mujer photopor Nancy García

Fui una mujer común y corriente, me enamoré ciegamente de mi esposo y comencé mi vida de casada con ideales y metas en el hogar. Era una mujer muy hogareña. Soñaba con un hogar perfecto, como de novela, donde mi esposo me amaría hasta que la muerte nos separara… 

Pero no fue así, a medida que iba pasando el tiempo se fueron presentando muchos problemas como: violencia, infidelidad, machismo. ¿Cómo iba a funcionar mi hogar? Cuando me di cuenta que no éramos “compatibles”, yo era una mujer sumisa, tímida fui educada por mi madre, una mujer sumisa, sin autoestima, sufrida y mi padre un hombre violento y machista. Como es lógico absorbí esa misma situación Mis traumas y mis temores se unieron con la violencia de mi esposo y todo en mi vida se volvió un infierno. Mis hijos iban recibiendo esa misma manera de vivir; habíamos tocado fondo.

Me di cuenta, aquello que había soñado se desbarataba, llegué al punto de no querer seguir viviendo. Empecé a frecuentar sicólogos, comencé a asistir a muchas iglesias de diferentes denominaciones, mormones, testigos de Jehová, algunas iglesias cristianas; pero no encontraba paz. Fui una persona muy legalista creyendo que de esa manera me acercaba más a Dios pero fue peor.

Un día en mi angustia fui donde un amigo que hacía 20 años me había hablado de la gracia que Dios nos da para ser salvo, pero se me formó una confusión en mi mente porque mientras las iglesias me decían que debíamos ser santos para agradar a Dios mi amigo me decía que solamente teniendo fe en Jesucristo sería salva. Me dije a mí misma: Así me condenen las iglesias, voy a creerle a Jesucristo y así fue, fui sanada, liberada, justificada por el Señor Jesús. Mi hogar poco a poco fue restaurado. Jesús ha sanado mis heridas, las de mi esposo y mis hijos.

En todo esto aprendí que fue la misericordia de mi Señor Jesús, la que me llamaba. Él quería que yo, una simple mujer, conociera lo que tenía para mí. Aprendí a no limitar a Dios, aprendí a ensanchar el sitio de mi tienda, aprendí a no ser escasa, a reforzar mis estacas como dice Isaías 54:2, aprendí a ser esa mujer virtuosa de Proverbios 31; Porque empecé a creerle a mi Señor debido al caminar diario con Él. Hoy mi vida tiene sentido, hay muchas cosas por las cuales luchar.

Invito a todas las mujeres como yo: amas de casa, profesionales, madres y esposas; a que busquemos del Señor, a que miremos con sus ojos, a que pongamos en acción su Palabra. De esta manera, Él nos mostrará su divinidad. Sólo con fe podremos ver los milagros que Él hace en nuestra vida.


Nancy García, es miembro de la Comunión de Gracia Internacional en Bogotá- Colombia

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