En el 2004, Tim Brassell, Pastor de la Iglesia Comunitaria Nueva Creación, una congregación de Comunión de Gracia Internacional en Portsmouth, Virginia, entrevistó al autor cristiano Robert Farrar Capon en la casa de los Capon en la Isla Shelter, Nueva York. Aquí está la cuarta parte de esa entrevista.
Tim Brassell: ¿Cómo describiría usted el pecado imperdonable?
 
Robert Capon: Concluyo que no hay tal. ¿O se refiere usted al ‘pecado contra el Espíritu Santo’?
 
TB: Sí, a eso me refiero.
 
RC: Cuando usted dice ‘pecado contra el Espíritu Santo’ tiene que significar: darle uno la espalda al Espíritu Santo, quien toma de lo que le pertenece a Cristo y nos lo muestra a nosotros. Si usted no está dispuesto a tomar eso, a estar abierto a lo que el Espíritu Santo muestra acerca de Cristo, entonces eso le desconecta a usted automáticamente. No es que usted sea castigado. Significa que usted mismo se ha cegado a la comunicación del Espíritu hacia usted, acerca de lo que Cristo es para usted desde la fundación del mundo.
 
TB: Eso me recuerda a lo que C. S. Lewis decía al final de su libro Crónicas de Narnia, en La Última Batalla.
 
RC: Sí— es un libro maravilloso.
 
TB: Los duendecitos, se rehusaban a verlo.

RC: Esa fue una imagen maravillosa. Esa fue una pincelada genial en La Última Batalla.
 
TB: ¿Cuáles son algunos de sus escritores cristianos favoritos?
 
RC: Déjeme contarle algo de mi historia. Cuando tenía 17 años, era C. S. Lewis. Y entonces él me condujo, por causa de sus amables palabras, a G. K. Chesterton. Leí su libro, Ortodoxia. Es un libro maravilloso. Hay un capítulo en ese libro llamado “La Ética de Duendelandia”.
 
Duendelandia es la tierra de los cuentos de hadas y de los cuentos de niños—y de todos esos cuentos que la raza humana ha hecho, y él dice algo que pienso que aplica a los milagros. Los milagros no son lo que nosotros pensamos que son. La manzanas son doradas en duendelandia sólo para refrescar el momento olvidado cuando averiguamos por primera vez que eran verdes. En duendelandia corre vino en los ríos, sólo para acordarnos por un loco momento que corre agua en ellos.
 
La creación es tan milagrosa ahora como lo era en el principio, porque la redención está presente en todo momento y en todo lugar a lo largo de cada parte de la creación. La creación y la redención son un acto, no dos. No hay la una sin la otra, y nunca ha sido de otra manera desde el mismo principio. En el momento en que Adán y Eva comen del fruto del árbol, son redimidos. No por ese acto, sino por Aquel que los creó. Y por tanto, todo lo que pasa después de eso es una proclamación del evangelio.
 
El ángel con la espada flameante es una proclamación del evangelio porque dice, miren, en su condición ni siquiera pensaría en dejarles tratar de regresar por sí mismos. Ustedes no pueden regresar, ustedes sólo pueden meterse más en el desorden que han creado, pero yo les seguiré en cada paso del camino.
 
Para regresar a la analogía de la Biblia como una película, usted ve estos eventos como una película, ¿y qué piensa usted? Bueno, al principio no está claro, pero usted sabe que ella está yendo hacia algún punto. Entonces, una vez que usted ve a Cristo en la cruz, a Cristo resucitado y a Pablo escribiendo sobre el misterio de Cristo—¡wow! Ahora usted sabe lo que está detrás de todo en la película desde el principio.
 
Esa es la razón por la que una concordancia es la más grande ayuda en la interpretación de la Escritura. Y los predicadores son buenos hasta el punto que ellos tienen en su mente una concordancia para los pasajes de la Escritura. Y así es cómo, por ejemplo, trabajaba Agustín—lo tenía todo en su cabeza—todas las referencias de la Escritura. Usted tiene que ver la Biblia como una historia completa, con la redención en Cristo como el tema y la trama centrales, el punto completo de la historia desde la primera escena.
 
¿Sabe usted qué es divertido? Cuando vea una película, trate de identificar la figura de Cristo. Quiero decir, la figura que hace funcionar la trama. Ni siquiera tiene que ser un personaje humano. Es aquella que hace para la trama de esa película en particular, lo que Jesucristo hace para el mundo.
 
Hay una película con Woody Allen llamada Septiembre. Es acerca de una familia grande en una casa de verano en Nueva Inglaterra—una maravillosa y lujosa casa de verano. Ella había estado en la familia por años y años. Ahora bien, ésta es la familia más disfuncional que usted pudiera encontrar en cualquier lugar. Todos están al acecho de todos, se están desbaratando y mucho más. Ya que todos están tan corrompidos, ¿en dónde encuentra usted la figura de Cristo? Bueno, ¿qué los mantiene a todos juntos? La casa. La casa es la figura de Cristo en la película. Ella ya estaba en las vidas de todos ellos antes de que empezara la historia. Ella era parte de la historia de ellos. Ella era parte de la formación de ellos. Ella estaba haciendo la obra de Jesús en los términos de esa historia.

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