Tú le perteneces, estás incluido, y le importas

Jesús no vino solamente para perdonar nuestros pecados, él vino a sanar nuestra naturaleza pecaminosa y hacer una nueva creación de nosotros. Él no nos obliga a aceptar su amor, sino porque él nos ama tanto, su deseo ferviente es que nos volvamos a él, y encontremos la verdadera vida.

Jesús nació, vivió, murió, resucitó y ascendió a la diestra del Padre como Señor y Salvador y Mediador, que purifica los pecados de la humanidad. Pero no dejó de ser humano. Él sigue siendo plenamente Dios y plenamente humano. Él es nuestro abogado, nuestro representante y sustituto a la diestra del Padre. Como el apóstol Pablo escribió en 1 Timoteo 2:4-6, «Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien se entregó como rescate por todos…»

Dios ha declarado en Cristo que tú le perteneces a él; que estás incluido; que le importas. Nuestra salvación viene a través de la perfecta voluntad del Padre, quien está invariablemente comprometido en incluirnos en el gozo y el compañerismo que comparte con el Hijo y el Espíritu.

Cuando estás en Cristo, estás incluido en la comunión y la alegría de la vida del Dios trino. Esto significa que el Padre te recibe y tiene comunión contigo como lo hace con Jesús. Esto significa que el amor que Dios de una vez por todas demostró en la encarnación de Jesucristo, es nada menos que el amor que el Padre siempre te tuvo y siempre te tendrá. Es por eso que la vida cristiana es principalmente el amor.

El Dr. Joseph Tkach, presidente de Comunión Internacional de la Gracia, ofrece en su programa “Hablando de la Vida”, una perspectiva bíblica sobre cómo vivimos en la luz del amor de Dios.


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