Cómo aconsejar en el dolor

He aquí algunos consejos para quienes desean consolar con la ayuda de Dios.

Juan nos dice que en el cielo «Dios secará todas las lágrimas de tus ojos» (Ap. 21:4).

Hasta que Dios haga esto, es nuestro privilegio ser vías de consuelo y esperanza para aquellos que sufren. No es fácil, pero es obra de Dios. Él nos da la magnífica oportunidad de levantar nuestros ojos y los ojos de otros hacia Aquél que es la vida, y que promete reencuentro y la más completa medida e gozo.

  • Aunque muchas veces el amor y el consuelo de Dios vienen por medio de personas, el consuelo es obra de Dios.

Aunque hay «un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 Ti. 2:5), nosotros, los ministros, estamos llamados a completar lo que falta en los sufrimientos de Cristo por su cuerpo, es decir, la iglesia (Col. 1:24). Dios es el Dios de todo consuelo. Él es la fuente; nosotros, los canales.aconsejar photo

  • «¿Cuándo debe terminar el consuelo que ofrece una persona para dejar que Dios se haga cargo?»

Un buen médico conoce sus limitaciones y tiene la paciencia de esperar que el proceso natural cure. Lo mismo ocurre con las heridas del dolor. Dios es el que cura y los cristianos (tanto pastores como laicos) pueden mediar en su consolación; pero también deben saber cuándo retirarse para permitir que Dios efectúe su propia curación.

  • En el ministerio, debemos estar convencidos de nuestra esperanza, que es en Jesucristo.

¿Jesucristo resucitó de entre los muertos? ¿Estaba diciendo la verdad cuando dijo «voy a preparar un lugar para vosotros» (Jn. 14:2)? ¿Su resurrección realmente nos da la seguridad de la vida eterna, «yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí aunque estuviere muerto vivirá; y el que vive y cree en mí nunca morirá» (Jn. 11:25)? ¿Tenemos una esperanza en Jesucristo más allá de esta vida?

El evangelio de Jesucristo es el vendaje que envuelve las heridas del dolor, y la presencia del Espíritu Santo es el bálsamo que cura y reconforta los nervios destrozados.

  • Aceptar la validez del proceso de dolor.

¿Está mal el dolor de un cristiano? ¿Son las lágrimas una contradicción de la fe? ¿Debe la fe erradicar las lágrimas?

Los salmistas frecuentemente lloraban durante su dolor. En el Nuevo Testamento, después de que Esteban fue apedreado, se nos dice que «hombres devotos acarrearon a Esteban a su entierro e hicieron lamentaciones sobre él» (Hch. 8:2). Aun poco tiempo después de la resurrección de Jesús, los primeros cristianos lloraron profundamente la pérdida de Esteban. En 1 Ts. 4:13-18 tenemos la enseñanza equilibrada de la iglesia primitiva, que dice «duélanse, pero no como los que no tienen esperanza». «Llorad con aquellos que lloran» (Ro. 12:15), y soportar pacientemente el llanto de quienes desean enfrentar el nuevo vacío en sus vidas.

  • Estar seguro de que haya alguien cuando se necesite.

La pregunta de quienes visitan a aquellos que sufren es: «¿Qué decir?» Pero las palabras no son tan importantes como el hecho de estar allí. Un simple abrazo y las palabras «lo siento» o «te quiero mucho» quizás sean lo único que se necesite decir. Es importante para el que sufre, sentir que está rodeado de gente a quien le importa lo que le está sucediendo, gente dispuesta a tenderle una mano. Para el proceso del dolor es esencial expresar sentimientos y emociones reprimidas. El oído compasivo es, frecuentemente, la mejor herramienta para la terapia del dolor.

  • Orar, ofrecer una lista escrita a mano de salmos u otras porciones bíblicas y libros amenos para la lectura diaria y la meditación.

La Biblia es un gran libro, y encontrar pasajes apropiados para consolar a las personas es difícil para algunos. Algunos necesitan el lenguaje del salmista para desahogar sus propios sentimientos en oración. Otros necesitan la teología de la resurrección para realzar sus esperanzas. Evalúe cuidadosamente cómo pueden combinarse estas cosas.

  • Aplicar la prudencia y la discreción. A veces sobran las palabras, hablar solo lo necesario y callar oportunamente son claves para generar confianza. Quien sufre algunas veces quiere estar solo (a), respetemos su espacio y sus decisiones.

Tomado de Aconsejando en el dolor por Clayton Bell, hermano de la esposa de Billy Graham. Durante años ha sido el pastor de una iglesia creciente en la ciudad de Dallas, Texas.

Por Sonia Orozco de Vengoechea
Pastora de la Comunión de Gracia Internacional en Barranquilla, Colombia


Artículo publicado en el boletín Conexiones Mayo 2008

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