rosa photo
Por Kerry Gubb

No falta mucho, dice la enfermera.

No puedo decir que me sentiré triste cuando suceda. No quiero morir.

Yo no pedí que este miserable cáncer consumiera mi vida e inundara mi cuerpo de dolor.

Tanto dolor.

Demasiado.

Hacen lo posible por disfrazar este olor a muerte que me envuelve, pero sin resultados. Siento asco de mí.

Sufro terriblemente.

Tanto dolor.

Demasiado.

Hacen lo que pueden por aligerarlo, pero las drogas me dejan atontada e incoherente.

Lo que estoy pensando, ¿Será un hilo de conciencia o estoy  apareciendo y desapareciendo, como he hecho desde hace semanas ?

No falta mucho, me dicen.

Bien.

No quiero morir, pero no puedo soportar esto por más tiempo.

En las primeras etapas esperé un milagro que nunca sucedió. Así que ya he llevado mi duelo de este lado de la muerte. No quiero dejar a los que amo. Aún ahora, ellos todavía esperan un milagro. No falta mucho y los habré dejado. Y su esperanza de un milagro madurará en duelo a mi muerte. He pensado algunas veces que es más duro morir en fe que ser rescatado por un milagro.

“No falta mucho” estoy segura.

Toda mi vida he odiado y temido a este enemigo llamado muerte.

Al igual que todos.

Pero de cara a todo este dolor y sufrimiento, el pensamiento de “no falta mucho” es casi un alivio, una irónica fuente de esperanza.

Es difícil pensar con claridad cuando se sufre. Hay mucho en mi mente y en mi corazón acerca de lo que hay más allá de la tumba. He caminado con Dios durante algún tiempo. Aún ahora, mientras estoy acostada e indefensa en el valle de la sombra de muerte, el Maestro toma mi mano en la suya.

Una cosa es imaginar este momento inevitable cuando se está joven y sano, y otra muy diferente ahora que ha llegado. Ahora estoy por descubrir la verdad o la falacia de todo lo que he aprendido al caminar con Él.

Está aquí.

Lo puedo sentir.

En la esquina se yergue una rosa de largo tallo, traída por una amiga.

Tan hermosa.

Me concentraré en ella mientras me quedo inconsciente de nuevo.

Tan hermosa…

Mientras me quedo inconsciente otra vez…

… y otra…

No falta mucho.

… y otra vez…

¿!Qué pasa!?

Algo repentino y maravilloso surge en un instante, me revive, me alivia, me rejuvenece, me revitaliza. ¿Será acaso el milagro por el que mis seres queridos han orado y esperado tanto, aún hasta el fin? Si es así, ¿Dónde está mi cama? ¿Dónde está la rosa? ¿Por qué estoy indescriptiblemente felíz? ¿Qué sucede….?

Me siento diferente – completa – libre ‑ sin dolor. ¿Qué le pasó al dolor? Parece un recuerdo lejano, pero sólo han pasado unos segundos…. ¿O no? ¿O ha transcurrido toda una vida? De alguna manera, ya no parece importante. Nada de ello parece importante ahora.

Me siento viva, más viva que nunca antes.

No más sufrimiento. No más dolor. Siento lágrimas, pero son lágrimas de alegría.

No se podrá poner mejor que esto, ¿o sí?

Sí puede. Sabía que podría. El dijo que lo sería.  ¡Le creo!

Le creí por fe antes que sucediera.

Ahora no me puedo imaginar haber dudado alguna vez.  ◊

 

One thought on “No falta mucho…

  1. Un día, y lo recuerdo bien, me dijiste que tu amor por mi era para siempre, que duraría una eternidad y yo te creí, te creí con la ingenuidad que envuelve esa edad y con el corazón que palpita con palabras robadas de viejos libros de poesía, me escribiste en una carta de papel blanco que con el tiempo aun guardo pero ya está amarilla, quebradiza, carcomida por el tiempo que no perdona, como esa parte de mi corazón, corazón que aun le cuesta perdonar porque no sabe siquiera si hay alguien a quién culpar o algo que perdonar.

    Dijiste que me amabas y que nunca me abandonarias, no lo cumpliste, hoy no estás. tu palabra y tu voz siguen en mi oído, pero tu cuerpo ya no está cerca de mi.

    Nunca nos habiamos separado, nunca por tanto tiempo, fueron años, fueron miles de horas que nos abrazabamos como las manecillas de ese viejo reloj cucú en casa de tus padres, dabamos vuelta a la mirada cuando ellos aparecian en la sala, nos soltabamos la mano pero seguiamos unidos en el corazón, tu picardía desafiaba las normas de esos dias y aun recuerdo como si fuera ayer el día en que trepaste al manzano de la calle que daba directo a mi balcón para darme serenata la noche de mi cumpleaños con tu guitarra desafinada casi tanto como tu voz, pero en ese entonces yo escuchaba un ángel cantándome ese bolero, y aunque no habiamos tenido un beso, yo iba a la cama con esa melodía y esas ganas de besarte, besarte mucho, como si fuera esa noche la última vez…

    Y después del primer beso, vino tu abrazo, y después del abrazo me soprendiste con esa baratija de anillo que aun guardo en el joyero como el anillo más valioso del mundo, ahí junto a tus mancuernillas que te regalé en tu primer trabajo, ahí estan y pasarán más tiempo juntas ellas que nosotros, también está, en un blanco y negro desteñido la foto de nuestra boda, ahí estabamos tú y yo, tan sonrientes, tan jovenes, tan llenos de amor. Tú sonrisa fue la misma desde entonces hasta el último día que te fuiste sin decir adios.

    Hoy sigo recordando tu promesa, sentada en la cama de nuestra recámara que por tantos años nos vio amar, nos vio orar y agradecer a nuestro Dios el que un día en su bondad y misericordia nos haya hecho coincidir, nos haya hecho enamorar, nos haya hecho comprometer en lealtad y amor, y hoy agradezco el fruto de esa decision, de su bendición.

    Me pongo de pie, guardo en el segundo cajón el joyero, arreglo mi cabello y trato de maquillar las mejillas que vieron corer un par de lágrimas por ti, miro nuestra foto en la pared, juntos, rodeada de tus hijos, nuestros hijos y tantos nietos que hoy nos reunimos a recordarte, recordarte tan lleno de amor para todos nosotros, siempre como el sacerdote de la casa, siempre un padre amoroso, un esposo ejemplar y el abuelo consentidor que siguen extrañando nuestros nietos.

    Hoy se cumple un año más de que te fuiste de mi, de nosotros, te fuiste así, sin avisar, con ese dolor del corazón que llega de repente, insesperado, no te quedaste conmigo para siempre como dijiste, pero sé que dentro de ti hubieras querido cumplir tu promesa que no dependía de ti, pero sé que de algun modo estás con nosotros cuando te recordamos, y mi esperanza sigue siendo que un día este amor que ha sido el único para mi y para ti, siga la historia cuando nos volvamos a besar y besar mucho sabiendo que nunca habrá una última vez en la eternidad…

    Paco Palafox

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