¿Qué sucede cuando morimos?

¿Qué podía decir que no fueran palabras vacías, y sobre todo, que fuera cierto?

funeral

Un funeral nunca es fácil, pero éste iba a ser particularmente difícil. Janet parecía ser una persona exitosa, atractiva, con un vivo sentido del humor. Pero su vida se vino abajo.

Su esposo la abandonó en un divorcio complicado. Su negocio inmobiliario se desplomó. Luego se enteró de que tenía cáncer terminal. Era demasiado. Un día fijó una nota a la puerta de su garaje, diciendo: «Yo estoy aquí. Pero llamen a los servicios de emergencia primero». Luego tomó una escopeta y se mató. La familia, aturdida y tratando de dar sentido a la muerte de Janet, la habían incinerado, como Janet quería, pero también querían un funeral. Y me pidieron que yo lo oficiara.

El funeral fue muy concurrido y estuvieron representadas todas las partes del espectro religioso con muchas ideas diferentes acerca de Janet. Algunos estaban convencidos de que ella estaba en el cielo con Jesús. Otros creían que estaba dormida, esperando la resurrección. Algunos probablemente creían que ella estaba en el purgatorio (pero seguramente no por mucho tiempo, ya que era una cristiana devota y sincera). Algunos estaban convencidos de que, dado que Janet se había quitado la vida, Dios le había enviado directamente al infierno. Entonces, ¿quién tenía la razón? ¿O estaban todos equivocados? ¿Qué, precisamente, ha dicho Dios que nos sucede cuando morimos?

La muerte es una frontera a la que con razón muchos temen acercarse siquiera, y mucho menos cruzar. Es, como escribió Pablo, un enemigo (1 Corintios 15:26), y tratamos de mantenerla lejos el mayor tiempo posible. Pero con el tiempo nos conquista a todos. ¿Entonces qué? La mayoría de las personas tienen algún tipo de creencia de que la muerte no es el final. Entonces, ¿qué podía decir yo en este funeral, que no fueran palabras vacías, y sobre todo, que fuera cierto?

¿Qué dice la Biblia?

La respuesta no es lo muchos esperarían. Dios no nos ha dicho exactamente lo que ocurre inmediatamente después de morir. Él nos ha dicho que, y a causa de Jesús, tenemos la victoria sobre la muerte. Jesús nos aseguró que está deseoso de que nos unamos a él en experimentar la vida de una manera que nosotros los mortales no podemos imaginar, y su promesa es que esta nueva vida va a durar para siempre. Pero más allá de eso, la Biblia es frustrantemente imprecisa en los detalles. Sobre todo en los detalles de lo que ocurre inmediatamente después de morir. Nótese el énfasis en «inmediatamente».

Algunas escrituras indican que los muertos están «dormidos», y así, suponemos que no saben nada hasta el momento de la resurrección cuando Jesús regrese (1 Corintios 15:6, 1 Tesalonicenses 4:14). Sin embargo, otras escrituras dan a entender que los muertos están de alguna manera conscientes y experimentan emociones.

Dios no nos ha dicho con exactitud lo que ocurre inmediatamente después de morir.

Pablo no tenía miedo a la muerte física. Había, en algún momento de su vida llena de acontecimientos, dado un «paseo de visitante» en el cielo, transformando su visión del mundo. La vida «aquí abajo» se había hecho difícil y estaba ansioso por comenzar la siguiente etapa. Así que escribió a los filipenses: «Mientras yo esté vivo en este cuerpo, hay un buen trabajo para mí. Si tuviera que elegir ahora mismo, no sé qué escogería. ¡Difícil elección! Sé que el deseo de levantar el campamento aquí y estar con Cristo es poderoso. Algunos días no se me ocurre nada mejor» (Filipenses 1:22-23, El Mensaje).

Pero, ¿qué quiso decir con «estar con Cristo?» Él no lo explicó.

Juan, el autor del Apocalipsis, también habla de «ver» el cielo. «Yo vi debajo del altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y el testimonio que tenían. Ellos clamaban a gran voz, diciendo: “¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas a los habitantes de la tierra y dejas sin vengar nuestra sangre?» Después a cada uno de ellos se le dio una túnica blanca, y se les dijo que esperaran un poco más, hasta que el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser asesinados, como ellos lo habían sido, se completara» (Apocalipsis 6:9-11).

Para complicar aún más el tema están las propias palabras de Jesús. Justo antes de morir, le pidió al Padre que recibiera su espíritu (Lucas 23:46). Poco antes de eso, él hizo una promesa al ladrón arrepentido que estaba sufriendo la crucifixión a su lado. Este hombre creía que, después de la muerte, las personas buenas van al «paraíso». Aunque no había sido un buen hombre, se dio cuenta de que Jesús sí había sido, así que le pidió que lo recordara en lo que sea que sucediera después. Jesús le aseguró: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43).

Como puedes ver, la Biblia no nos da realmente una respuesta específica no ambigua a la pregunta de lo que nos sucede inmediatamente después de morir. Sin embargo, deja claro que la muerte es un punto de corte. Una fase de tu existencia se termina y otra fase está a punto de comenzar. Es como si Dios nos está diciendo: «No te preocupes por eso. Déjame a mí. Tengo las cosas bajo control».

Jesús nos muestra cómo es. Lo que la Biblia enfatiza es lo que el teólogo NT Wright ha llamado «la vida después de la vida después de la muerte», en nuevos cielos y una nueva tierra. Todas las pistas para esta vida provienen de Jesús.

Cuando Jesús murió en la cruz, el Padre recibió su espíritu, pero tres días después, Jesús resucitó y luego ascendió.

Él resucitó con un cuerpo. Un cuerpo real, reconocible, con genuinas partes corporales, no una manifestación tenue y etérea que podría hacer parecerse a un cuerpo cuando quisiera hacerse visible. Su cuerpo espiritual era una nueva forma de vida, una versión permanente y eterna de lo que había sido antes, un ser humano hecho inmortal. Sin dejar de cumplir con las limitaciones de tiempo y espacio, Jesús podía ir y venir desde las dimensiones que nosotros experimentamos hasta aquellas que están fuera de nuestro alcance, aunque no necesariamente más allá de nuestra imaginación.

La Biblia también nos dice que lo que le sucedió a Jesús también nos sucederá a nosotros. «Ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha dado a conocer. Pero sabemos que cuando él aparezca, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es» (1 Juan 3:2). Pero no es sólo una cuestión de «verlo» tan glorioso como puede ser. Apocalipsis 21 habla de nosotros viviendo con Dios, de tener comunión él, ése es el propósito para el cual hemos sido hechos y la finalidad para la que se nos ha dado la salvación. Vamos a vivir con el Dios trino en interminable amor, alegría y paz. Se nos ha dado promesas preciosas y grandísimas, dice Pablo, y Dios va a hacer más para nosotros que incluso no podemos pensar en pedir o imaginar.

Este, entonces, es el enfoque de la Biblia cuando habla de la vida después de la muerte: Jesús mismo es el camino nuevo y vivo (Hebreos 10:20). Nuestra nueva vida sin duda será un descanso de ansiedad, sentimientos de culpa y de las limitaciones de nuestros cuerpos frágiles. Pero, aún más, estará llena de actividad y experiencias, todo lo que puedas desear en esta vida, y mucho, mucho más. La eternidad la pasaremos en una especie de inframundo nebuloso, completamente ajeno a todo lo que hemos experimentado y todo lo que nos gusta. «Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para los que le aman«, escribió Pablo a los corintios. Y añadió: «Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu» (1 Corintios 2:9-10).

En este momento sólo tenemos unos pocos vislumbres. Podemos saborearlo cuando la experimentamos las cosas maravillosas de la vida ahora. El amor humano, el logro duramente ganado, las amistades profundas y los actos de altruismo genuino. Esos momentos cuando pensamos: «Ojalá la vida fuera siempre así» no dan «vislumbres del futuro» a otro tipo de existencia. Es la forma en que se supone que debemos vivir, la forma en que el mundo podría ser y será un día. Esto nos anima a unirnos a Jesucristo esperando, como dijo Pablo, con «anticipación gozosa».

Así que, ¿podría ser que la anticipación gozosa continúa de alguna manera inmediatamente después de nuestra muerte física? Aunque no debemos ser dogmáticos, hay suficiente en las Escrituras para mostrar que esta es una fuerte posibilidad.

Esto es lo que pasaba por mi mente mientras me preguntaba qué decir en el funeral de Janet. Decíamos adiós a un ser querido, pero creo que Dios estaba diciendo: «Hola. Bienvenida no a tu descanso eterno, sino al resto de la eternidad».

Cuando se quitó la vida, Janet se enfrentó a su último enemigo. Nunca más se enfrentará a otro. Sus días de dolor y desesperación se han acabado. Cualquiera que sea su estado actual, su futuro está seguro en los brazos de un Dios amoroso. Esto es lo que aquellos que la amaban necesitaban saber. Salí a la capilla, ante el público y dije: «En esta urna pequeña está todo lo que queda de Janet y que Dios no quiere.»

Después les dije el resto de la verdad. ◊

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