O T R A   M I R A D A

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En verdad hay algo más asombroso que el hecho de que el Hijo del Padre bajó de los cielos para estar entre nosotros ­ y es que lo rechazamos.

Las narraciones de los Evangelios no retratan a la gran muchedumbre observando con horror cómo un puñado de hombres malvados desempeñan sus políticas de poder y acaban con su mayor amenaza. Los mandamases querían a Jesús muerto, desaparecido, eliminado – y también la multitud quería eso.

Sin embargo, los gritos de, «¡Crucifícalo, crucifícalo!» dicen mucho más que simplemente «queremos a este hombre fuera de la foto». Aquí hay profunda amargura, hostilidad y desprecio, ira, enemistad. Dale vinagre. Maldecidle. «No tenemos mas rey que el César”.

Es realmente sorprendente el hecho de que el Hijo del Padre se convirtió en lo que somos, y es aún más asombroso que lo hayamos rechazado, maltratado y crucificado, pero todavía es más increíble como Jesús voluntariamente aceptó y soportó todo, cuando una sola palabra suya hubiera desatado legiones de ángeles en su defensa.

O el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo fueron sorprendidos por nuestro odio hacia Jesús, o aquí hay trabajando un genio rescatador demasiado hermoso para describir con palabras.

¿Acaso el Dios Trino no había previsto el rechazo de los judíos y los romanos? ¿Se sorprendió el Padre cuando matamos su solución? ¿O será que el vil rechazo del Hijo del Padre por parte de la raza humana fue claramente anticipado e incorporado como una parte fundamental para lograr nuestra reconciliación? ¿Podría ser que la manera de reconciliación del Dios Trino implica su aceptación de nuestro odio? ¿Podría la llave a la reconciliación ser la sumisión voluntaria por parte de la Trinidad a nuestra estrafalaria oscuridad y su crítica amarga?

¿Qué pecado puede ser más atroz que odiar – y luego asesinar – a Dios, y qué reconciliación podría ser más preciosa, personal y real que la del Señor entregándose voluntariamente en persona a sufrir nuestra ira, por ello encontrándose con nosotros en nuestra horrible oscuridad?

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo por siempre se han preocupado por amarnos y por acercarnos a saborear, sentir y conocer su amor (adopción), pero ¿cómo podemos llegar a personas tan perdidas en su confusión que se esconden atemorizadas de ti? Nos podemos acostumbrar tanto a oír acerca de Jesús sufriendo la ira de Dios que nos impida ver la clara indicación del Nuevo Testamento de que él sufrió por causa de nuestra ira. Y al sufrir nuestra ira, al soportar nuestro desprecio, él realmente nos estaba tendiendo la mano en nuestra terrible oscuridad, para así llevar la relación con su Padre y su propio ungimiento en el Espíritu Santo a nuestro mundo carnal.

La historia de la Navidad no es solamente una bonita historia sobre el niño Jesús; es una historia del amor asombroso del Dios Trino – un amor decidido en encontrarse con nuestro verdadero y quebrantado yo, un amor que se rebaja y sufre por encontrarnos, sin duda, un amor que se convierte en el chivo expiatorio de nuestra hostilidad con tal de llegar a nosotros en nuestros sufrimientos.

Jesús, el Hijo del Padre, el Ungido del Espíritu Santo, cargó con nuestro desprecio, sufrió nuestra hostilidad y rechazo a fin de acercarnos su vida y la de su Padre y el Espíritu Santo, para siempre. Y lo ha hecho. Odisea Cristiana

El Dr. C. Baxter Kruger es el Director de Ministerios Pericoresis y Presidente de una compañía de anzuelos de pesca. Para más información visite www.perichoresis.org

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