¿Solo un Don Nadie?


¿Sólo un don nadie?

 

¿Así que piensas que eres sólo un “don nadie”? A Dios no le importa lo que tu piensas acerca de ti mismo. Lo que Él piensa de ti es lo que importa, y Él piensa que tú eres su agente especial de operaciones.
            Considera al niño en la playa del Mar de Galilea que voy a presentarte. En los días de Jesús, los niños eran considerados como muy poca cosa. Si las mujeres eran tenidas en poco en esa cultura, a los niños los tenían aun más abajo. Pero cuando llegó el tiempo para que alguien diera un paso hacia adelante con las semillas de uno de los milagros más grandes de Jesús, nuestro Salvador llamó a un “mero” niño, un “don nadie”.
            No fue por accidente. Jesús estaba elaborando un punto, y lo estaba haciendo para ti y para mí. Porque cuando se trata de confianza en servir a Dios, la mayoría de nosotros se imagina que no tiene nada de valor que ofrecer.
            Una gran multitud estaba siguiendo a Jesús porque vieron que Él estaba sanando a gente enferma (lee el relato en Juan 6:1-15). Necesitando un descanso, Jesús llevó a Sus discípulos a lo alto de una montaña para estar a solas un rato, pero la multitud seguía viniendo.
            Así que Jesús se dirigió a Felipe y le preguntó dónde iban ellos a comprar pan para alimentar a aquellas personas. De hecho, Él estaba probando a Felipe con la pregunta, porque Él ya sabía lo que iba a hacer, y no era agotar el pan de todos los panaderos gerasenos.
            ¿“Estás bromeando”? “Ni siquiera nos acercamos entre todos nosotros a la cantidad de dinero que se necesita”, debió haber dicho Felipe.
            Andrés dijo, quizás con un poco de sarcasmo, “Bueno, aquí hay un niño con cinco panes de cebada y un par de pescados. Aunque, no creo que alcance para cinco mil bocas, ¿verdad?”
            Eso era lo que Jesús estaba esperando escuchar. “Hagan que la gente se siente”, dijo Él. Así que los discípulos encontraron una grandísima área con pasto e indicaron a la multitud que se acomodara. Entonces Jesús tomó los panes y los pescados que el muchacho traía consigo y que estaba dispuesto a entregarlos al Maestro. Jesús dio gracias por la escasa ofrenda y la repartió, alimentando a todos hasta que estuvieron satisfechos.
            Después que todos ya habían comido suficiente, Jesús dijo a Sus discípulos que recogieran las sobras. Él no quería que ninguna parte de esa pequeña ofrenda se desperdiciara.
             El niño no tenía mucho, y no hizo mucho, pero lo que tenía y lo que hizo jugó un papel importante en lo que Jesús había decidido hacer. En términos de posición social y en términos de prestigio, notoriedad o rango, el niño no tenía ninguno. Pero Jesús lo conocía y sabía lo que él tenía para ofrecer. No era mucho según estándares humanos, pero lo suficiente para ser una parte de la grandiosa obra de amor del Señor en el mundo.
            Quizás te imaginas que tu tampoco tienes mucho. Quizás te imaginas que lo que sea que tienes no hace la diferencia en el gran esquema de cosas. Pero Jesús usó a ese niño y su bolsa de pan y pescados sobre la playa para decirte lo contrario. Es la obra de Cristo la que importa, y Él te quiere involucrado en ella. Lo que tú consideras pequeño y sin importancia Él lo considera precioso, y lo puede usar para hacer grandes cosas.
            Así que no te escondas detrás del estanquillo de hot dogs cuando podrías pasar a batear. Jesús te quiere en el juego, y Él puede convertir tu mal bateo en un imparable si sólo le das la oportunidad. Confía en Él. Tú eres su agente especial de operaciones.
Y todo es porque Él te ama. Él te quiere ahí junto a Él en lo que está haciendo porque en verdad le caes bien y disfruta tu compañía. E incluso, si todo lo que puedes hacer es dar un vaso de agua de vez en cuando, o simplemente decirle, “eso es grandioso, Señor”, eres importante para Él. No eres un don nadie para Jesús. Nunca lo fuiste. Nunca lo serás.

 

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