LUCHA | Conexiones de Vida – Día 4

CONEXIONES DE VIDA Semana 1: Comienzos     –      Día 4

«Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado»
(Génesis 3:19).

Paraiso perdido

El dolor y la lucha están profundamente entretejidos en nuestra experiencia de vida. Parecen inseparables de la belleza y la alegría.

Las historias de la creación en Génesis reconocen esta realidad, y nos muestran esto como la consecuencia de la desobediencia. Adán y Eva tomaron y comieron del fruto del árbol que está en medio del jardín.

Lo bueno y la lucha, la belleza y el dolor, dos vertientes complementarias. Esa es la realidad que experimentamos.

Pero, en el principio, Dios se detuvo y vio que era bueno, muy bueno. Y, al final, es lo bueno y el amor lo que tiene la última palabra.


LECTURA

Génesis 3:1 – 24

La serpiente era el más astuto de todos los animales salvajes que el Señor Dios había hecho. Cierto día le preguntó a la mujer: —¿De veras Dios les dijo que no deben comer del fruto de ninguno de los árboles del huerto?
—Claro que podemos comer del fruto de los árboles del huerto —contestó la mujer—. Es solo del fruto del árbol que está en medio del huerto del que no se nos permite comer. Dios dijo: “No deben comerlo, ni siquiera tocarlo; si lo hacen, morirán”.
—¡No morirán! —respondió la serpiente a la mujer—. Dios sabe que, en cuanto coman del fruto, se les abrirán los ojos y serán como Dios, con el conocimiento del bien y del mal.
La mujer quedó convencida. Vio que el árbol era hermoso y su fruto parecía delicioso, y quiso la sabiduría que le daría. Así que tomó del fruto y lo comió. Después le dio un poco a su esposo que estaba con ella, y él también comió. En ese momento, se les abrieron los ojos, y de pronto sintieron vergüenza por su desnudez. Entonces cosieron hojas de higuera para cubrirse. Cuando soplaba la brisa fresca de la tarde, el hombre y su esposa oyeron al Señor Dios caminando por el huerto. Así que se escondieron del Señor Dios entre los árboles.
Entonces el Señor Dios llamó al hombre: —¿Dónde estás?
El hombre contestó: —Te oí caminando por el huerto, así que me escondí. Tuve miedo porque estaba desnudo.
—¿Quién te dijo que estabas desnudo? —le preguntó el Señor Dios—. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que te ordené que no comieras?
El hombre contestó: —La mujer que tú me diste fue quien me dio del fruto, y yo lo comí.
Entonces el Señor Dios le preguntó a la mujer: —¿Qué has hecho?
—La serpiente me engañó —contestó ella—. Por eso comí.
Entonces el Señor Dios le dijo a la serpiente: «Por lo que has hecho, eres maldita más que todos los animales, tanto domésticos como salvajes. Andarás sobre tu vientre, arrastrándote por el polvo durante toda tu vida. Y pondré hostilidad entre tú y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Su descendiente te golpeará la cabeza, y tú le golpearás el talón».
Luego le dijo a la mujer: «Haré más agudo el dolor de tu embarazo, y con dolor darás a luz. Y desearás controlar a tu marido, pero él gobernará sobre ti».
Y al hombre le dijo: «Dado que hiciste caso a tu esposa y comiste del fruto del árbol del que te ordené que no comieras, la tierra es maldita por tu culpa. Toda tu vida lucharás para poder vivir de ella. Te producirá espinos y cardos, aunque comerás de sus granos. Con el sudor de tu frente obtendrás alimento para comer hasta que vuelvas a la tierra de la que fuiste formado. Pues fuiste hecho del polvo, y al polvo volverás».
Después, el hombre —Adán— le puso a su esposa el nombre Eva, porque ella sería la madre de todos los que viven. Y el Señor Dios hizo ropa de pieles de animales para Adán y su esposa.
Luego el Señor Dios dijo: «Miren, los seres humanos se han vuelto como nosotros, con conocimiento del bien y del mal. ¿Y qué ocurrirá si toman el fruto del árbol de la vida y lo comen? ¡Entonces vivirán para siempre!». Así que el Señor Dios los expulsó del jardín de Edén y envió a Adán a cultivar la tierra de la cual él había sido formado. Después de expulsarlos, el Señor Dios puso querubines poderosos al oriente del jardín de Edén; y colocó una espada de fuego ardiente —que destellaba al moverse de un lado a otro— a fin de custodiar el camino hacia el árbol de la vida.

CONEXIÓN

  • ¿Cómo están lo bueno y la lucha entrelazados en tu vida? ¿Se parecen dominar?
  • ¿Es posible perder de vista la belleza en medio del dolor?
  • ¿Es posible llegar a ser ciegos al dolor y las luchas de los demás?

ACCIÓN

  • Lleva a Dios las áreas de su vida en las que experimentas dolor y fatiga.

ORACIÓN

  • Tómate el tiempo hoy para orar por otros que sufren.
  • Haz algo para llevarles lo bueno y la belleza.

CONEXIONES DE VIDA

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