Viva la independencia

En este mes de septiembre, en México y Centroamérica se celebra la independencia social y política de los países de la región. En México la celebramos los días 15 y 16 y en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, se hace el día 15. El hecho de que varios países centroamericanos y México celebren su independencia en la misma fecha es porque cuando se firmó el documento oficial de emancipación el 24 de agosto de 1921 en la ciudad de Córdoba, Veracruz y posteriormente establecerse la primera forma de gobierno, imperial, con Agustín I al frente; el Imperio Mexicano marcaba sus límites desde los Estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas, hoy en la Unión Americana; hasta la frontera entre Costa Rica y Panamá. (Como se observa en la figura)

Centroamerica igualaEsta fecha marca el inicio de una época donde los países toman sus propias decisiones políticas, tienen una bandera que simboliza la personalidad de cada nación y un himno que plasma la historia pasada y un futuro mejor.

Cada país tiene entre sus hijos un personaje que ostenta el título de héroe, destacando, en México, Miguel Hidalgo y Costilla, en Venezuela, Simón Bolívar y en Argentina, José de San Martín, entre otros.

Gracias a sus acciones, Simón Bolívar ostenta el título de “El Libertador de América”.

Estos hechos históricos son importantes porque nos muestran la identidad y la personalidad de los pueblos. Los ideales de los libertadores son de todo el pueblo.

Es importante subrayar el hecho de que los movimientos libertarios fueron la culminación social e histórica del despertar ideológico de “La Ilustración” y el “Enciclopedismo”, conocido como el liberalismo del Siglo XIX.

Para que se diera este movimiento liberador hubo personas dispuestas a sacrificar su vida por el ideal liberal, que pasaron su vida entre los intelectuales de la época, lejos de su patria, para después alimentar a otras personas que llevaron a cabo los movimientos, entre los que destacan: Fray Servando Teresa de Mier, mexicano nacido en Monterrey, Nuevo León, México y Francisco de Miranda, nacido en Caracas, Venezuela; conocidos como los precursores del movimiento emancipador de América Latina.

Todos estos acontecimientos los encontramos en los libros de la historia de la humanidad; sin embargo, hay un hecho libertario que no se encuentra en ningún libro de autoría humana. Existe un libertador que no ve fronteras, ni políticas, ni ideológicas. Este hecho libertario tuvo lugar hace aproximadamente dos mil años de conteo humano, pero su planeación tuvo lugar mucho antes de la creación del mundo. Su acción libertaria tiene dimensiones cósmicas; sobrepasa las fronteras de la tierra, el cosmos y los lugares celestiales.

Nuestro gran libertador es el Señor Jesucristo, es Dios mismo convertido en un ser humano. Él conoce nuestras necesidades, tanto físicas, como espirituales, emocionales, etc.; y así como los pueblos libertados, nosotros vivíamos oprimidos, cautivos, prisioneros bajo el dominio del pecado y de la muerte.

La lucha de nuestro libertador no se basó en ideales liberales, sino en principios sustentados en el amor divino, un amor que sobrepasa las fronteras de nuestra imaginación y comprensión: el amor de los unos por los otros.

De la misma manera que el movimiento libertador de América tuvo precursores, el movimiento de nuestro Libertador también los tuvo. Son conocidos como profetas cuyas prédicas nos han sido legadas a la posteridad y materializadas en el Antiguo Testamento. El último de los precursores de Jesús se llama Juan el bautista.

Así como los héroes libertarios tuvieron muchos seguidores dispuestos hasta dar la vida por el ideal, así nuestro caudillo tiene muchos seguidores dispuestos a dar la vida física porque nos ha prometido un país, unas leyes y un gobierno que durará por siempre. Tenemos una bandera: la del amor de los unos por los otros y tenemos un himno, que nos hace cantar llenos de alegría “Santo, santo, santo” (Apocalipsis 4:8). El gobierno de nuestro libertador trasciende las fronteras terrenales, también gobierna el cosmos con todas sus manifestaciones y el cielo con todos sus habitantes.

Nosotros no celebramos nuestra independencia un día al año; la celebramos todos los días junto con nuestro libertador, porque Él vive en nosotros y nosotros en Él.

Nuestro libertador es digno de confianza porque nunca cambia: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8)

Si usted se siente gozoso celebrando la independencia de su país, un país que tal vez con el tiempo ya no sea el mismo, entonces debe sentirse mucho mejor celebrando nuestra independencia para siempre, libres de la opresión y el dominio del pecado y la muerte.

Nuestro caudillo también está llevando a cabo todos los días una lucha y nosotros con Él. Tenemos guerra con un enemigo que no es físico, pero sí, real; por eso nuestro adalid nos recomienda estar siempre vestidos para la batalla diaria, portando con orgullo y decisión nuestra bandera, entonando nuestro himno, vestidos con las mismas ropas de nuestro Rey y portando la armadura (Efesios 6:10-18) y “las armas de nuestra milicia, (que) nos son carnales, sino poderosas en Dios” (2 Corintios 10:4)

Aunque tenemos una lucha diaria, nuestro rey la pelea con nosotros con la fuerza de su palabra, con el amor del Padre y con la protección e inspiración del Espíritu Santo.

Los invito a celebrar nuestra independencia que es para siempre, viviendo en la misma presencia del rey y con toda la familia, siendo un solo ser.

Nuestro enemigo ha sido vencido.

Nuestro rey gobierna.

Las leyes de nuestra nueva nación están basadas en el más puro amor.

Nuestra bandera es la de la libertad y el amor de los unos por los otros.

Nuestro himno nacional lo cantamos día y noche con voz fuerte; “Santo, Santo, Santo”.

¡Que viva nuestra independencia! ◊

Viva la independencia


Lea más reflexiones trinitarias:

Escribe tu comentario:

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.