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Por J a m e s R. H e n d e r s o n
 
¿Alguna vez se ha preguntado por qué Jesús dijo algunas de las cosas que dijo? Por ejemplo, Marcos 11:22-24 sugiere que si, en fe, quiero decirle a un monte que se tire al mar, esto puede ocurrir. Sin embargo, ¿por qué querría yo decirle a un monte que se tire al mar? ¿Qué lograría yo sino sólo hacerme sentir más que un poco poderoso, estropear el paisaje y molestar a los conservacionistas? ¿Realmente Jesús dijo que deberíamos usar la fe caprichosamente, para lograr cualquier cosa que sea nuestro gusto?
Algunas veces pienso que Jesús usó ideas por su valor sacudidor para conseguir la atención de sus oyentes. Recuerde cuando Él dijo que si tu mano derecha te hace caer, ¿no deberías cortártela? O si tu ojo derecho te hace pecar, ¿no deberías sacártelo? Si estos pasajes deben ser tomados literalmente, habría un montón de cristianos con un solo ojo y una sola mano caminando por allí. Cristo estaba elaborando un punto a través de la exageración. El punto era que deberíamos tratar decisivamente con nuestro pecado, antes de que controle nuestra vida.
Jesús comparó la oración con un niño que le pide a su padre algo y cree que el padre le responderá. Tan grande es el deseo de nuestro Padre celestial de darnos las cosas, que Él sabe las cosas que necesitamos antes de que se las pidamos (Mateo 6:8).
Debemos tratar decisivamente con nuestro pecado, antes de que controle nuestra vida.
Así que, ¿de qué habla Marcos 11:22-24? Hay un contexto. Hay lecciones poderosas que aprender sobre la fe y la oración. El día anterior, Jesús, por Su poder divino, había causado que una higuera con hojas pero sin fruto se secara. Esto fue para enseñar a sus discípulos que es posible parecer espiritual, y sin embargo, no producir el fruto que Dios busca de nosotros. Él también había limpiado el templo de aquellos que explotaban la casa de oración para su lucro personal.
Al recordar la higuera, Jesús le dice a sus seguidores que «tengan fe en Dios». ¿Estaba Él diciéndoles que ellos también, si tan sólo realmente creyeran, podrían maldecir higueras? Yo pienso que no. O, ¿estaba Él enfatizando que la vida religiosa sin fe es de utilidad nula para Dios, y que ella podría también secarse y morir?
El contexto también muestra en los versos 25 y 26 que la oración hecha sin perdonar a aquellos que puedan habernos hecho mal, justo como nosotros queremos que Dios nos perdone, no será escuchada ni cumplida. Por tanto, este pasaje explica que nosotros no conseguimos automáticamente todo lo que pedimos en oración—hay condiciones de fe hacia Dios, de producir el fruto que Él requiere de nosotros y mostrar misericordia hacia los demás.
No conseguimos automáticamente todo lo que pedimos en oración —hay condiciones.
No es sabio dejar que un pasaje de la Escritura dictamine la totalidad de la doctrina sobre un tema en particular. Marcos 11:22-24 es una de muchas referencias en cuanto a orar con fe. Una oración de fe reafirma la soberanía de Dios, no la nuestra—que su voluntad sea hecha, no la nuestra (Mateo 6:10).
Esto toca uno de los problemas que hay con el estilo de oración «decláralo y reclámalo»— esto implica que la fe nos da la habilidad de coaccionar a Dios para que nos de lo que le demandamos. Tal pensamiento también implica equivocadamente que la soberanía de Dios está al servicio de la nuestra.
Mateo 7:7-11 dice que podemos pedirle al Padre, y Él nos dará «cosas buenas». ¿Significa eso que Dios nos da lo que es bueno para nuestro desarrollo a largo plazo, justo como un padre le da a su niño lo que el padre piensa que es lo mejor? Si deseamos algo en oración que no es para nuestro bien, ¿debería Dios honrar nuestra petición?
Santiago, el hermano de Jesús, exhortó a los cristianos para que «pidan con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento» (Santiago 1:6). Quien es así no piense, dice él, que va a recibir cosa alguna de la oración, pues usted es indeciso e inconstante en su propia petición.
Necesitamos estar convencidos sobre el valor de la oración. La referencia que Jesús hizo sobre creer que podemos mover montes, afirma esto. Es imposible hacer una impresión en Dios, sin creer que Dios es quien dice ser y que también recompensa a aquellos que lo buscan diligentemente (Hebreos 11:6).
Un problema mayor que los lectores de la epístola de Santiago tenían, era que ellos dejaban que sus propios deseos egoístas dominaran sus vidas de oración. «Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones» (Santiago 4:3).
No es sabio dejar que un pasaje de la Escritura dictamine la totalidad de la doctrina sobre un tema en particular.
¿Qué querían ellos que Dios les diera? Se sugieren varias ideas—éxito según los estándares del mundo (4:4); que Dios estuviera de su lado y ganara las batallas de ellos (4:1-2); que alcanzaran sus posiciones auto-buscadas (3:14).
La justicia, argumenta Santiago, es acerca de la fe. Fe es creer que Dios hará lo que Él dice que hará (2:23). Una vida de fe incluye hacer la paz con los demás (3:18), no causar disensiones imponiendo nuestra propia causa o punto de vista.
La oración efectiva de la persona justa, que puede mucho, es una oración por los demás, por aquellos que están enfermos, por aquellos que están en angustia, no una oración vencida por la jactancia (4:16).
La oración fiel no siempre se cumple de acuerdo con nuestros planes. La oración es sobre confiar en Dios y dejar las situaciones en Sus manos. Es sobre mostrar amor, pidiéndole a Dios por el beneficio de los demás.
Algunas veces, cuando oramos, presentamos ante Dios tanto el problema como nuestra solución favorita, en lugar de dejarlo a Él escoger una respuesta para nosotros.
No es que esté mal pensar las cosas y ofrecer ideas en oración, pero, ¿limitamos las respuestas de Dios en nuestra mente a sólo lo que pensamos que debería ocurrir? Necesitamos abrir nuestras mentes a la infinita grandeza de Dios—«al que puede hacer muchísimo más de todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros» (Efesios 3:20).
En Su soberanía, Dios puede y escoge suplir lo que es bueno para nosotros según la abundancia de Su gracia. Compartimos el sufrimiento mientras somos parte de la humanidad
Todos necesitamos y valoramos la intervención de Dios. En Su soberanía, Dios puede y escoge suplir lo que es bueno para nosotros según la abundancia de Su gracia. Él busca darnos dones y bendiciones.
Sin embargo, esas bendiciones no son provistas según se pidan. Compartimos el sufrimiento entretanto somos parte de la humanidad.
Jesús enseñó que la oración es más sobre lo que nosotros podemos dar, que sobre lo que podemos recibir. Dios no es un talismán de la suerte o un boleto ganador de la lotería. Desde el punto de vista de Jesús, la oración es una relación especial que debe ser apreciada, una relación que nos trae consuelo y esperanza de que el gran Dios del universo haya tomado un interés especial en cada uno de nosotros. Quiera Él expresar mediante nosotros ese mismo interés hacia los demás.

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