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El enemigo número uno de la formación cristiana de hoy es el agotamiento. Estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades, tanto financiera como físicamente. Como resultado de ello, una de las principales actividades de la vida humana está siendo desatendida: el sueño.

Según numerosos estudios, la persona promedio necesita aproximadamente ocho horas de sueño con el fin de mantener la salud. Fuimos creados para pasar una gran parte de nuestra existencia esencialmente no haciendo nada. El fallar en vivir así resulta en hacer daños a la salud física, pérdida de energía, y la disminución de la productividad.

De hecho, nuestra privación del sueño a menudo perjudica a otros. Más personas mueren cada año por conductores somnolientos que por conductores ebrios. En un estudio realizado por el Instituto Nacional de Salud Mental en el que se permitió a los participantes «dormir todo lo que fuera posible» cada noche, en el promedio de personas, durmieron 8.5 horas. Los que participaron en el estudio dijeron que se sentían más felices, menos cansados, más creativos, enérgicos y productivos. Dios nos diseñó para ser buenos administradores de nuestra vida – cuerpo, mente y alma.

Hay que empezar con el cuidado de nuestro cuerpo, que al parecer requiere siete a ocho horas de sueño cada noche. Cuando lo dejamos de hacer, obviamente, se traduce en fatiga y, en consecuencia, el fracaso en otras áreas de nuestras vidas.

¿Qué tiene esto que ver con la formación espiritual cristiana? La persona humana no es solamente un alma alojada en un cuerpo. Nuestros cuerpos y almas están unificados. Si nuestros cuerpos sufren, también lo hacen nuestras almas. No podemos descuidar el cuerpo al buscar el crecimiento espiritual. De hecho, descuidar nuestros cuerpos necesariamente impide nuestro crecimiento espiritual.

La disciplina del sueño

Por lo menos un día de esta semana, duerma hasta que no pueda dormir más. Si es necesario, escoja un día en el que pueda dormir. Su objetivo es dormir o permanecer en la cama, hasta que finalmente pueda decir: estoy completamente descansado. No necesito permanecer en la cama ni un minuto más. Puede que tenga que solicitar la ayuda de otras personas si tiene familiares que necesitan su atención.

Los siguientes son algunos consejos para ayudarle a conciliar el sueño:

  1. Ir a dormir a la misma hora cada noche.
  2. Trate de no participar en actividades que aumentan el estrés, tales como ver la televisión o pasar tiempo en la computadora justo antes de acostarse.
  3. Si se ve afectado por la cafeína, evite tomarla por la noche.
  4. No se obligue a conciliar el sueño. Si usted no se siente somnoliento, lea un libro, medite un salmo, escuche música suave, o siéntese a mirar por la ventana hasta que sienta soñoliento. Hasta que su cuerpo esté listo para dormir, dar vueltas en la cama no le va a funcionar.
  5. Si se despierta en medio de la noche, y no tiene que levantarse, permanezca en la cama. Dele a su cuerpo la oportunidad de volver a dormir.

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