5 panes y dos peces

Por Wilfrido González

En las partes II y III de esta serie reflexionamos sobre los elementos de la oración: Agradecimiento, adoración, confesión y petición. Consideremos ahora como al orar podemos escuchar a Dios, y que Dios siempre está activo en nuestras vidas – aun antes de dirigirnos a Él en oración.

La oración es para aprender a ESCUCHAR a Dios

Bueno, ya lo mencioné en el contexto de otros puntos pero quiero enfatizarlo: Dios siempre está con cada uno de nosotros “todos los días” (Mateo 28:20) y escucha todo lo que decimos (y “escucha” hasta lo que pensamos), así que cuando venimos a Él en oración entendiendo este hecho no es para tratar de que nos escuche sino para aclarar nuestra mente y dejar que su Espíritu nos “hable”. Si le damos gracias, le adoramos y alabamos, en confesión reconocemos lo que somos (hijos suyos, pecadores perdonados y amados por Él), y de corazón le pedimos que nos ayude a entender su voluntad para nuestras vidas entonces empieza a ocurrir algo que nos puede parecer mágico (pero que en realidad es divino): Gradualmente, conforme nos ejercitamos en la oración, escuchamos (percibimos, captamos, entendemos) a Dios: Su Espíritu Santo nos recuerda pasajes de la Biblia, nos recuerda experiencias que nos enseñan alguna lección espiritual, su amor se empieza a manifestar más intensamente en nosotros (reflejándose hacia nuestro prójimo), empezamos a entender mejor la “profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios” (Romanos 11:33) porque “Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios” (1 Corintios 2:10), empezamos a conocer mejor a Dios, ¡aprendemos a ver las cosas desde su punto de vista!

Entonces en lugar de comenzar nuestras oraciones diciendo cosas como “¡Señor, ya no lo soporto!” “¿Por qué a mí, Señor?” o “¿Por qué no me ayudas?” más bien comenzaremos con “te agradezco”, “bendito seas” o “reconozco…” ¿Puedes ver el contraste? Y Dios dice: Y sucederá que ANTES QUE ELLOS CLAMEN, YO RESPONDERÉ; aún estarán hablando, y Yo habré oído (Isaías 65:24). ¿Cómo es posible que Dios responda antes de que clamemos a Él?

Así funciona: Dios quiere hacer algo en tu vida (o en la de alguien más), entonces Él te inspira a pedirle eso que Él quiere hacer (su voluntad), tú lo “escuchas” y se lo pides, ¡y Él ya tiene la respuesta porque eso era lo que Él quería hacer!

Cuando le traes un asunto a Dios en oración ya Dios estaba trabajando en el asunto ¡desde antes de que tú pensaras en orar al respecto! ¡Nunca le traes nada nuevo para El! ¡Eso es maravilloso y reconfortante! Y Él ya sabe lo que va a hacer, y puede ser o no ser como lo pediste pero, como sea, será lo mejor para ti. Así que Dios inicia el proceso, si lo escuchamos entonces RESPONDEMOS a Dios en oración.

Oramos porque creemos en Dios, y si creemos en Dios es porque Él se dio a conocer a nosotros por algún medio – El inició el proceso porque “no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26). Descansemos en esa realidad – que Él fue quien nos inspiró a orarle – y no nos preocupemos tanto de que nuestra oración esté bien articulada; más bien despejemos nuestras mentes… y tratemos de escucharle. Y “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará [nuestros] corazones y [nuestras] mentes en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).

Dios siempre está activo en nuestras vidas

Amigo lector, Dios tiene un plan para tu vida, ¡y es algo bueno! “Porque yo sé los planes que tengo acerca de vosotros”, declara el Señor, “planes de bienestar, y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11). Sin importar que tan “adecuada” sea tu oración Él está obrando en tu vida, en tu santificación, porque te ama y lo seguirá haciendo a pesar de tus imperfecciones. Dios ya hizo algo por ti: Te rescató por medio del sacrificio de su Hijo y te bautizó (sumergió) en Él. Pero allí no termina su trabajo sino que Él sigue trabajando en ti, en tus seres queridos, en todos sus hijos amados. Entonces ¿para qué oramos? Para sintonizarnos con Él, para descubrir (por el Espíritu Santo) qué es lo que Dios está haciendo en nosotros, y trabajar con Él, y no correr a la deriva o en contra de Él pues aunque Él tiene buenos planes para nosotros no nos va a obligar a cumplirlos. Por eso necesitamos orar para que nos ayude a ceder a su voluntad. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas (Proverbios 3:6).

Cristo perfecciona nuestras oraciones

En la víspera de su muerte Jesucristo llevó a Pedro, a Jacobo y a Juan al monte de los olivos y les pidió que velaran con Él mientras Él oraba en medio de su mortal angustia. Pero después de un rato ellos estaban profundamente dormidos. Jesús necesitaba el apoyo emocional de sus apóstoles pero no se lo dieron. Aun así Jesús hizo no solo su parte sino la parte que correspondía a ellos – el llevó la carga solo (bueno, digamos que llevó la mayor parte porque por lo menos sabía que Pedro, Jacobo y Juan estaban allí, y ellos intentaron velar como Jesús les pidió pero no pudieron). Jesucristo ora con nosotros y hace por nosotros lo que nosotros no podemos hacer: El ora por nosotros perfeccionando nuestras oraciones y presentándolas al Padre como nuestro Sumo Sacerdote.

Como cuando les dijo a los discípulos que le dieran de comer a la multitud pero ellos le dijeron que solo tenían cinco panes y dos peces, lo cual era inadecuado para la necesidad a suplir. Pero entonces Jesús tomó lo que tenían (que era inadecuado), lo presentó al Padre y lo bendijo, y después se los regresó a los discípulos pero ahora ya era adecuado (Mateo 14:16-21).

De la misma manera, generalmente nuestras oraciones son inadecuadas porque “no sabemos” qué debemos pedirle a Dios (Romanos 8:26) pero Jesucristo, por medio del Espíritu Santo, toma nuestras oraciones, las bendice (las perfecciona) y las presenta al Padre, y luego nos las regresa perfeccionadas y nos da la seguridad de que el Padre ha escuchado y que tiene el asunto en sus manos.

[pullquote]La oración no es para convencer a Dios de que nos conceda lo que le pedimos sino para sintonizarnos con Él, conocerle mejor y entender su voluntad.[/pullquote]

La oración eficaz

El apóstol Pablo menciona en Santiago 5:16 que “la oración eficaz del justo puede lograr mucho”. Y muchos han interpretado eso como que si crees sin dudar nada ¡Dios te dará cualquier cosa que pidas! Pero considerando todo lo anterior entendemos que no se trata de eso. Una oración eficaz es aquella en la que uno se presenta a Dios con gratitud, con adoración, con confesión y pidiéndole que le muestre su voluntad. Ese tipo de oración conforme uno se ejercita en ella de manera consistente ¡ciertamente puede lograr mucho! Por medio de ella Dios puede transformar tu vida y convertirte en un adorador “en espíritu y en verdad”, un adorador que está en sintonía con Dios, un adorador que conoce a Dios y cuya vida se desarrolla en torno a Él, un adorador en el que el Espíritu Santo fluye abundantemente y manifiesta los frutos del mismo, un adorador que refleja a Jesucristo, un adorador que toca las vidas de los que lo rodean y es bendición para ellos porque les sirve, un adorador que con sus obras y con sus palabras lleva buenas noticias (Evangelio). Y si Dios no te concede algo específico que le pediste entenderás que no era su voluntad (que no fue falta de fe o que no se lo hayas pedido de manera “correcta”), y aceptarás su voluntad, tomando ese “no” como una experiencia que te ayude a conocerle mejor, y seguirás aprendiendo a vivir conforme a su voluntad. ¡Todo eso puede lograr la oración eficaz del justo! Y aclaro que “justo” es aquel que ha sido justificado por la sangre de Jesucristo pues nadie es justo por sus propias obras.

CONCLUSION

Padre amoroso: Te agradezco de corazón el haberme permitido plasmar por escrito y publicar lo que he aprendido acerca del propósito de la oración. Gracias por mis maestros por medio de los cuales Jesucristo me da a beber de tu palabra. Bendito seas porque en tu grandeza te humillas a comunicar tu palabra a través de débiles mortales como este siervo tuyo a quien, como a todos mis hermanos, has adoptado como hijo. Te ruego que me ayudes a conocerme mejor, a conocerte mejor y a cumplir tu voluntad en mi vida.

Bendice a los lectores para que tu Espíritu les permita recibir el mensaje filtrándolo de los errores e imperfecciones que yo no haya detectado.

Qué sublime paz el saber que la oración no es para convencerte de que nos concedas lo que te pedimos sino para sintonizarnos contigo, conocerte mejor y entender tu voluntad, que oramos desde dentro de ti, dentro de tu Hijo y dentro de tu Espíritu Santo.

Cuánto me ayuda el entender que mi comunicación contigo sirve para darte gracias, para adorarte, alabarte y bendecirte, y para humillarme en confesión de modo que mi corazón esté receptivo a tu presencia, y para aprender más y más a pedirte conforme a tu voluntad y no a la mía.

Qué reconfortante es saber que siempre estás activo en nuestras vidas por medio de Jesucristo viviendo en nosotros por tu Espíritu; que tú inicias nuestras oraciones, que Jesucristo mismo las perfecciona y las presenta ante ti, y que en este proceso tú nos transformas para que nuestras vidas reflejen cada vez más que somos hijos tuyos.

Te ruego que nos sigas enseñando a orar, a escucharte con humildad y a responderte viviendo de acuerdo a tu voluntad para disfrutar las bendiciones de tu presencia desde ahora y para siempre en tu reino. En el nombre de Jesucristo amen. †

Este artículo es el cuarto y último de esta serie acerca de la oración.

5 panes y dos peces


La Oración: Escuchar y Responder a Dios

  1. La Oración: Escuchar y Responder a Dios - Parte I
  2. La Oración: Escuchar y Responder a Dios - Parte II
  3. La oración: Escuchar y Responder a Dios - Parte III
  4. La Oración: Escuchar y Responder a Dios - Parte IV

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Revista Odisea Cristiana – Agosto 2015

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