Paulina de Barrero

Proverbios 18:24 nos dice:” El hombre que tiene amigos, ha de mostrarse amigo y amigo hay más unido que un hermano”

Es bueno y agradable tener amigos.

Amistad es una relación de afecto que se establece entre dos personas y que muchas veces sobrepasa la fuerza de una relación de hermanos así como lo leímos en Proverbios 18:24

Los buenos amigos son los que se ayudan a crecer, a desarrollar sus habilidades. Son los que se preocupan por el bienestar físico y emocional del otro. Permiten ser independientes, respetan las convicciones, los deseos y muchas veces corrigen. Todas las amistades profundas y auténticas deben estar fundamentadas sobre el respeto, la sinceridad y franqueza.

La verdadera amistad aprende a resolver conflictos ya que son inevitables en las relaciones humanas. Debemos ser conscientes que conflictos siempre habrá, por eso es esencial aprender a manejarlos. La verdadera mistad aprende a resolverlos y a sobrellevarlos.

Conozco a una señora, esposa de un pastor, que de un momento a otro se sintió sola. Se dio cuenta que no tenía una amiga. Así que al sentir la necesidad fue en oración ante Dios y le pidió una amiga. Lo hizo con todo su corazón. Pasaron algunos días y de pronto ella se encontró con su vecina que vive en la siguiente casa. Durante todo el tiempo que ellas llevaban como vecinas no habían pasado del saludo, pero en esta ocasión cada una se mostró más receptiva a la otra. Entablaron una conversación y terminaron en la sala de la casa. Esta vecina también le había estado pidiendo a Dios por una amiga. Ahora, tienen una amistad sincera, basada en el respeto y en el amor de Dios.

Este ejemplo, nos anima a cada una de nosotras a no estar solas, a buscar verdaderas amistades, a mostrarnos amigables y a pedirle a Dios para que tengamos verdaderas amigas. Amistades que nos ayuden a ser mejores mujeres, mejores esposas, mejores madres. Que nos ayuden a crecer y de igual manera nosotras ayudemos a nuestras amigas a crecer, a ser mejores cada día.

Hay también amistades que no son buenas. Nos damos cuenta de esto cuando empezamos a depender demasiado de una persona o cuando alguien comienza a depender demasiado de nosotras. Nos damos cuenta que una amistad no es saludable cuando comenzamos a ver que nuestras relaciones de pareja o de familia son estropeadas. Cuando vemos que la amistad no está en el lugar que le corresponde. Por eso, debemos tener claro que en el orden de nuestras prioridades primero debe estar Dios, luego nuestra familia y entonces si las amistades. Debemos cuidar que todo tenga su lugar. Además para mantener amistades saludables no debe faltar el respeto, la prudencia y sobre todo tener en cuenta que una verdadera amistad es aquella donde cada una está creciendo, se está renovando y está contribuyendo para que la amiga sea mejor mujer, mejor esposa, mejor madre.

Recordemos el versículo de proverbios 18:24 “El hombre que tiene amigos, ha de mostrarse amigo y amigo hay más unido que un hermano”

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