En otras palabras…

El príncipe que huele bien

por James Henderson
Diferentes culturas usan una gran variedad de palabras y expresiones para referirse a “Dios”. En Madagascar, un país isla en la costa sureste de África, a Dios lo llaman Andriamanitra. Esto significa “el príncipe que huele bien”.
¡La implicación de Andriamanitra es que Jesús vive!
Todos los ancestros, a quienes los madagasqueños orarían, están muertos, y olerían mal ya que sus cuerpos están descompuestos en la tumba, tal como Lázaro olería a pesar del uso de aceites fragantes en el proceso de embalsamamiento (Juan 11:39).
Sin embargo, Jesús, el mayor ancestro, cuyo sacrificio fue un “fragante aroma” (Efesios 5:2), ha resucitado de los muertos, y está vivo, llenando al creyente con el aliento de vida eterna.
Esta idea tiene una implicación directa para nosotros en nuestro caminar cristiano. El apóstol Pablo nos recuerda que los obreros cristianos son para Dios la fragancia de Cristo resucitado. Esta fragancia es “ese suave aroma que Cristo ofrece a Dios. Somos como un perfume que da vida a los que creen en Cristo. Por el contrario, para los que no creen somos como un olor mortal”. (2ª Corintios 2:16, Biblia Lenguaje Sencillo).
Al hacer la obra de Cristo, esparcimos el refrescante y vivificante perfume del ¡Príncipe que huele bien!

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