Durante la temporada de Pascua se nos recuerda de quién es Jesucristo para nosotros. No es simplemente un gran modelo de conducta moral o un gran maestro que nos señaló el camino correcto. Él es nuestro todo en todo, el principio y el fin – la meta de nuestra fe y nuestras vidas.

Es interesante tomar nota de la advertencia que el apóstol Pedro da en la conclusión de su segunda carta.

No nos dice que dejemos de pecar. No tendría mucho sentido, ya que podemos dejar de pecar. Sí, eso puede ser difícil de admitir, pero si somos realmente honestos con nosotros mismos, sabemos que es verdad. Sin duda, mientras más caminamos con Jesús, más amamos lo que es bueno y perdemos nuestra fascinación por lo que no lo es . Pero nunca se llega a la perfección de Cristo en esta vida. De hecho, cuanto más cerca estamos de Jesús, parece que más nos damos cuenta lo que pecadores que somos.

No, Pedro no nos dice que dejemos de pecar – nos dice:  «hagan todo lo posible para estar sin mancha, sin tacha y en paz con Cristo». Y luego nos dice cómo. No por nuestra voluntad o por nuestro esfuerzo por ser justos, sino creciendo.

En 2 Pedro 3:13-18 nos pide crecer en dos cosas concretas: la gracia de Cristo y el conocimiento de Cristo.

Pero, según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia.

Por tanto, amados, puesto que aguardáis estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por El en paz, sin mancha e irreprensibles…

Estad en guardia, no sea que arrastrados por el error de hombres libertinos, caigáis de vuestra firmeza; antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Crecemos en la gracia de confiar en Dios para ser lo que él dice que es para nosotros. Él es nuestro abogado que da testimonio en nuestro nombre. Él es nuestro abogado defensor que cree en nuestro valor y valía. Él es nuestro Juez que nos pronuncia no culpables. Es nuestro terapeuta, nuestro entrenador y nuestro adiestrador que nos ayuda a aprender a vivir correctamente. Él es nuestro sustituto, quien asumirá todas las consecuencias negativas de nuestras vidas en sí mismo. Y él es nuestro representante, quien nos da su reputación como si fuera la nuestra. Todo esto lo hace sabiendo muy bien que somos tan culpables como el pecado.

En Cristo, somos y siempre seremos los amados hijos de nuestro Padre en el cielo. Lo único que pide es que crezcamos en la gracia y llegar a conocerlo mejor. Crecemos en la gracia a medida que aprendemos a confiar en él para ser nuestro todo en todo, y crecemos en el conocimiento de él a medida que lo seguimos y pasamos tiempo con él.

Y aún hay más. Dios no sólo nos perdona, nos transforma. Él nos hace nuevos, nos limpia desde el interior hacia fuera. A medida que aprendemos a descansar en su gracia, llegamos a conocerlo mejor. Y cuanto mejor lo conocemos, más sentimos la libertad de descansar en su gracia.

No se trata de lo que hacemos, sino de lo que Jesús ha hecho ya – y lo sigue haciendo – para nosotros, en nosotros y a través de nosotros.

Él ha resucitado. Sí él ha resucitado.

Soy Joseph Tkach, hablando de la VIDA.

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