o realmente como el Dios de amor que se revela a sí mismo en su palabra, y eso se refleja en cómo piensa, en cómo vive y en cómo ora.

Al orar con el enfoque correcto se abre en nuestra mente un canal por el que podemos escuchar a Dios – y no me refiero necesariamente a escucharlo de forma audible sino de muchas otras maneras – y conforme escuchamos a Dios le conocemos mejor y, conforme le conocemos mejor, lo que le decimos en oración va cambiando, al grado de que al orar realmente estamos conscientes de que nuestras oraciones son nuestra respuesta a Dios – a lo que Dios nos revela acerca de sí mismo. Y, conforme le respondemos, su Espíritu se manifiesta más intensamente en nosotros y vamos aprendiendo a acercarnos a Él (a sintonizarnos con Él) y a vivir de acuerdo a su voluntad. La oración es parte fundamental del crecimiento espiritual del creyente: La oración es un ejercicio espiritual por medio del cual Dios nos ayuda a convertirnos más plenamente en sus hijos y a despojarnos de todo aquello que no refleja lo que somos, a despojarnos del pecado que mora en nosotros, porque el pecado en nosotros proclama la mentira de que no somos hijos de Dios.

Lamentablemente muchos creyentes tienen la idea equivocada de que la oración es el medio por el cual podemos conseguir que Dios nos conceda algo que le pedimos. Y el enfoque es en COMO debe ser una oración para que Dios nos responda: Que tu posición al orar sea la correcta (de rodillas, postrado, etc.), que pidas “en el nombre de Jesucristo” (sí, es bíblico y está bien pero no son palabras mágicas), que le recuerdes a Dios sus promesas (como si Dios tuviera mala memoria), que visualices la respuesta, que más personas oren por el asunto (como para aumentar las probabilidades de convencerlo), que tengas suficiente fe (como si Dios tuviera un “medidor de fe”). Pero lo cierto es que muchas veces Dios no nos concede lo que pedimos. ¿Por qué? Una vez oí a alguien predicar: “Si usted no recibe es porque no pide, o porque pide mal” ¡No nos dejó otra opción!

[pullquote]Cuando oramos no lo hacemos desde abajo hacia arriba ni desde fuera de Dios hacia dentro de Dios, sino que al dirigirnos a DIOS en oración ya estamos no solo frente a DIOS sino ¡DENTRO de Él![/pullquote]

Quiero aclarar que no paso por alto el hecho de que la Biblia sí reprende a los “hombres de poca fe”, y exhorta a que tengamos fe “como un grano de mostaza” y “no dudando nada” pero, como se menciona en la serie La Biblia – Regalo de Dios (Parte IV), por Gary Deddo (disponible en Odisea Cristiana en la página web de CGI comuniondegracia.org), necesitamos “interpretar las partes a la luz del todo” y “lo oscuro a la luz de lo claro”. “El todo” y “lo claro” de la Biblia me indican que la respuesta de Dios no depende del que ora sino de Dios mismo, y no podemos refutar este hecho con algunos versículos que parecen contradecirlo.Bueno, los que estudiamos la biblia sabemos que hasta Jesucristo pidió algo que el Padre no le concedió (“que pase de mí esta copa”), y también el apóstol Pablo (que le quitara aquel “aguijón” de su carne). ¿Pidió mal Jesucristo? ¿Pidió mal Pablo? Es obvio que NO pidieron mal pero la respuesta no dependía de que pidieran bien sino de la voluntad del Padre.

Dios no se sujeta a nosotros, Él hace lo que quiere hacer (y todo lo que hace con nosotros es porque nos ama) y lo mejor que podemos hacer es acomodarnos a lo que Él está haciendo en nuestras vidas.

Es necesario entonces ver la oración desde una perspectiva más amplia. Y no veo que haya una perspectiva más amplia o más relevante que la de nuestra inclusión en el Dios trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo). En Efesios 2:6 leemos que Dios “nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús”. Así que estamos (ya, en este momento, y desde que Cristo fue sacrificado y resucitó) “en los cielos con Cristo Jesús”. Esta es una declaración tremenda que da un sentido diametralmente diferente del que tradicionalmente se le da a la oración. Por lo tanto, como punto de partida quiero recalcar que, si no crees esta afirmación de Efesios 2:6 de que todos estamos “en los cielos con Cristo Jesús”, entonces no tiene caso que sigas leyendo porque el mensaje que trato de comunicar no va a tener sentido. Solo recuerda que “los cielos” no es un lugar sino la presencia del Dios omnipresente.

No oramos desde FUERA sino desde DENTRO de Dios

Así que, si el Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre, y nosotros estamos “en los cielos con Cristo Jesús”, entonces nosotros estamos en (dentro de) el Padre y en el Hijo (y todo esto por el Espíritu Santo que mora en nosotros y que procede del Padre y del Hijo) por lo tanto cuando oramos no lo hacemos desde abajo hacia arriba ni desde fuera de Dios hacia dentro de Dios sino que al dirigirnos a Él en oración ya estamos no solo frente a Él sino ¡DENTRO de Él! ¿Qué posibilidades hay de que nos escuche? ¡Hasta la pregunta sale sobrando!

Considera lo que pasaba en el Antiguo Pacto: El pueblo se presentaba ante los sacerdotes con sus ofrendas y con sus oraciones, y los sacerdotes entraban en el Lugar Santo para interceder por el pueblo ante Dios. El pueblo estaba FUERA del Lugar Santo y no podían entrar; mucho menos al Lugar Santísimo, al cual ni aun los sacerdotes podían entrar sino solo el sumo sacerdote, y solo una vez al año. Pero cuando Cristo murió el velo del templo fue rasgado (Marcos 15:38) como una señal visible de que en Cristo a la humanidad se le había otorgado entrada al Lugar Santísimo – a la presencia misma del Padre. Ya no sería necesario un sumo sacerdote carnal porque Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote, nos ha llevado con Él ante el Padre.

Así que consideremos el contraste entre dos imágenes (abajo) que ilustran esta verdad. Una nos muestra a una persona postrada en oración dirigiéndose al Padre que está ARRIBA, muy alto, en el cielo. La otra imagen nos muestra a la persona adorando a Dios en el centro de un círculo formado por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Está en medio de Dios, está DENTRO de Dios. Y el Padre lo puso allí “con Cristo Jesús” y todo fue llevado a cabo por el Espíritu Santo que procede de ambos.

LA IDEA COMÚN – ¡EQUIVOCADA! LA IDEA COMÚN – ¡EQUIVOCADA! LA REALIDAD – EFESIOS 2:6 LA REALIDAD – EFESIOS 2:6

Y aun la segunda imagen refleja la realidad solo de manera limitada porque Jesús dijo: «Si alguien me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada.” (Juan 14:23). Pero ningún dibujo puede ilustrar plenamente esta realidad – Dios morando dentro de nosotros y nosotros dentro de Él.

 


Wilfrido GonzalezWilfrido González vive en Tijuana, México, es pastor asistente de las congregaciones de la Comunión de Gracia Internacional en Mexicali y Tijuana, México.Así que cuando oras estás hablando con Dios ¡desde DENTRO de Él, mientras que Él también está DENTRO de ti! ¿No es este el mejor inicio para acercarnos “confiadamente al trono de la gracia” (Hebreos 4:16)?


Este artículo es el primero de una serie de cuatro acerca de la oración. Fue publicado en la Icon of Revista Odisea Cristiana No. 51 - Abril 2015 Revista Odisea Cristiana No. 51 - Abril 2015 pdf [976 descargas 2.3 MB]


La Oración: Escuchar y Responder a Dios

  1. La Oración: Escuchar y Responder a Dios - Parte I
  2. La Oración: Escuchar y Responder a Dios - Parte II
  3. La oración: Escuchar y Responder a Dios - Parte III
  4. La Oración: Escuchar y Responder a Dios - Parte IV

 

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