Que no se desperdicie nada


Por Joseph Tkach

Jesús vio una gran multitud que venía hacia Él, y le dijo a Felipe: “¿Dónde vamos a comprar suficiente pan para toda ésta gente?” Jesús ya sabía lo que Él iba a hacer, pero hizo la pregunta porque quería que Felipe pensara sobre ello y aprendiera algo de ello (Juan 6:5, 6, mi paráfrasis en todo el artículo). Juan incluyó éste relato para que nosotros también pudiéramos pensar sobre ello y aprender algo de ello.
Significancia espiritual
Adelantémonos en el relato para que podamos ver qué es lo que Jesús ya sabía que pasaría. Él milagrosamente alimentó a la gran multitud y ellos más tarde le pidieron a Jesús que probara que Él era el Mesías (v. 30). Jesús les dijo: “Mi Padre les da a ustedes el verdadero pan del cielo—pan que da vida al mundo” (vv. 32, 33).
Ellos dijeron, “Bueno, entonces, danos algo de ese pan” (v. 34). La respuesta de ellos fue como la de la mujer samaritana en el pozo: Cuando Jesús le dijo que Él tenía agua que da vida eterna, ella dijo, “dame un poco” (Juan 4:15), y finalmente Jesús le dijo que Él estaba hablando acerca de Sí mismo.
En Juan 6, Jesús también revela que Él está hablando acerca de Sí mismo: “Yo soy el pan de vida—el que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree nunca más tendrá sed” (v. 35). Jesús es el pan que bajó del cielo para dar vida al mundo. Así como el pan es alimento para nuestra vida física, así Jesús es la fuente de vida y energía espirituales. El milagro de alimentar a una gran multitud apuntaba hacia una verdad espiritual, y ese es el por qué Jesús lo hizo, y ese es el por qué Él quería que Felipe pensara sobre ello, y ese es el por qué Juan nos relata la historia. Jesús hizo muchos milagros que Juan no incluyó en su libro, pero Juan incluye ciertos milagros para ayudarnos a tener fe en Jesús (20:30, 31) —no sólo para creer que Jesús hizo ciertas cosas en el pasado, sino para que le confiemos nuestro futuro eterno. Los milagros son señales que nos llevan hacia la significancia espiritual de Jesús. Veamos el relato otra vez.
Juan nos dice que era casi la Pascua (v. 3). El pan era una característica importante de la temporada pascual, pero Jesús está revelando que la salvación no viene del pan físico, sino de Jesús mismo. Jesús le preguntó a Felipe: “¿Dónde vamos a comprar pan para ésta gente?” Y Felipe respondió: “Nos tomaría (cerca de) 5 mil dólares comprar suficiente pan para esta multitud” (v. 7). Andrés no especuló acerca del precio, pero debió haber sido bueno con los niños. Ya se había hecho amigo de un muchachito y sabía que él llevaba un poco de comida extra. “Éste muchachito tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿verdad que eso no alcanza para mucho?” Quizás él estaba esperanzado en que hubiera algunos muchachitos más entre la multitud que habían tenido la precaución de traer comida.
Jesús dijo: “Eso es suficiente, hagan que se sienten todos. Así que todos se sentaron. Jesús dio gracias a Dios por los alimentos y distribuyó a todos tanta comida como ellos quisieron (v. 11). Era una gran multitud—más grande de lo que son algunos pueblos hoy— y la gente empezó a hablar entre sí misma: “Seguramente éste es el profeta” (v. 14).
Ellos pensaban que Jesús era el líder que Moisés había predicho (Deut. 18:15-19) —y sin embargo, irónicamente, ellos no estaban dispuestos a escucharlo. Querían hacerlo rey a la fuerza—forzarlo a aceptar la idea de ellos sobre lo que debía ser un Mesías—en vez de permitir que Jesús hiciera lo que Dios lo había enviado a hacer.
Cuando todos comieron lo suficiente, Jesús dijo a los discípulos: “Recojan los pedazos que sobraron, para que no se desperdicie nada” (Juan 6:12). ¿No le suena esto a usted un poco raro? ¿Por qué quería Jesús que recogieran todas las sobras? ¿Por qué no dejar que la gente se quedara con las sobras? o ¿dejar que las sobras fueran comida para los pájaros y las ardillas?
Juan nos dice que los discípulos recogieron 12 canastas llenas de sobras—pero después él ya no dice nada acerca de lo que ellos hicieron con todas aquellas sobras. Pienso que hay algo que está pasando detrás de todo esto. ¿Qué hay en la esfera espiritual que Jesús no quiere que se desperdicie? Pienso que Juan nos da una pista más adelante en el capítulo.
Caminando sobre el agua
Los discípulos tomaron una barca para regresar a casa—pero dejaron a Jesús abandonado ahí, sin ninguna otra barca que lo pudiera llevar (vv. 17, 22). Juan no indica que algo estuviera fuera de lo común con esto, por lo que yo concluyo que los discípulos a menudo dejaban sólo a Jesús, probablemente porque Jesús quería algunas veces que lo dejaran sólo. Sin duda, Él necesitaba algo de tiempo a solas para orar. (Como algo adjunto podría  señalar que esto también es cierto para los pastores hoy—ellos necesitan algo de tiempo a solas, aunque siempre habrá personas que quieran más del tiempo de ellos).
Hasta donde yo sé, Jesús no tenía ninguna prisa. Él podía haber caminado de regreso al pueblo por los caminos que iban alrededor del lago. O Él podía haber esperado otra barca, como lo hicieron otras personas (v. 23). Pero Él caminó sobre el agua, aparentemente para establecer un punto espiritual.
En Mateo, el punto espiritual es la fe, pero Juan no dice nada acerca de Pedro caminando sobre el agua, hundiéndose y siendo salvado por Jesús. Lo que Juan nos dice es que cuando los discípulos recibieron a Jesús a bordo, “en seguida la barca llegó a la orilla adonde se dirigían” (v. 21). Ésta es la característica del relato que Juan quiere que notemos.
Si Jesús podía hacer tele-transportación, ¿por qué necesitaba caminar sobre el agua? ¿Por qué no sólo transportarse adonde quería ir? ¿Cuál es el punto? Usted podría tener una mejor idea, pero aquí está la mía: El relato nos dice que Jesús no está limitado por las circunstancias físicas, y tan pronto como aceptamos a Jesús, ya estamos espiritualmente en nuestro lugar de destino. Puede no parecerlo, pero Jesús no está limitado por las apariencias físicas. Espiritualmente, la realidad ya está puesta, ya está hecha.
El pan de vida
La gente buscó otra vez a Jesús, buscando otra comida gratis, pero Jesús, por el contrario, los animó a buscar la comida espiritual: “Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna” (v. 27). Jesús les dijo: “la cual les dará el Hijo del hombre”, pero en vez de pedir éste regalo, ellos preguntaron qué es lo que debían hacer (v. 28). Pidieron las obras en vez de la gracia.
Ellos preguntaron: “¿qué es lo que Dios quiere que hagamos?”, queriendo ellos llenar los requisitos de la edad mesiánica. Jesús les dijo: “Dios quiere que ustedes crean en la persona que Él envió” (v. 29). La edad mesiánica ya ha empezado, así que no trate usted de ganar su entrada al reino—sólo confíe en Jesús y estará adentro. ¡Sólo dé ese único paso y usted estará ahí!
La gente se preguntó: ¿Realmente puede ser así de fácil? Ellos pidieron evidencia— ¡como si alimentar a 5,000 personas no hubiera sido suficiente! Dijeron: “¿qué señal milagrosa harás para que podamos creerte?” Como un ejemplo de milagro que ellos podrían estar dispuestos a creer, y en referencia a la temporada pascual, mencionaron el milagro del pan asociado con el éxodo—Moisés les dio el maná (pan del cielo) para comer. Algunos judíos pensaban que Dios proveería el maná también en la edad mesiánica.
Pero Jesús dijo que el verdadero pan del cielo no alimenta sólo a los israelitas— ¡da vida al mundo! (v. 33).  Ellos dijeron: “dánoslo”, probablemente queriendo examinarlo para ver si llenaba los requisitos de ellos. Jesús contestó que Él era el pan del cielo, la fuente de vida eterna para el mundo.
La gente había visto a Jesús realizar señales milagrosas, y aun así, no creían en Él (vv. 33-36), porque Él no llenaba los requisitos de ellos para ser un Mesías. ¿Por qué algunos sí creyeron y otros no? Jesús lo explicó como la obra del Padre: “Todos los que el Padre me da vendrán a mí”. Él repite ésta idea en los versos 44 y 65:“Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió…a menos que se lo haya concedido el Padre”.
Una vez que el Padre hace eso, ¿Qué hace Jesús? Él nos dice Su función al mencionar: “no lo rechazo” (v. 37). Quizás la persona pueda retirarse por sí misma, pero Jesús nunca la hará retirarse. Jesús quiere hacer la voluntad el Padre, y la voluntad del Padre es que Jesús no pierda ninguna de las personas que el Padre le ha dado (v. 39). Jesús no permite que nadie se desperdicie.
Puesto que Jesús no pierde ninguna persona, Él promete resucitarlas en el día final (v. 39). Esto está repetido en los versos 40, 44 y 54. Jesús enfatiza que la persona que cree en Él tiene vida eterna (vv. 40, 47).
¿Comer Su carne?
Jesús también dice que las personas que comen Su carne y beben Su sangre tienen vida eterna (vv. 51, 53-56). Así como Él no se refirió a lo que está hecho de trigo cuando se llamó a Sí mismo el pan verdadero, así tampoco se refirió a la masa muscular cuando habló de comer Su carne.
Algunos de los judíos se preguntaban: “¿Cómo puede éste hombre darnos a comer Su carne?” (v. 52), pero en el evangelio de Juan, con frecuencia es un error tomar las palabras de Jesús en un sentido literal. Por ejemplo, Nicodemo preguntó: “¿Cómo puede la gente entrar por segunda vez en el vientre de su madre y volver a nacer?” (3:4). Similarmente, la mujer samaritana dijo: “dame de esa agua viva para que no tenga que regresar a éste pozo” (4:15).
Ellos se aferraron al sentido literal, pero el relato muestra que Jesús se refirió a algo espiritual. Aquí en el capítulo 6, Jesús dijo: “la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida” (v. 63). Jesús no está elaborando un punto acerca de Su masa muscular—Él está hablando acerca de Sus enseñanzas.
Y Sus discípulos parecen entender el punto. Cuando Jesús les pregunta si ellos quieren marcharse, Pedro responde: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (v. 68). Pedro no estaba preocupado por tener acceso a la carne de Jesús—él se enfocó en las palabras de Jesús. El mensaje consistente del Nuevo Testamento es que la salvación se experimenta a través de la fe, no a través de comidas o bebidas especiales.
Del cielo
Jesús repite varias veces un mismo punto en éste capítulo: que Él es del cielo (vv. 33, 38, 41, 42, 46, 50, 51, 58, 62). La razón por la que la gente debe creer en Jesús es porque Él ha descendido del cielo. Él es absolutamente confiable, porque no sólo tiene un mensaje del cielo, sino que Él mismo es del cielo.
A los líderes judíos no les gustaba ésta enseñanza (v. 41), y tampoco algunos de los discípulos de Jesús podían aceptarla (v. 66) —incluso después que Jesús dejó en claro que Él no estaba hablando acerca de Su carne literal, sino que Sus palabras mismas eran la fuente de vida eterna. Ellos tenían problemas con que Jesús afirmara venir del cielo—y por lo tanto, que era más que humano.
Pero Pedro sabía que no tenía ningún otro lugar adonde ir, porque sólo Jesús tenía palabras de vida eterna (v. 68). ¿Por qué sabía él que sólo Jesús tenía éstas palabras? Porque sólo Jesús es “el Santo de Dios” (v. 69). Esa es la razón por la que Sus palabras son confiables; esa es la razón por la que Sus palabras son espíritu y vida. Creemos en Jesús no sólo por lo que Él dice, sino por Quién es Él. No lo aceptamos debido a Sus palabras—aceptamos Sus palabras debido a Quién es Él.
Puesto que Jesús es el Santo de Dios, podemos confiar en que Él hará lo que dice que hará: No perderá a nadie, sino que Él nos resucitará a todos en el día final (v. 39). Incluso las sobras serán recogidas, para que nada se desperdicie. Esa es la voluntad del Padre, y eso es algo en lo que vale la pena pensar.

Escribe tu comentario:

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.