Cansado de la vida,
con todo por qué vivir
P o r  J o h n H a l f o r d

Como miembro de nuestra Asociación Ministerial local, me tocó el turno del Estudio de Biblia en uno de los asilos de ancianos. Los que viven allí suelen vivir mucho tiempo y algunos están en sus ochentas o noventas, y sus mentes aún están brillantes.
Una dama que cumplirá 100 años el próximo año, me preguntó: “¿Por qué Dios me permite vivir tanto? ¿De qué sirve vivir más?¿Cómo responde usted a eso? Le dije que tenía que pensar sobre esto. Una semana después todavía seguía pensándolo.
Cuando nos reunimos de nuevo le dije: “No tengo la respuesta para su pregunta. Pero permítame mostrarle algunas cosas en la Biblia que estoy seguro que usted no sabía que estaban allí”. Le pedí al grupo que pasaran al libro de Eclesiastés. Tomó unos pocos momentos para encontrarlo. A muchos de nosotros, aún si hemos sido cristianos toda la vida, nos cuesta encontrar los libros del Antiguo Testamento.
Al contrario de los Proverbios, que están dirigidos a los jóvenes, Eclesiastés parece estar dirigido a los ancianos. El autor (probablemente el rey Salomón) mira hacia atrás a una larga y ocupada vida. Él ha “estado allí y hecho eso”, y contempla no solamente sus logros considerables, sino también la futilidad de todo. Es un libro sorprendente.
Citaré de la versión de la Biblia al día, que hace aún más claras las observaciones críticas.
Comienza diciendo: Lo más absurdo de lo absurdo, —dice el Maestro—, lo más absurdo de lo absurdo, ¡todo es un absurdo! (1:2) y continúa: ¿Qué provecho saca el hombre de tanto afanarse en esta vida? Generación va, generación viene, mas la tierra siempre es la misma.(Versos 3 y 4). Continúa así a través de los 12 capítulos. Todas las cosas hastían más de lo que es posible expresar. Ni se sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír. Lo que ya ha acontecido volverá a acontecer; Lo que ya se ha hecho se volverá a hacer ¡y no hay nada nuevo bajo el sol! (1: 8-9).
Quise luego hacer la prueba de entregarme al vino —si bien mi mente estaba bajo el control de la sabiduría—, y de aferrarme a la necedad, hasta ver qué ventaja le encuentra el hombre a lo que hace bajo el cielo durante los contados días de su vida. (2:3) Consideré luego todas mis obras y el trabajo que me había costado realizarlas, y vi que todo era absurdo, un correr tras el viento, y que ningún provecho se saca en esta vida. (2:11).
Pude ver todo lo hecho por Dios. ¡El hombre no puede comprender todo lo que Dios ha hecho en esta vida! Por más que se esfuerce por hallarle sentido, no lo encontrará; aun cuando el sabio diga conocerlo, no lo puede comprender. (8:17)
Mientras leíamos estas palabras, todos murmuraban su aprobación: “Tiene razón”, “Sí señor, así me he sentido a veces”, “¿Pero qué hacen esas frases en la Biblia?” Preguntó alguien. “Yo siempre leo la Biblia buscando ánimo y esto me parece muy pesimista”. “Pero así se sienten ustedes a veces, ¿verdad?”. Les pregunté. Ellos estuvieron de acuerdo. Quien sea que escribió este libro, ciertamente entendía lo que se siente llegar a viejo.
Esta estructura física en la cual pasamos las primeras décadas de la vida, no están supuestas a durar para siempre:
Un día temblarán los guardianes de la casa, y se encorvarán los hombres de batalla; se detendrán las molenderas por ser tan pocas, y se apagarán los que miran a través de las ventanas. Se irán cerrando las puertas de la calle, irá disminuyendo el ruido del molino, las aves elevarán su canto, pero apagados se oirán sus trinos. Sobrevendrá el temor por las alturas y por los peligros del camino. Florecerá el almendro, la langosta resultará onerosa, y no servirá de nada la alcaparra, pues el hombre se encamina al hogar eterno y rondan ya en la calle los que lloran su muerte. (12: 3-5).
Ellos se rieron por esto. Era tan cierto. “Bien”, dije, “es lo mejor que puedo hacer. No he contestado la pregunta, pero este libro muestra que no es malo hacer esa pregunta.
Aunque el Anciano de Días nunca experimenta la senilidad o los otros efectos de la vejez, sí anticipó la clase de cosas por las que nos preocupamos en los últimos años de nuestra vida.
Eclesiastés es un recordatorio de que usted está 100% vivo hasta que está 100% muerto. Así que, si un hombre vive muchos años, que en todos ellos se regocije, pero recuerde que los días de tinieblas serán muchos. Todo lo por venir es vanidad. (11:8).
Eventualmente todo se aclarará. Esta vida es solamente la nota de apertura de una sinfonía que Dios quiere compartir con nosotros por la eternidad.
La conclusión, cuando todo se ha oído, es ésta: teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto concierne a toda persona. Porque Dios traerá toda obra a juicio, junto con todo lo oculto, sea bueno o sea malo. (12: 13-14)
Parece ser que el temático anciano que escribió el libro de Eclesiastés terminó confiando en la gracia de Dios.

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