Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de los que lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos. Pues Dios conoció a los suyos de antemano y los eligió para que llegaran a ser como su Hijo, a fin de que su Hijo fuera el hijo mayor de muchos hermanos. Después de haberlos elegido, Dios los llamó para que se acercaran a él; y una vez que los llamó, los puso en la relación correcta con él; y luego de ponerlos en la relación correcta con él, les dio su gloria. Romanos 8:28-30

Romanos 8:26-39 es uno de los textos más alentadores de todas las escrituras si das por hecho que estás entre los predestinados y los llamados (vs. 29-30). Por lo contrario, si estás siempre dudando de que  el Padre de verdad te haya predestinado y llamado para ser formado a la imagen de su Hijo, entonces este pasaje tiene muy poco consuelo para ti y puede, de hecho, atormentarte. Después de todo, ¿qué cosa podría ser peor que saber que haya un grupo de afortunados que Dios ha elegido para la felicidad eterna y que tú no fuiste contado entre ellos?

Considerando esto, sería bueno comenzar por preguntarnos quiénes son los predestinados. ¿A quiénes creó el Padre para ser formados a la imagen de su Hijo? Estoy convencido en el Espíritu Santo que debemos entender Romanos 5 si queremos llegar a discernir quiénes son los predestinados. De hecho, estoy convencido que gran parte del error de los cristianos a lo largo de los siglos de leer Romanos 8 correctamente se deriva de leerlo fuera del contexto de Romanos 5. ¿Y no es acaso Romanos 5 el contexto correcto para Romanos 8? En otras palabras, ¿no tiene sentido que todo en Romanos 8 provenga y coincida con lo que le antecede en la misma epístola?  De otra manera, Pablo sería un lunático que se contradice a sí mismo de una página a la siguiente.

Ahora bien, ¿qué dice Romanos 5? Dice que Cristo murió por los pecadores (vs. 6-8). Dice que todo ser humano, desde el primero hasta el último, ha pecado. Esto implica que Cristo murió por todos. Romanos 5 también nos dice que fuimos puestos en una relación justa con Dios (justificados) cuando todavía éramos pecadores (v. 10). Esto significa que todos los seres humanos que jamás hayamos vivido y que viviremos, hemos sido hecho justos con Dios antes que pudiéramos hacer cualquier cosa para lograrlo. Y en caso de que no lo entendiéramos, Pablo continúa en Romanos 5 afirmando que así como el pecado de Adán hundió a la humanidad entera en el pecado, así también la justicia de Cristo trajo a la humanidad entera a la justicia del Dios Trino (vs. 12-19).

Debemos leer la gran promesa y esperanza de Romanos 8 en este contexto. En el contexto de que Cristo murió por todos, nos ha hecho justos a todos, y ha revertido la caída de Adán para restaurar a toda la humanidad a la relación justa con Dios. ¿Qué nos dice este contexto acerca de quiénes son los predestinados? ¡Nos dice que – en y por medio del Último Adán predestinado, Jesucristo – la humanidad entera está predestinada y llamada a conformarse en la imagen del Hijo! ¡Tú estás incluido! Y también lo están todos aquellos a quienes tú conoces y amas, y aún todos aquellos a quienes tú conoces y odias.

¿Pero qué decir entonces de textos como el pasaje del evangelio en Mateo 13? ¿Cómo es que algunos terminan llorando y crujiendo sus dientes si todos estamos incluidos? El comparar Romanos 8 con Mateo 13 nos ayuda a entender lo que en realidad es el infierno. El infierno significa el estar incluido en el amor y la gracia de Dios y rehusarse a participar. Fuimos creados con el propósito – predestinados – para ser formados a la imagen del Hijo. Cuando nos rebelamos contra el Espíritu del Padre y tratamos de negar la razón de nuestra existencia, nos acarreamos el dolor más grande que podamos imaginar ya que estamos peleando contra la naturaleza de la realidad misma. Las “llamas del infierno” son la metáfora más adecuada.

¿Qué o quién nos separará del amor de Dios? No hay nada en todo el universo que pueda separar a la humanidad del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Así que deja de pelear contra el Espíritu Santo y deja fluir el amor y la gracia de Dios. Créele a Dios que te dice que estás para siempre incluido en la vida de la Trinidad y que todas las promesas y toda la esperanza de Romanos 8 te pertenecen a ti.

Jonathan Stepp

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