Este agosto pasado, la madre de la democracia filipina, la ex presidenta Corazón “Cory” Aquino,  fue llevada a descansar al lado de su esposo Ninoy. Nuestra nación lloró la pérdida de una mujer fuerte, valiente, pacífica que oraba a Dios. Era conocido que oraba todos los días, varias veces al día, por su familia y por nuestro país. Ella dijo en una ocasión: “No puedo imaginarme a mí misma estar separada del buen Señor. Mi día entero está dedicado a Él. Digo, que al principio del día, y al final del día, me dirijo al Señor. Oro por aquellos que no creen en El esperando que algún día les sea dada esa gracia, de ir a Él para que sus vidas sean mucho mejor y que puedan tener la capacidad de enfrentarse a cualquier problema o prueba que se ponga en sus caminos.” (Extracto de una entrevista que le hizo el Dr. Shann Ferch, 2007).

Mucho se ha dicho acerca del poder de la oración. Vivo cada momento de mi vida en continua comunicación con nuestro Padre quien está en el cielo.  No puedo imaginar mi vida sin esta conexión de oración hacia él. El es la razón de mi ser, mi esperanza y el propósito de mi existencia.  También, mis muchas oraciones hubieran sido vanas si nuestro buen Señor no hubiera contestado cada una de ellas. Asimismo, creo que muchas de las respuestas a mis oraciones se deben a las oraciones que mi madre hacía por mi hermana y por mí.

El otro día, tuve una maravillosa conversación con dos madres de familia en una de nuestras congregaciones. Les pregunté si ellas creían en el poder de la oración por sus familias. Ambas asintieron en común acuerdo. Muchas veces ellas sentían como que Dios no contestaba las oraciones que ellas hacían por sus hijos. Los muchachos, adolescentes, batallan por encontrar su identidad y de establecerse en su mundo. Los jóvenes pueden cometer muchos errores que les causan dolor y los llevan a tomar el camino de la rebelión, pero eventualmente encuentran el camino de regreso y se dan cuenta de quién fue el que los llevó allí.

Una madre estaba agradecida de que su hija, por quien había orado y llorado incontables noches, se había dado cuenta del error de sus caminos y se ha dedicado a servir a su iglesia a través de sus talentos.  Más tarde, la madre se dio cuenta de que había orado  específica- mente por este asunto  muchos años atrás. Ella ya casi se había olvidado de ello hasta que sus oraciones empezaron  a dar fruto.

También, la otra señora cree firmemente que sin importar  lo que le pase a sus hijos,  ellos siempre regresarán al camino correcto porque Dios honra todas las oraciones que ella ha hecho por ellos. Ella ahora goza del fruto de esas oraciones porque sus hijos se han abierto a ella y comparten su fe con los compañeros de trabajo y amistades.

Mi madre siempre oraba por mi hermana y por mí. Ella oraba para que Dios siempre nos cuidara, que nos acercara más a él, que nos protegiera de todo daño, que nos diera unos esposos buenos y amorosos que proveyeran para nosotras y que el propósito de Dios para nosotras se cumpliera. Muchas tormentas violentas han pasado por nuestras vidas desde que nuestra madre descansa en el Señor, pero hemos podido enfrentarnos a todas esas tormentas porque nuestro Padre ha honrado todas y cada una de esas oraciones sinceras. Algunas tormentas nos han dejado magullados y lastimados, pero aún seguimos de pie por la misericordia y la bondad de Dios, y por la lealtad a nuestra madre quien le dedicó su vida.

Y cuando me pregunto si alguien por ahí fuera está orando por mí, pienso en ella y sé que su oración vive en mí y me sostiene. Oro por  todas las madres para que se den cuenta de lo especial y poderosas que son sus oraciones.  Así que en medio de nuestras preocupaciones y temores,  nuestro Señor nos exhorta a orar y que Él nos promete su paz.

Sheila De la Peña

Sheila está disfrutando de su nueva pasión por hornear y de compartir sus pasteles o biscochos  y galletas con sus vecinos y amistades. Su esposo es su admirador No. 1. Puedes visitarla en su página  del internet en la siguiente dirección: velvetconfections.multiply.com

 

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