Un buen viernes santo

Mientras preparábamos este número de Odisea Cristiana, tuvimos noticias de las zonas inundadas de Australia, del terremoto en Christchurch, Nueva Zelanda y luego el noreste de Japón fue devastado por un terremoto que fue 8 mil veces más fuerte que el de Nueva Zelanda, seguido por un tsunami con inundaciones que, aunque no tan extensas como las de Australia, fueron mucho más destructivas. Y esta misma mañana, la noticia de otro terremoto en Myanmar.

Sé que la muerte es parte de la vida, pero momentos como estos de verdad nos hacen pensar en todas sus implicaciones.

Siempre supe que este año traería un aleccionador recordatorio de mi propia mortalidad, eso es porque cumplo 70 el 22 de abril. Pero no había previsto tantos casos de desastre en tantos lugares. Como todos, sé que la muerte es parte de la vida, pero en momentos como estos nos hacen pensar en la muerte y todas sus implicaciones.

Llegar a la edad de 70 años es preocupante en sí mismo. El salmo 90 nos recuerda que «vivimos setenta años o menos», y agrega que «con suerte podríamos llegar a ochenta» (Salmo 90:10-11 Biblia El Mensaje). Hoy en día, llegar a 80 ya no es inusual, al menos en los países desarrollados.

Yo solía pensar que alguien de 70 años era muy viejo. Recuerdo cuando pensaba que alguien de 40 años era muy venerable. Ahora mis hijos tienen esa edad, y todavía son «mis niños». No obstante, llegar a los 70 pone la vida en una nueva perspectiva sobria. Según la Biblia, el 22 de abril llego oficialmente a la sala de espera, aunque parece que el vuelo se ha retrasado.

Pero no fue sino hasta que miré en mi calendario del 2011 que me di cuenta con sorpresa que mi cumpleaños 70
coincide con el Viernes Santo, día en que la mayoría de los cristianos conmemoramos la muerte de Jesús.

La coincidencia fue a la vez interesante y reconfortante. La muerte y resurrección de Jesús, por supuesto, altera todo. Por un lado, redefine completamente la muerte. La muerte todavía nos puede llevar, pero ya no puede sostenerse en nosotros, porque el Hijo de Dios asumió la muerte en sí mismo y la destruyó, nos dice 2 Timoteo 1:10, con su resurrección y vida.

Las palabras: «Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna» adquieren un nuevo significado cuando tu cumpleaños número 70 coincide con el Viernes Santo, así como los anuncios en la sala de espera atraen la atención de los que esperan el avión.

Curiosamente, el 22 de abril también es el Día de la Tierra, que tiene la intención de inspirar conciencia y aprecio por el medio ambiente natural de la tierra. Para los cristianos, es un recordatorio de que somos mayordomos de la creación para cuidar de ella. No hemos hecho un trabajo muy bueno, y el medio ambiente está dando muestras de nuestra mala administración. Pero una vez más, Dios no nos ha abandonado. Es bueno que el Día de la Tierra y el Viernes Santo coincidan. Porque Dios se complace en tener toda su plenitud habitar en él, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las cosas en la tierra o las cosas en el cielo, haciendo la paz por su sangre, derramada en la cruz» (Colosenses 1:19-20).

De una forma u otra, el 22 de abril de 2011, es un recordatorio de que aún en medio de la muerte y la destrucción hay una buena noticia, no sólo para este nuevo septuagenario, sino para todos y todo.

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