Un estudio sobre 2 Corintios 9

Mientras Pablo trabajaba para difundir el evangelio en el mundo gentil, también trabajó para que los gentiles dieran una ofrenda para los creyentes pobres en Jerusalén. Vemos evidencia de esta ofrenda en varias de sus cartas; era un tema constante de su labor.

Pablo vio una conexión vital entre la gracia de Dios y nuestra generosidad. Tal como Dios ha sido generoso para con nosotros, nosotros debemos ser generosos con otros, y compartir las bendiciones físicas y espirituales que Dios nos ha dado. Aunque las buenas obras nunca pueden pagar por la gracia de Dios, son un resultado esperado de la gracia de Dios obrando en nuestras vidas.

Pablo personalmente les dijo a los corintios acerca de esta ofrenda y escribió más palabras alentadoras para ellos en una carta sucesiva. Comenzaremos la historia en 2 Corintios 9.

No nos decepcionen

“En cuanto a esta ayuda para los santos, está de más que les escriba” (9:1). En otras palabras, ya les he dicho acerca de esto. Ustedes saben que esta ofrenda va a ayudar a los creyentes en Jerusalén. “Pues conozco su pronta disposición, por la cual me glorié de ustedes entre los de Macedonia: ‘Acaya está preparada desde el año pasado.’ Y el celo de ustedes ha servido de estímulo para muchos” (9:2) Los corintios (en el sur de Grecia) le habían dicho a Pablo que estaban dispuestos a dar generosamente, y Pablo había usado su entusiasmo para animar a los macedonios (en el norte de Grecia). En una manera similar, utilizó la generosidad de los macedonios para animar a los corintios para ser aún más generosos (8:1-7).

Pero ahora vino el tiempo para convertir las palabras en acción: “He enviado a estos hermanos para que el orgullo que tenemos de ustedes no sea vano en este respecto, y para que estén preparados, como vengo diciendo” (9:3). Pablo está poniendo un poco de presión suave para que cumplan su palabra; lo hace diciendo que su propia reputación está en juego. Los corintios habían dicho que serían generosos, y ahora llegó el tiempo de ver si tenían razón. “No sea que, si van conmigo algunos macedonios y los hallan no preparados, nos avergoncemos nosotros (por no decir ustedes) por haber tenido esta confianza” (9:4). No queremos avergonzarnos, dice Pablo, y ustedes no quieren avergonzarse tampoco. Es tiempo de cumplir lo que prometieron. Es tiempo de demostrar lo que pueden hacer.

Pablo esperaba que los corintios cumplieran sus promesas, pero no lo tomó por sentado. Les escribió para recordarles, para animarlos a que lograran aún más.

Pablo esperaba que los corintios cumplieran sus promesas, pero no lo tomó por sentado. Les escribió para recordarles, para animarlos a que lograran aún más. No era tímido con respecto a asuntos financieros. Esperaba una entrega total de parte de sus conversos, y fijó altas normas para ellos.

“Por eso he creído conveniente exhortar a los hermanos a que vayan a ustedes con anticipación y preparen primero la generosidad antes prometida por ustedes, para que esté lista como muestra de generosidad y no como de exigencia” (9:5).

Pablo tenía celo por el evangelio. Si tomó tiempo para coordinar esta ofrenda, fue porque consideraba que era importante. Y porque era importante, envió recordatorios al respecto, envió a personas para que vieran lo que estaba pasando, y usó sus estrategias persuasivas para asegurarse de que era una ofrenda exitosa.

Si Pablo de repente se presentara y sorprendiera a los corintios, ellos indudablemente hubieran dado una ofrenda. Pero la ofrenda hubiera sido dada por obligación, no bien preparada, y no tan generosa como hubiera podido ser teniendo algún tiempo de preparación.

Esperen una bendición

“El que siembra escasamente cosechará escasamente, y el que siembra con generosidad también con generosidad cosechará” (9:6). Aquí Pablo cita un proverbio; un dicho que generalmente es verdadero, aunque puedan existir excepciones. Un labrador que siembra mucha semilla normalmente será recompensado con una buena cosecha. Pero en ocasiones el mal tiempo puede arruinar la cosecha. Aun así, el labrador probablemente recibirá en proporción a la cantidad sembrada.

Pablo está diciendo que lo mismo es cierto en la generosidad financiera. Una persona que es generosa por lo general será recompensada. La recompensa no viene siempre en dinero, y no siempre viene en esta vida, pero Dios sí bendice a las personas que son generosas.

“Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza ni por obligación; porque Dios ama al dador alegre” (9:7). Si nos sentimos obligados a dar, si la ofrenda nos agravia, entonces en realidad no somos generosos. La verdadera generosidad es una actitud del corazón, y eso es lo que Dios busca y eso es lo que Él recompensa. Así que cada uno debe tomar su propia decisión acerca de cuánto dar.

Pablo está indicando algunos factores que quizá queramos tener en mente al considerar cuán generosos podemos ser. “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en ustedes toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abunden para toda buena obra” (9:8). Dios es generoso, y suple todo lo que necesitamos, así que no necesitamos guardar con avaricia todo lo que tenemos. Él desea que abundemos en buenas obras, y la generosidad es una de ellas.

“Como está escrito: Esparció; dio a los pobres. Su justicia permanece para siempre” (9:9, citando Salmos 112:9). Esta cita no tiene que ver con ofrendas para los pobres, pero Pablo no obstante la encuentra apropiada aquí. Describe la generosidad de Dios y asegura que Dios siempre será justo, fiel a sus compromisos, obrando por su pueblo y bendiciéndolo.

Pablo hace la promesa aún más clara cuando dice: “El que da semilla al que siembra y pan para comer, proveerá y multiplicará la semilla de ustedes y aumentará los frutos de la justicia de ustedes” (9:10). Pablo está usando la “semilla” como una metáfora. Les está escribiendo a personas que viven en una ciudad, no en una granja. Su punto es que Dios es la fuente de todas las bendiciones.

Cualquiera que sea nuestra fuente de dinero, Dios puede causar que esta fuente prospere, para que con el tiempo recibamos más.

Cualquiera que sea nuestra fuente de dinero, Dios puede causar que esta fuente prospere, para que con el tiempo recibamos más. Él puede obrar en todo el proceso, desde su comienzo como semilla, hasta su resultado final en pan. Y Pablo está diciendo que si somos generosos, entonces Dios bendecirá nuestra fuente y nuestros resultados.

Pero la bendición más importante es la cosecha de justicia, el don de ser considerado justo mediante la fe en Jesucristo. Somos considerados como justos por su gracia, y somos llamados simultáneamente a vivir en la justicia, a conformar nuestras acciones a lo que Él desea, y esto incluye la generosidad.

La cosecha de gracias

“Esto, para que ustedes sean enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce acciones de gracias a Dios por medio de ustedes” (9:11). Si ustedes son generosos, Dios los bendecirá, promete Pablo, para que puedan ser generosos en ocasiones futuras, también. Él bendecirá el comienzo de sus ingresos y el resultado de su labor. Él les suplirá lo necesario, para que puedan continuar dando a otros.

A medida que hagan eso, dice Pablo, las personas le darán gracias a Dios por lo que ustedes hacen. Esta ofrenda satisface una verdadera necesidad, y las personas que la reciben la apreciarán y estarán agradecidos por ella. Tenemos muchas razones buenas para sentirnos bien al ayudarlos.

“El ministrar este servicio sagrado no solamente suple lo que falta a los santos, sino que redunda en abundantes acciones de gracias a Dios” (9:12). La ofrenda tiene valor tanto físico como espiritual. “Al experimentar esta ayuda, ellos glorificarán a Dios por la obediencia que ustedes profesan al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de ustedes en la contribución para con ellos y con todos” (9:13). En este versículo, Pablo señala lo siguiente:

Los corintios demuestran que su generosidad y amor son genuinos (8:8). ¿Podría ser algo semejante para nosotros? Las personas glorifican a Dios cuando ven las buenas obras de otros (Mateo 5:16). ¿Ven buenas obras en nosotros? Cuando confesamos nuestra fe en Jesucristo como Salvador y Señor, la obediencia debe acompañar nuestra confesión. ¿Está nuestra fe acompañada por la obediencia; incluyendo lealtad en la mayordomía financiera?

Las personas particularmente aprecian la generosidad. Es una manera visible y práctica de permitir que el evangelio tenga resultados en nuestras vidas. Las personas no sólo darán las gracias, dice Pablo, sino que también orarán: “Por su oración a favor de ustedes, demuestran que los quieren a causa de la sobreabundante gracia de Dios en ustedes” (2 Corintios 9:14). Si Dios les da la gracia de dar (8:7), entonces las personas orarán por ustedes, sin duda pidiéndole a Dios que los bendiga aún más.

Podemos confiar en que Dios suplirá para todas nuestras necesidades y nos dará las bendiciones que podemos compartir con otros. A medida que compartimos bendiciones materiales, formamos también lazos espirituales entre hermanos y hermanas en Cristo. Ya sea que nuestra generosidad apoye al evangelio directamente, o apoye a creyentes necesitados, esta es una respuesta apropiada a la generosidad de Dios hacia nosotros.

“¡Gracias a Dios por su don inefable!” (9:15) ,concluye Pablo. ¿Podemos describir ese don inefable? ¿Es la gracia de dar la voluntad de ser generoso con lo que Dios nos ha dado? ¿Es la certidumbre de que Dios suplirá para nuestras necesidades? ¿Son los resultados espirituales que la generosidad tiene: la acción de gracias y la oración? ¿O es la manera frecuentemente oculta en que Dios bendice a aquellos que son generosos? Por todos estos y más, ¡gracias a Dios!

One thought on “Ricos en buenas obras

  1. ”. Esto significa que seremos coronados como reyes del Reino como lo fue Jesucristo en su resurrección (Heb. 2:9, Apo. 5:10, Apo. 3:21), y esto significará nuestra glorificación. Nuevamente nuestra glorificación tiene que ver con nuestra coronación como autoridades reales o reyes del Reino de Cristo. Sólo los coronados son los nombrados para ser los ejecutivos del Reino mesiánico, y esto lo vislumbró claramente el profeta Daniel para los vencedores (Dan. 7:18,27). Esta era la gloria que tenía Dios—y Su Hijo, el Cristo—para ofrecer a todos los otros cristos o ungidos.

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