El propósito de la vida humana  Por Michael Morrison

 

usa photoMuchas personas emigran cada día a los Estados Unidos de América. Estados Unidos ha estado poblado por inmigrantes, desde su fundación hasta el día de hoy. ¿Por qué la gente emigra hacia Estados Unidos? En la mayoría de los casos, es porque piensan que su vida allí sería mejor que si vivieran en otro lugar. Estamos buscando una vida mejor. Tendríamos más cosas buenas en otro lugar que donde estábamos antes. Un mejor trabajo, un mejor lugar para vivir, mejores ropas, y otras comodidades.

En este artículo veremos que debemos buscar una vida mejor en un sentido diferente: tenemos que ser mejores personas. Tenemos que vivir de una manera mejor. Tenemos que ayudar a los demás, y tener mejores relaciones con los demás. No sólo queremos un mejor nivel de vida, también queremos una vida de mejor nivel. Queremos que la vida sea más de lo que actualmente es.

Sabemos que Dios quiere darnos una vida mejor – y subrayemos la palabra “darnos”. Efesios 2 nos dice que ya somos salvos por gracia. ¿Y ahora qué? Tenemos una nueva vida en Cristo, pero, ¿qué significa esto en la vida real? ¿Cómo se manifiesta esto en nuestras amistades y relaciones con otras personas?

Leamos Efesios 4:22 y examinemos lo que dice el apóstol Pablo acerca de lo que significa en realidad la buena vida. Pablo les dice a sus lectores, y eso nos incluye a nosotros hoy en día: ”que en cuanto a la anterior manera de vivir, ustedes se despojen del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos”.

Pablo aquí está describiendo un cambio de conducta. El viejo hombre estaba corrompido – putrefacto – y el problema era causado por la forma en que pensábamos. Queríamos cosas que no son buenas para nosotros. Nos engañábamos a nosotros mismos al pensar que la felicidad se obtiene por medio de bienes materiales, de placeres sensuales, de pensar que somos mejores que otras personas, de obtener logros en diferentes aéreas de nuestra vida, de ganar las rivalidades que tenemos con otros. Ésta básicamente era una perspectiva egoísta de la vida, la cual termina por hacerle daño a otras personas y a nosotros mismos. Así que Pablo dice que en Cristo se nos ha enseñado a dejar atrás nuestros viejos caminos de vida y a encontrar una nueva perspectiva por la cual vivir.

Creados para ser como Dios

Continuemos en Efesios 4:23 y 24: “Sean renovados en el espíritu de su mente, y vístanse del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad”. Entonces, puesto que el problema con el viejo modo de vida estaba en nuestros deseos, la solución envuelve una nueva actitud – necesitamos centrar nuestra mente en algo diferente. Necesitamos tener deseos que no nos engañen – necesitamos desear aquello que en realidad es mejor para nosotros.

Aquí Pablo nos dice que nuestra nueva humanidad es creada para ser como Dios – ése es el propósito para el cual fuimos creados, y así es como debe ser nuestro nuevo carácter. Hemos sido creados para ser como Dios. No en poder y resplandor, pero sí en justicia, en nuestra actitud de hacer lo que es correcto. Fuimos hechos con ése propósito. Dios quiere que vivamos con él para siempre, y nos está diciendo qué tipo de vida será ésta. Esto es a lo que llamamos la Vida Trinitaria: la forma en la que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven el uno con el otro. Si lo tuviéramos que describir con una sola palabra, le llamaríamos justicia – o también podríamos decir santidad – o amor, gozo, paz, fidelidad, mansedumbre y bondad.

Ésta es la forma en que la vida funciona mejor. Si vamos a vivir para siempre, y eso es lo que Dios nos está ofreciendo, entonces necesitamos vivir de manera que no les causemos problemas a otros. Si es que vamos a ser como Dios es justo, entonces necesitamos primero saber cómo es Dios y después actuar consecuentemente. Pero como Pablo nos dice en otros textos, no podemos vivir la vida de Dios por nosotros mismos – esto es únicamente el resultado de Dios viviendo en nosotros. Dios es quien lo logra, nuestro papel es sencillamente el estar de acuerdo con lo que él quiere hacer en nuestras vidas.

verdad photoDecir la verdad

Pablo nos da ejemplos específicos comenzando en el versículo 25: “Por lo tanto [o sea, ya que hemos sido creados con el propósito de ser como Dios], dejando la mentira, hable cada uno a su prójimo con la verdad, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo”. Así que lo primero que Pablo menciona es que debemos decir la verdad. Debemos dejar de engañar a los demás, ya que eso realmente arruina nuestras relaciones.

Engañar destruye la confianza, y las relaciones están basadas en la confianza. No podemos tener lealtad a largo plazo sin verdad y confianza. Cuando engañamos a otras personas y ellas se dan cuenta, se sienten traicionadas y heridas. En la eternidad, no necesitaremos empleos, casas, ropa, ni ninguna necesidad material. No nos preocuparemos por nuestra salud ni por nuestras finanzas. Pero tendremos relaciones – eso es lo que tendremos por toda la eternidad, así que es importante que aprendamos a relacionarnos con los que nos rodean.

Eso es lo que significa “ser justo” – comportarnos correctamente en nuestras relaciones. Ser justo no significa nada respecto a cómo tratamos a las piedras. No existe una manera “correcta” de tratar a una piedra. El concepto de justicia tiene un gran significado para las relaciones, especialmente para nuestras relaciones con otras personas, y eso es algo que sí durará por toda la eternidad. Así que para ser como Dios, para participar en una vida como la de Dios, necesitamos verdad en lugar de falsedad – y notemos la razón que Pablo nos da: “porque todos somos miembros de un mismo cuerpo”. Estamos juntos en esto – vamos a vivir juntos un largo tiempo, así que si herimos a alguien, eso es herirnos a nosotros mismos.

Pablo nos dice que la razón principal para portarnos correctamente es por el bien de los miembros del cuerpo. Somos una comunidad, somos un pueblo. Dios nos ha hecho para que seamos como él en justicia en la forma en que tratamos a los demás. Dios nos creó para justicia, y eso significa llevar buenas relaciones.

El enojo

Veamos el siguiente ejemplo, en los versículos 26 y 27: “Si se enojan, no pequen. No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, ni den cabida al diablo”. El enojo, por sí mismo, no siempre es malo. La Biblia describe a Dios enojado con las cosas que hacen los seres humanos las cuales hieren y hacen daño a personas indefensas. Los padres de familia están en lo correcto al enojarse con uno de sus hijos quien a propósito daña a otro de sus hermanos. Amamos a nuestros hijos, pero al mismo tiempo nos enojamos cuando actúan de mal manera.

Así que en teoría, el enojo no siempre es incorrecto. Pero en la práctica, usualmente lo es. El enojo es muy destructivo en las relaciones humanas, así que Pablo nos dice que tengamos cuidado con nuestro enojo. No permanezca enojado, no vaya a dormir enojado, ya que si continúa alimentando un resentimiento contra alguien, está actuando como el diablo; usted está acusando a otros y siendo su adversario. Este tipo de actitud destruye las relaciones.

Robar

Pablo nos da otro ejemplo en el versículo 28: “El que robaba, que no robe más, sino que trabaje honradamente con las manos para tener qué compartir con los necesitados”. No basta el dejar de robar, o el sencillamente dejar de hacer cosas malas. No, necesitamos comenzar a hacer el bien. No es suficiente el sencillamente pasar de malvado a neutral, de hacer el mal a no hacer nada en absoluto. Más bien, necesitamos reemplazar nuestro mal comportamiento con hacer el bien. En este caso, significa tratar de ganar suficiente dinero para así poder ayudar a aquellos que lo necesitan.

Este ejemplo es una buena ilustración de cómo reemplazar la conducta destructiva con una conducta constructiva. Esto muestra un cambio de actitud de codicia y egoísmo a generosidad y servicio. Es un cambio de una actitud de “obtener” a una actitud de “dar”. Hasta ahora, Pablo ha mencionado: Las palabras que usamos: verdad en lugar de falsedad. Las actitudes que tenemos: paz en lugar de ira. Y las acciones que tomamos: dar en lugar de robar.

verdad photoNuestro lenguaje

Ahora, en el versículo 29, nos da otra ilustración acerca de nuestro lenguaje: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Versión Reina-Valera 1960). ¿Qué quiere decir Pablo con “palabra corrompida”? Parece hablar de palabras que destruyen a otros en lugar de edificarlos; de chismear sobre lo malas que son las personas. Por ejemplo: “Nunca llegarás a ser nadie; eres demasiado feo; eres demasiado pecaminoso para que Dios jamás se fije en ti.” Este tipo de comentarios dañan las relaciones y se oponen al propósito que Dios tiene para nuestras vidas.

¿Entonces qué hay que hacer? Necesitamos hablar con los demás teniendo en cuenta sus necesidades; eso les beneficia en algo. Acciones que los animan, los ayudan a mejorar, les hacen saber que alguien piensa en ellos y desea que les vaya bien en la vida. Éstas son palabras que expresan al mundo que Dios el Creador del Universo, que los hizo con un propósito, y que él nunca los abandonará. Palabras que fortalecen los lazos de amistad, palabras que expresan lealtad en lugar de traición, palabras que construyen una comunidad en lugar de demolerla.

En Efesios 4:30 Pablo escribe: “No agravien al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención”. Hasta ahora esta parte de la epístola Pablo ha hablado de nuestras relaciones los unos con los otros. ¿Por qué de repente se muestra preocupado con nuestra relación con el Espíritu Santo? ¿Por qué dice, no agravien al Espíritu Santo?

Hace esto por dos razones. Primera, al Espíritu Santo sí le importa cómo nos tratamos y el tipo de palabras que usamos los unos para con los otros. Cuando usamos nuestra lengua para destruirnos en lugar de edificarnos, el Espíritu Santo se entristece – se entristece por lo que le hacemos a esa relación, se entristece por la manera en la que herimos a alguien en el mismo cuerpo, se entristece de que reforcemos en nosotros un hábito nocivo.

Segunda, el Espíritu Santo es la fuerza divina que trabaja en nosotros. Él es quien nos da ánimo para hacer lo correcto, para tener esperanza, para ser veraces. Cuando rehusamos escuchar a su consejo, lo rechazamos, y eso hiere nuestra relación con él. Al Espíritu Santo le importa lo que hacemos, pero le importa aún más qué tipo de personas somos.

Ahora bien, todos fallamos . En algún momento de nuestras vidas, todos nos decepcionamos a nosotros mismos, y en ocasiones actuamos en contra de lo que Dios trata de hacer en nuestras vidas. Pero Pablo nos dice que no hay razón para desesperarnos, ya que la relación que el Espíritu Santo tiene con nosotros no es una relación frágil. Él no está buscando una excusa para separarse de nosotros y abandonarnos a nuestra propia necedad. No, Pablo dice que el Espíritu Santo nos selló para el día de redención – ese momento en el futuro cuando seremos resucitados y nos serán dados cuerpos transformados mucho mejores que los que ahora tenemos. Él nos selló, nos marcó para ser parte de la familia de Dios. Él quiere que estemos allí, y nunca nos repudiará.

Su lealtad para con nosotros es intensa, y aun cuando en ocasiones le somos infieles, él es siempre fiel para con nosotros. Hemos sido sellados para la salvación, y Dios nunca nos abandonará. Por eso es que le importa tanto lo que hacemos y cómo vivimos – porque viviremos con él, y los unos con los otros, por toda la eternidad.

Hasta ahora Pablo nos ha dado ejemplos específicos. En el versículo 31 nos da un paquete completo: “Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia”. ¿Por qué da la Biblia tales reglas? ¿Acaso quiere Dios darnos una prueba que Él sabe que no podemos pasar? ¿Acaso hizo estas reglas simplemente para hacernos la vida difícil? ¡Claro que no! Él quiere hacernos la vida más sencilla, no más complicada. Éstos son ejemplos de cosas que destruyen nuestras vidas.

Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Éste es el tipo de actitudes que hacen daño a otros seres humanos, y Dios dice: “Oye, espera un minuto. Yo quiero a estas personas tanto como a ti, y no quiero que les hagas daño con tus palabras de ira, o con tus calumnias, y tampoco quiero que ellos te hagan daño a ti de esa manera. En la vida de mi reino no hay lugar para ese tipo de puñaladas por la espalda, y ese no es un buen hábito. Deshazte de él, y de esa forma la vida será mejor para todos. La amargura daña tu salud, y no es buena para tus relaciones. La ira y el enojo son peligrosos, y pelear es sencillamente tonto. ¡Y deshazte de esa actitud llamada malicia! No abrigues malos pensamientos hacia otros ni desees que les pase nada malo. No fue para esto que fuiste creado. Quizás eso es lo que hacías en el pasado, pero ese no es el futuro que he creado para ti.”

Ahora, después de este canasto de fruta podrida, Pablo nos da un canasto de fruta fresca en Efesios 4:32, con cosas buenas que reemplazan la malicia y la ira: “Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”. Ser compasivos. Amar a nuestro prójimo. Ésa es la regla básica para las buenas relaciones. Ésa es la guía básica de lo que significa ser como Dios en su justicia: el no ver nuestras relaciones como una competencia para determinar quién es mejor, quién es más importante o quién estorba.

perdón photoAprender a perdonar

Pero en este mundo imperfecto, las cosas no siempre salen bien. Los demás no siempre nos tratan bien, aun cuando lo están intentando. En ocasiones aún las mejores personas hieren nuestros sentimientos, hacen algo que nos decepciona, nos avergüenzan o nos hacen la vida difícil. Y cuando eso sucede, la regla básica para las buenas relaciones es el perdonarnos unos a otros. Solamente recuerda: Tú fuiste creado para ser como Dios, su Espíritu vive en ti, así que permite que haga en ti y por medio de ti lo mismo que Dios hace por ti: perdonarte continuamente.

Así que deberíamos estar dispuestos a perdonar a otros por lo que nos hacen. Dios perdonó a aquellos que mataron a su Hijo. En Hechos 7, Esteban perdonó a aquellos que lo estaban matando. Dios estuvo dispuesto a perdonarnos sin importar lo que le hicimos, aun cuando éramos sus enemigos, así que debemos estar dispuestos a perdonar a otros sin importar lo que nos hayan hecho.

¿Es difícil perdonar? Por supuesto que sí. Pero aun así necesitamos perdonar a los demás – por nuestro bien así como el de ellos. Mientras el resentimiento y el deseo de venganza nos consuman, seremos sus esclavos. Es sólo cuando olvidamos las heridas del pasado que podemos ser libres de una carga que nunca debimos haber llevado.

Algunos llevan un gran dolor y se niegan a perdonar a alguien que les hizo mucho daño. Si estoy hablando de usted, esta actitud no lo está ayudando mucho, ¿o sí? Le sugiero que platique con alguien al respecto. Eso puede ayudarle a quitarse esa carga que en realidad es demasiado pesada para cualquier ser humano. Dependiendo del tipo de dolor que usted lleve, podría tomarle un largo tiempo el procesarlo. Pero mientras más pronto comience, más pronto terminará.

Así que necesitamos aprender a perdonar. Aprendamos a ser como Dios en ese sentido. Ésa es la vida a la cual nos está invitando para que la disfrutemos por toda la eternidad. No permitas que algo que te sucedió hace años te aprisione en sus garras. No permitas que esa persona malvada que te hizo daño te mantenga encadenado(a) hasta el día de hoy. Aprende a olvidar, aprende a perdonar, ora por tus enemigos en lugar de albergar malicia hacia ellos. Pablo resume su enseñanza en el capítulo 5, versículo 1: “Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados”.

Fuimos creados para ser como Dios, así que en todas estas instrucciones Pablo nos está diciendo cómo es Dios. Puesto que somos sus hijos, necesitamos actuar como él. Esto no es algo que hacemos para ganarnos un lugar en la eternidad – no, Pablo dice que ya somos parte de la familia de Dios. Sólo necesitamos aprender cómo vive esta familia para que también podamos vivir de esa manera. Y la palabra que sintetiza la vida de Dios es “amor.” Como nos dice Pablo en el versículo 2: “Y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios”.

Una vez más, Dios nos da el ejemplo. No nos está pidiendo que hagamos nada que él mismo no esté dispuesto a hacer. Dios es amor, la Biblia lo dice, y eso describe la relación que debemos tener con todos aquellos que nos rodean y describe también la relación que tendremos por toda la eternidad. Pero no podemos sencillamente inventar nuestra propia definición de lo que es el amor. Nuestra cultura habla de “hacer el amor,” pero en la mayoría de los casos parece tendernos una trampa para traicionarnos. Usa la palabra “amor” con fines egoístas, y eso es exactamente lo opuesto a su significado real.

¿Qué es el amor?

En las epístolas de Juan, el apóstol nos dice lo que en realidad es el amor. El apóstol nos dice, en esto conocemos lo que es el amor: que Cristo murió por nosotros. Amor significa estar dispuestos a aceptar un poco de incomodidad para ayudar a otros. Significa pensar en cómo podemos ayudar a los demás, no en cómo podemos obtener lo que queremos. Significa decir la verdad, significa deshacernos de la ira, significa trabajar para poder compartir con aquellos que tienen necesidades, significa decir palabras de aliento en lugar de palabras que degradan a otros. Significa pedir perdón por el daño que hacemos, significa perdonar cuando alguien nos hiere. Significa ser como Dios en justicia y santidad. Significa vivir como Dios vive, significa dejar que Dios viva en nosotros.

Todos los que han inmigrado lo hicieron porque buscaban una vida mejor. Ahora pensemos sobre otra inmigración – una inmigración al reino de Dios. Allí ciertamente hay una vida mejor. Allí hay cosas mejores, y nosotros somos un mejor pueblo. El reino de Dios es un destino maravilloso precisamente porque allí hay gente mejor, y nosotros también seremos mejores. Dios nos ha diseñado con ése propósito, y no desistirá de las cosas buenas que quiere darnos. Él siempre es fiel a su propósito.

piura

¿El reino de Dios está en el futuro o en el presente?

No tenemos que esperar al futuro para ser mejores personas, para tener una vida mejor. El reino de Dios existe aquí y ahora, en todos los hijos de Dios, en todos aquellos en quienes mora el Espíritu Santo. ¿Por qué? Porque Jesús se entregó a sí mismo por nosotros como una ofrenda y sacrificio fragante. Jesús hizo todo lo necesario para que tengamos el favor de Dios. Jesús pagó el precio, o cualquier otra metáfora que usted quiera usar, para que podamos estar allí.

Somos parte de su familia; ahora sólo nos pide que actuemos como tales, que dejemos que el Espíritu Santo haga su obra transformadora en nosotros para cambiar nuestros deseos y actitudes, para fortalecer nuestras relaciones, para permitir que amor y la lealtad escriban la historia de nuestra vida y no lo hagan la traición y la amargura. Pero esto requiere cambios fundamentales en la manera cómo vivimos. Pablo nos dice que dejemos atrás nuestro estilo corrupto de vida. La mayoría de nosotros ya comenzamos este proceso, en un grado u otro.

Pero nadie ha terminado el proceso. Siempre podemos mejorar, siempre podemos llevar una vida mejor, porque Dios nos ofrece la mejor vida posible: su vida misma, la cual quiere que compartir con nosotros por toda la eternidad. Nos está ofreciendo el amor perfecto que define a Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo.

¿Cómo describimos esta vida de amor divino? Una forma de describirla es: justicia, verdad, servicio y perdón. Eso es lo que Pablo dice que nosotros, como hijos amados de Dios, necesitamos escoger. Ésta es la vida que nos ofrece, y él espera que la aceptemos no solamente en el futuro distante, sino por el bien que nos hará en nuestra vida y en nuestras relaciones aquí y ahora. Pero esto requiere un cambio – un cambio en la forma como vivimos nuestras vidas, y un cambio en la forma como es la vida para la mayoría de las personas.

Pablo nos dice en Efesios 5:3: “Entre ustedes ni siquiera debe mencionarse la inmoralidad sexual, ni ninguna clase de impureza o de avaricia, porque eso no es propio del pueblo santo de Dios”. ¿Debemos evitar aún la apariencia de inmoralidad sexual? ¿Por qué? No porque Pablo sea un santurrón, sino porque Dios creó el sexo para algo más importante que la diversión casual y las relaciones superficiales. El sexo fue diseñado para fortalecer la relación exclusiva que llamamos matrimonio, ésa relación que da a los hijos la estabilidad y la seguridad indispensable para desarrollar confianza en sí mismos. Cuando el sexo es usado fuera del contexto de esta relación exclusiva, se debilita su papel en el matrimonio.

Éste no es el tema de Pablo en estos versículos – es sólo un ejemplo de las muchas cosas de las cuales debemos mantenernos alejados. Necesitamos también evitar la deshonestidad y la codicia, porque son lo opuesto de cómo debe ser el pueblo de Dios, por la sencilla razón que son lo contrario de la naturaleza de Dios.

Efesios 5:4 dice: “Tampoco debe haber palabras indecentes, conversaciones necias ni chistes groseros, todo lo cual está fuera de lugar; haya más bien acción de gracias”. Así que debemos mantener nuestro lenguaje y nuestras bromas y chistes limpios y sanos. No contemos chistes sucios que manchan algo que Dios hizo bueno. Lo que necesitamos, dice Pablo, es una actitud de agradecimiento. En lugar de tener nuestra mente en la cloaca, o en la alcantarilla, necesitamos fijar nuestras mentes en las cosas de arriba, en las cosas buenas que Dios está preparando para nosotros. O quizás debemos decir que Dios está preparándonos para las cosas buenas. De cualquier manera, es bueno, es su dádiva para nosotros, y debemos estar agradecidos por ello, porque es mucho más de lo que merecemos. Cuando recordamos el futuro que Dios nos tiene preparado, podemos de verdad estar agradecidos por nuestro presente.

“Porque pueden estar seguros de que nadie que sea avaro (es decir, idólatra), inmoral o impuro tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios” (Efesios 5:5). Ahora bien, en otras epístolas Pablo dice que así era nuestra forma de ser. Acostumbrábamos conducirnos de forma contraria al reino de Dios. Pero hemos sido perdonados, lavados, apartados para el propósito de Dios por su gracia, y el Espíritu Santo que ahora vive en nosotros nos ha transformado en algo mejor.

Si usted es codicioso, Pablo dice que usted adora a un ídolo. Si el obtener bienes materiales es más importante para usted que el seguir a Dios, entonces usted adora a un ídolo. Si la inmoralidad es más fuerte en su vida que su deseo de seguir a Dios, entonces usted adora a un ídolo. Si usted de verdad disfruta de la impureza, entonces usted adora a un ídolo. Y no piense que puede traer la idolatría al reino de Dios. Eso sencillamente no encaja. Si usted en realidad quiere esos deseos corruptos, entonces usted ni siquiera quiere estar en el reino de Dios, porque tales deseos no están allí. Si usted está haciendo tales cosas, entonces usted no está participando del reino de Dios.

Eso no significa que estemos condenados a fallar. No – Pablo solamente está diciendo que al final de cuentas conseguimos lo que queremos. Si amamos la codicia y la corrupción, entonces eso es lo que obtendremos. Pero si queremos ser rescatados de la codicia y la impureza, entonces seremos rescatados en el reino de Dios.

¿Quieres vivir una vida mejor? Te invito a emigrar, si así lo deseas, al reino de Dios. Cristo ya te habilitó para estar allí, pero no te forzará a entrar. Ésta no es solamente una vida mejor – es la mejor vida – la vida de Dios, la cual él quiere compartir contigo.  ◊

morrisonMichael D. Morrison tiene un doctorado del Seminario Teológico Fuller. Es editor de Comunión de Gracia Internacional, Jefe de redacción de la revista Odisea Cristiana, colaborador habitual de dicha revista, instructor adjunto en la Escuela de Posgrado de Teología Azusa Pacific y Decano de la Facultad y profesor de Nuevo Testamento en Grace Communion Seminary. También es pastor asociado de NewLife Fellowship en Pasadena, California, EEUU.

Preguntas para reflexionar

1- ¿Por qué muchas personas emigran a otro país?

2-¿Qué debemos cambiar para tener una vida mejor?

3-¿Podemos vivir en el Reino de Dios ahora?

Escribe tu comentario:

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.