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por John McLean

Melanie pasaba por momentos de gran tensión. Entre problemas familiares y financieros, ella todavía tenía que encontrar energía para ir a trabajar, cuidar sus niños y hacer las tareas domésticas. Y cada vez más parecía demasiada carga. Sus amigos notaron su cambio de comportamiento. Antes conversadora, divertida y creativa, ahora estaba retirada y desanimada. Normalmente alegre, se hizo impaciente y comenzó a quejarse de la gente y de las circunstancias en su vida. ¿Ella quería cambiar —¿pero cómo? Necesitaba un primer paso, un lugar inicial.

gratitud photoUn día Melanie oyó en la radio que tomar tiempo cada noche para anotar tres cosas buenas que le pasaron a ella ese día, y ser agradecida de esas cosas, podría hacer una diferencia positiva. Si sólo fuera así de fácil, pensó ella. Pero en este punto estaba suficientemente desesperada para intentarlo. Al menos esto no podría hacerle daño, razonó.

Después de una semana, estaba asombrada. Después de un mes, estaba convencida. Algo tan simple como tomar tiempo para pensar en cosas buenas que habían pasado en su vida cada día en vez de dejar su mente volver a recordar cosas negativas y frustrantes había cambiado su enfoque. Y hacer una pausa para dar gracias por esas cosas reorientó sus pensamientos y prioridades positivamente.

«Esto cambió mi vida,» dijo Melanie.

Según el Dr. Martin Seligman, Profesor de Psicología en la Universidad de Pensilvania, EEUU, una investigación considerable confirma la simple verdad: la gratitud es una de las más, si no la actitud más significativa, directamente relacionada con la satisfacción de vida y la felicidad.

Irónicamente, nuestras vidas agitadas y ocupadas a menudo nos dejan con poco tiempo para contemplar las cosas buenas por las cuales podemos estar agradecidos. Parece que la siguiente tarea, la siguiente tarea, o la próxima fecha límite, siempre exigen nuestra atención inmediata. Debido a una cultura que define la felicidad como «más», es de poco extrañar que veamos un alza en cuestiones de salud mental y depresión en nuestras sociedades occidentales. En una búsqueda tan frenética del trabajo, la casa, el automóvil, la televisión, el equipo de sonido —aún la esposa y la familia — “perfectos”, siempre encontraremos desilusión, porque pronto ansiaremos algo más o mejor.

La gratitud es el antídoto a la ansiedad y la frustración de la vida en esta cultura de «dame más». La verdadera satisfacción de vida implica llenar nuestras mentes de emociones y actitudes constructivas y sanas. La Biblia, por supuesto, siempre ha afirmado la gratitud como central a una vida plena. La gratitud es una respuesta fundamental a la gracia de Dios para y en nosotros. Pero, tristemente, hasta las iglesias cristianas pueden añadir desaliento a la vida sin estar consciente de ello, por medio del legalismo, críticas y expectativas poco realistas.

Pablo escribió que es la voluntad de Dios para nosotros en Cristo «siempre dar gracias» (1 Tesalonicenses 5:16-18). No que necesariamente demos gracias por cada circunstancia, sino en cada circunstancia. Esto es otro modo de describir lo que Jean-Pierre de Caussade, jesuita francés, llamó «el sacramento del momento actual», esto es, reconocer que cada momento es especial y sagrado debido a la presencia de Dios.

En vez de seguir adelante con el siempre evasivo «más», en vez de irse corriendo al siguiente proyecto, en vez de esperar a estar agradecidas hasta que las cosas finalmente resulten como deseamos, podríamos elegir simplemente hacer una pausa ahora mismo, en el presente, y dar gracias por lo que Dios nos ha dado ya en Cristo.

Sólo toma un momento para pensar en por qué tienes que estar agradecido. ¿Necesitas una pista? Considera algo por lo cual puedes expresar gratitud a Dios en estas tres áreas: 1) tu familia y amigos, 2) tu escuela o vida de trabajo, y 3) tu iglesia local. También podrías querer escribir un diario de gratitud, como Melanie hizo, en el que pones una lista de tres cosas buenas en tu vida cada día por las que puedes dar gracias a Dios.

Esto es un buen punto para comenzar. Pero es sólo un principio, una introducción a un viaje de toda la vida de la gratitud por medio de la transformadora presencia de Cristo resucitado. Y cuando seguimos en fe participando en y compartiendo la vida y amor de Dios, nuestra vida entera como cristianos se convierte en una acción de gracias a nuestro bondadoso Dios. Y esa es en realidad una cosa buena.

John McLean es Director Nacional de la Comunión de Gracia Internacional en Australia y está trabajando con Church Life Survey en el desarrollo de recursos de liderazgo.

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