por Rubén Ramírez Monteclaro

El Señor Jesús sentenció, como creador, que edificaría una iglesia, la cual tendría características muy específicas. Al hablar de edificar, se estaba refiriendo a la construcción de una casa, de un edificio, para que fuera entendido por sus oyentes; pero, ¿Qué es realmente una iglesia?

Así, Iglesia en algunos pasajes del Nuevo Testamento podría combinar ambas ideas (la hebrea y la griega) o solo una de ellas, dando por eso profundo y complejo significado a las palabras de Jesús de Nazaret a Simón Pedro recogidas en Mateo 16:18.De acuerdo con la Wikipedia, La palabra iglesia proviene de la voz griega κκλησία (transliterado como ekklēsía) vía el latín ecclesia.El sustantivo κκλησία posee un doble significado: En el ámbito del mundo europeo occidental helenístico no cristiano, denotaba una asamblea o reunión de ciudadanos congregados en razón de una convocatoria pública (generalmente el llamado de un mensajero oficial o heraldo), para asuntos usualmente de orden político, y se entiende de esta manera en algunos pasajes bíblicos del libro de Los Hechos de los Apóstoles. En la Septuaginta (traducción al griego del Tanaj) se emplea frecuentemente para traducir la voz hebrea qâhâl (o kahal), que se refiere a la congregación de Israel o pueblo de Dios, como por ejemplo en Salmos 22:22 ”Proclamaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación (iglesia) te alabaré”.

De acuerdo con las definiciones anteriores, la palabra iglesia significa un grupo de personas que se reúnen para un fin específico. Sin embargo, el propósito del Señor Jesús al edificar Su Iglesia, va más allá de una reunión de personas: Cuando Jesús le dijo al apóstol Pedro que él era una piedra, haciendo alusión a su nombre, cuyo significado es ese (piedra), le estaba diciendo que iba a utilizar seres humanos como piedras para edificar un edificio cuyo cimiento o fundamento principal es Jesucristo, la piedra angular (Efesios 2:20), la roca que sostiene y alimenta (Éxodo 17:1-6), la piedra de tropiezo para quienes no lo aceptan(Isaías 8:14; 28:16; 1 Pedro 2:6-8).

La iglesia es una con el Padre y el
Espíritu Santo, porque es el mismo
cuerpo de Cristo, el Hijo.

Retomando el significado de iglesia, como reunión de personas, como asamblea, congregación, en las cartas del apóstol Pablo más de una vez encontramos que:

Somos un templo santo porque en nosotros mora el Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). Somos el cuerpo de Cristo con muchos miembros (órganos) pero todos en unidad (somos uno en Cristo) (Efesios 4:11-13). Somos piedras vivas, que unidas, formamos un edificio, un templo, pero no material sino espiritual. (1 Pedro 2:4-5). Un edificio bien estructurado (1 Corintios 12:28; 14:12).

Este cuerpo tiene una cabeza: Cristo (Efesios 1:22-23)

La iglesia tiene poderes extraordinarios por ser el cuerpo de Cristo: anunciar el plan de Dios, lo que está haciendo, el evangelio; no sólo a los humanos, sino a todos los poderes espirituales; la iglesia tiene poder sobre ellos “El fin de todo esto es que la sabiduría de Dios, en toda su diversidad, se dé a conocer ahora, por medio de la iglesia, a los poderes y autoridades en las regiones celestiales, conforme a su eterno propósito realizado en Cristo Jesús nuestro Señor”. (Efesios 3:10).

La iglesia tiene el propósito de recordar el llamado de Dios a las bendiciones espirituales en Cristo, que Dios desde los inicios de los tiempos ha dado a los humanos, dando recomendaciones específicas para desempeñar en esta vida mortal, con miras a vivir la eternidad venidera, resaltando la santidad del matrimonio, ya que nuestra relación con Jesucristo es una relación matrimonia en el terreno espiritual (Efesios 5:21-32).

La iglesia nos enseña que Dios es uno y nos muestra a Jesucristo como el ser que es divino y humano a la vez, incluyendo a todos los humanos en el mismo seno de Dios para ser uno con Él.

El edificio, el templo, construido por piedras vivas sobre la gran roca angular que es Jesucristo, es un templo donde se manifiesta eternamente la shekiná (la gloria de Dios), porque Dios está en Cristo, Cristo en Dios y nosotros en Cristo. Por eso dice Dios que somos el templo del Espíritu Santo, donde mora Dios, siendo una sola cosa: Dios es uno, Padre, Cristo y el Espíritu Santo. ¡Y nosotros en Cristo! ¡Y Dios en nosotros! ¡Qué emoción debe despertar en todos nosotros esta realidad anunciada por Nuestro Señor y Salvador Jesucristo! Realidad que nos debe inspirar y motivar a honrarlo y alabarlo “con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas”

Vivamos todos los días de tal manera que lleguemos a ser esa “iglesia santa, sin mancha, ni arrugas” (Efesios 5:26-27), digna del cuerpo de aquel que es Santo y sin mancha, que por su gracia nos llevó a compartir su misma naturaleza (Filipenses 2:6-11) en el mismo seno de Dios. 

edificare-mi-iglesia

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