Pensando en voz alta Por  Barbara Dahlgren

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Tal vez Dios nos llama a vivir vidas ordinarias tratando de hacer lo que él quiere que hagamos en cualquier circunstancia dada.

misionLas personas que tienen un propósito en la vida viven vidas más saludables y más largas, concluyó la neuropsicóloga Patricia Boyle. La Dra. Boyle fue citada en un artículo del Wall Street Journal por Diane Cole titulado «¿Por qué usted necesita encontrar una Misión?» (14 de enero de 2013). Tener un propósito, señaló Boyle, ralentiza el deterioro cognitivo. Cuando se le pidió definir el propósito en la vida, Boyle respondió: «Es la sensación de que tu vida tiene sentido. Estás comprometida en cosas que crees que son importantes en un nivel más amplio, más allá de ti mismo”. Siguió diciendo: «Tener un propósito no es algo que simplemente sucede sin que seas activo e intencional». Encontré este artículo incitante a pensar, especialmente desde una perspectiva cristiana.

Para ser honesta, yo no soy grande en «misiones» y «declaraciones de misión». Para mí, la palabra «misión» suena orientada a las tareas. Siendo un poco perezosa, tiendo a alejarme de algo que parezca remotamente más trabajo que podría tener que hacer. Pero me gusta la palabra «propósito». Para mí, propósito indica hacer una diferencia en mi vida y me recuerda que lo que hago cada día le interesa a Dios y a los que me rodean.

Nunca voy a ser una Madre Teresa, y nunca seré un doctor Albert Schweitzer o un Billy Graham. Pero sugiero que no es lo que Dios específicamente me llama a hacer. Tal vez Dios nos llama a vivir vidas ordinarias intencionalmente tratando de hacer lo que él quiere que hagamos en cualquier circunstancia dada.

Aunque admiro a los grandes líderes misionales que hacen cosas extraordinarias, creo que Dios está tan satisfecho con la abuela centrada en Cristo que cría a sus nietos con los principios divinos porque su hija drogadicta está en la cárcel. El cónyuge que alegremente cuida a su pareja con Alzheimer toca mi corazón. La policía con un devocional en el bolsillo que se pone en peligro para proteger a otros pinta un cuadro de lo que el cristianismo se trata.

Pienso en el soldado que lucha por mi libertad pidiendo consejo a un capellán y alabando a Dios porque el capellán está ahí. El guerrero de oración que envía tarjetas y cartas de aliento está en misión con Dios. La madre soltera empleada en el supermercado, trabajando en dos empleos para mantener alimentada a su familia, que me sonríe y me dice tenga un bendecido día, está en misión. El maestro dedicado, tratando de enseñar moral a sus alumnos, a pesar de los bajos salarios, el hacinamiento en las aulas, y los programas con financiación insuficiente, tiene el corazón de Dios y entiende su misión.

La Misión es hecha por gente común que depende de nuestro Dios extraordinario; personas que ven su propósito como simplemente tratar de vivir una vida cristiana. Al vivir en misión, dan gloria a Dios y afectan positivamente a los que les rodean.

Para algunos de nosotros creo que nuestra misión – nuestro propósito en la vida – es tan simple como compartir el amor de Dios por la forma en que vivimos nuestras vidas. Porque somos hechura suya, creados para vivir nuestras vidas de acuerdo a su voluntad (Efesios 2:10). Si nos quedamos centrados en Dios, él le dará sentido a nuestra vida, manteniéndonos enfocados y motivados, y nos proporcionará la fuerza para seguir en el camino (Filipenses 4:13). †


Odisea Cristiana 49Este artículo fue publicado en la Revista Odisea Cristiana No. 49

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