Por Wilfrido González

¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso;
humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido?
(Isaías 58:3)

ninos con hambreHace varios años que yo no ayuno, por lo menos no como comúnmente se entiende el ayuno bíblico – abstenerse de todo alimento y bebida por un periodo de 24 horas (o más) – porque la Biblia habla de otro tipo de ayuno: Aquel al que Dios llama “el ayuno que yo escogí”. ¿Qué tipo de ayuno es ese?

Al principio de mi conversión yo ayunaba por lo menos una vez al año, en el Día de Expiación, como lo indica Levítico 16:29-30: “Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis… porque en este día se os reconciliará para limpiaros; y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová”. Y, aunque aquí no dice qué significa “afligiréis vuestras almas” eso nos lo interpreta el Salmo 69:10: Y lloré afligiendo con ayuno mi alma… Así que “afligir nuestras almas” significa ayunar. (Énfasis mío en todo el artículo).

Y muchos cristianos acostumbran ayunar con cierta regularidad o de vez en cuando. Yo respeto ese ejercicio espiritual y entiendo que quien lo practica lo hace con firme convicción (porque no es fácil), y entiendo que los creyentes en general vemos el ayuno como un medio de acercarnos a Dios pero en mi peregrinaje cristiano personal he pasado por varias etapas en mi práctica del ayuno.

Primero lo hacía por cumplir el mandamiento de Levítico 16:29. Luego, cuando en la Iglesia entendimos que el Antiguo Pacto está obsoleto (Hebreos 8:13), dejé de practicar el ayuno como un mandamiento pero seguía procurando practicarlo simplemente como un medio de acercarme a Dios. Pero yo tenía un problema: Después de medio día de ayuno me debilitaba tanto (sí, yo no aguanto mucho) que no podía hacer nada más que estar en cama. No me podía concentrar en el estudio bíblico, en la oración ni en la meditación, mucho menos podía servir a quienes necesitaran algún tipo de ayuda. Para mí en lo personal eso no parecía de provecho alguno (ni para mí ni para Dios ni para otros a quienes yo pudiera ayudar en circunstancias normales). En mi mente parecían resonar las palabras de Dios registradas en Isaías 1:11: “¿De qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios?” Y yo no encontraba una respuesta convincente en la práctica del ayuno tradicional. Tenía que haber algo más…

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La idea es que deseas algo pero te lo niegas voluntariamente porque buscas acercarte a Dios – un ejercicio espiritual que ciertamente puede ser beneficioso para el creyente.

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Al paso del tiempo me llamó la atención el ayuno parcial como el que se describe en Daniel 10:2-3: En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas. “No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con perfume, hasta que se cumplieron las tres semanas”. Eso tenía sentido para mí, y lo empecé a practicar: Lo que hacía era abstenerme por algún período de tiempo de algunos alimentos, condimentos o bebidas que me gustan mucho como, por ejemplo, pan dulce, café y chile (ají) o me abstenía de ver en la televisión alguno de mis programas favoritos… ¡hay tantas opciones para este tipo de ayuno! La idea es que deseas algo pero te lo niegas voluntariamente porque buscas acercarte a Dios – un ejercicio espiritual que ciertamente puede ser beneficioso para el creyente. El caso es que con ese tipo de ayuno ya no me debilito, y puedo hacer mis actividades regulares mientras me mantengo en “sintonía” con Dios – y por eso sigo practicando el ayuno parcial en diferentes formas. Pero yo sentía que debía haber algo más…

Finalmente, en mi estudio y meditación del tema encontré nuevo significado en lo que Dios nos dice por medio del profeta Isaías: “¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que encorve su cabeza como junco, y haga cama de telas ásperas y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? El ayuno que yo escogí ¿no es más bien desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, dejar ir libres a los quebrantados y romper todo yugo? ¿No es que compartas tu pan con el hambriento, que a los pobres errantes albergues en casa, que cuando veas al desnudo lo cubras y que no te escondas de tu hermano?” (Isaías 58:5-7)

¡En estos versículos encuentro un significado tremendo! ¡Revolucionario, diría yo! Dios nos está diciendo que El prefiere otro tipo de ayuno: El AMOR en dos aspectos generales: Relaciones positivas (“desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, dejar ir libres a los quebrantados y romper todo yugo”, y ayudar a los necesitados (“que compartas tu pan con el hambriento, que a los pobres errantes albergues en casa, que cuando veas al desnudo lo cubras y que no te escondas de tu hermano”).

pobrezaextrema¿Cómo puede ser eso – que amar (ágape) sea una forma de ayunar? ¡SI! El que ama vive en un ayuno permanente porque aunque sienta el impulso de tratar mal a alguien tendrá piedad de él, no lo oprimirá, no lo quebrantará sino que le quitará el yugo de su desprecio. Esto puede “afligir tu alma” porque va contra los impulsos naturales de tu mente carnal pero estarás sirviendo a Dios porque con tu actitud reflejarás y comunicarás su amor a los demás, y promoverás la armonía y la paz – la presencia de Dios en la Tierra.

Así mismo el que ama vive en un ayuno permanente porque “comparte su pan con el hambriento”. Y no te imagines simplemente que tienes una pieza de pan que vas a comer, y que la partes y le das la mitad a alguien que no tiene nada que comer – esa es una forma muy simplista de verlo. Imagina más bien que recibes tu salario (o comisión de ventas, o pensión, etc.) y consistentemente apartas una ofrenda para la proclamación del Evangelio (compartir el “pan de vida”), y apartas un donativo para alguna organización de ayuda humanitaria o personalmente das ayuda (en efectivo, despensa, etc.) a alguien que tiene una necesidad real, y te abstienes tal vez de algunas idas al cine o al restaurante o te conformas con tu televisor de pantalla de 22 pulgadas y no te compras ese magnífico televisor de 40 pulgadas de alta definición. O en algunos de tus fines de semana, en lugar de ir al parque o a la playa (o de simplemente “flojear” en casa), te voluntarias para servir en alguna actividad de ayuda a los necesitados. Y afliges tu alma porque le niegas algunos placeres pero lo haces para partir tu pan con el hambriento, cubrir al desnudo, y hacer obras similares en “sacrificio vivo”. A fin de cuentas te estás acercando a Dios porque “en cuanto lo hiciste a estos mis hermanos más pequeños a mí me lo hiciste” (Mateo 25:40), y de manera tangible llevas el Reino de los Cielos a sus vidas – llevas a Cristo a sus vidas. Y cuando recuerdes la pregunta de Dios – “¿de qué me sirven tus sacrificios?” – te alegrarás al responder: “Sí, lo que hago sí le sirve a Dios – permito que Él obre por medio de mí”.

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Imagínate que pasaría en este mundo si todos practicáramos el “ayuno que Dios escogió”. ¿Acaso no se acabaría el hambre?, ¿acaso no se acabarían las guerras?

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Por todo eso yo he adoptado este tipo de ayuno, y te aseguro que es una maravillosa forma de ayunar, y después de 35 años de haber aceptado andar el Camino de Cristo creo que este ayuno es lo más provechoso que puedo hacer como cristiano porque me beneficia a mí (me acerca a Dios), beneficia a otros, y mis “minas” y mis “talentos” rinden ganancia para Dios porque su riqueza (almas que lo conozcan y lo adoren) estará creciendo. Y no digo que dejes de practicar el ayuno tradicional pero imagínate que pasaría en este mundo si todos practicáramos el “ayuno que Dios escogió”. ¿Acaso no se acabaría el hambre?, ¿acaso no se acabarían las guerras?, ¿acaso no se acabarían los divorcios, la criminalidad y el maltrato a niños y a ancianos? ¿Acaso no estaría preparado el camino para la segunda venida de Cristo? ¡Yo creo que sí!

Así veo que tiene mucho sentido “el ayuno que Dios escogió” y ruego al Padre que, en Jesucristo, su Espíritu me fortalezca para practicar ese ayuno de manera cada vez más consistente y que, por medio de este escrito, Él inspire a muchos a hacer lo mismo. Amén.  ◊ 

Wilfrido GonzalezWilfrido González vive en Tijuana, México, y es co pastor de la congregación de la Comunión de Gracia Internacional en Tijuana, México.

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