HISTORIA  ECLESIÁSTICA
William Seymour y el surgimiento del Pentecostalismo

En abril del 2006 se celebró el centésimo aniversario de una trascendental revolución en la cristiandad. Todo comenzó en la calle Azusa 312, parte de una desvencijada área del centro de la ciudad de Los Ángeles. El escritor de un diario local captó el significado del avivamiento de la calle Azusa, cuando escribió: “…ahora visto como el gran despertar del movimiento carismático pentecostal”.[1]

El pastor de la iglesia de la calle Azusa era William J. Seymour (1870-1922). El Sr. Seymour, hijo de ex esclavos, fue criado como bautista y posteriormente se unió a un grupo radical llamado Iglesia de la Santidad. En este grupo, él aprendió a creer en la sanidad divina, el rapto de los santos y pre milenismo, la justificación por fe y la “santificación como una segunda obra de la gracia”.[2]

Asimismo, el Sr. Seymor había sido un seguidor de un predicador de la iglesia de la Santidad llamado Charles Fox Parham (1873-1929). Por lo tanto, él asistió a la escuela bíblica de Parham en Houston, Texas, en donde aprendió la idea de que el hablar en lenguas era la evidencia bíblica de estar siendo bautizado en el Espíritu Santo.

Más tarde, el Sr. Seymour llegó a Los Ángeles en donde fue invitado a pastorear una congregación ubicada en la parte norte de la calle Bonnie Brae. Aquí fue en donde ocurrió un evento definido, el cuál tuvo lugar durante un servicio de adoración el 9 de abril de 1906.

Un miembro del pequeño grupo empezó repentinamente a hablar en ‘lenguas’. Entonces, al igual que una reacción en cadena, otros en la congregación de Bonnie Brae adquirieron también el don de hablar en lenguas.

Este evento causó gran notoriedad puesto que una nueva multitud de adoradores empezó a llenar la pequeña iglesia. Esta situación obligó al Sr. Seymour a reubicar su congregación a un edificio más grande ubicado en la calle Azusa; en lo que hoy forma parte del barrio japonés el Pequeño Tokio, sección de Los Ángeles. La nueva iglesia fue nombrada Misión Apostólica y Evangélica de la Fe.

Aquí el reavivamiento creció a su punto más alto conforme más y más gente empezaba a hablar en lenguas.

El periódico de la congregación de la calle Azusa, La Fe Apostólica, proclamó que la creciente creencia del grupo del hablar en lenguas era una señal de que todos los dones del Espíritu habían sido restaurados a la iglesia. Por lo tanto, un encabezado del primer número de la publicación (septiembre de 1906) declaraba: “Pentecostés ha llegado. Los Ángeles está siendo visitada por un reavivamiento de la salvación bíblica y el Pentecostés tal como está registrado en el libro de Hechos”.[3]

Por lo anterior, el reavivamiento local sembrado en la calle Azusa llegó a ser la cuna de un movimiento cristiano internacional. Durante los tres años siguientes, los cientos de personas que allí adoraban, muchas hablando en lenguas, revolucionaron la cristiandad en diferentes maneras:

-Primero, durante el tiempo de una segregación y discriminación desenfrenada, la congregación de la calle Azusa era notablemente interracial. Había afroamericanos, anglosajones, hispanos, y cristianos de otros orígenes étnicos quienes libremente se frecuentaban, adoraban juntos y compartían el liderazgo.

-También, un fervor misionero identificaba a los adoradores de la calle Azusa y a todos aquellos que se unían al grupo. Muchos miembros del grupo se esparcieron a lo largo de Norteamérica y a otras tierras para predicar el evangelio. Y es este fervor evangelístico que llevaría a una explosión mundial de pentecostalismo.

-Los evangelistas de la calle Azusa poseían una profunda creencia de que todos los dones sobrenaturales del Espíritu habían sido otorgados a los creyentes para que pudieran predicar el evangelio de Cristo y edificar su iglesia.

Por lo anterior, el hablar en lenguas, la sanidad por fe, una oración ferviente, una participación emotiva en la adoración, y un énfasis en el evangelismo llegaron a ser los sellos distintivos de la experiencia de la calle Azusa. Estos fueron los mismos rasgos que atrajeron a muchos cristianos y seguidores a sus congregaciones.

Por otra parte, la influencia del pentecostalismo se empezó a sentir gradualmente en iglesias y denominaciones no pentecostales. Por ejemplo, el movimiento carismático surgió de esta adoración, el cuál también hace énfasis en la obra del Espíritu Santo.

En la actualidad, el número de pentecostales clásicos en todo el mundo y aquellos que se consideran carismáticos pentecostales ha aumentado considerablemente. También, debido a una ferviente fe misionera, éste se ha convertido en uno de los movimientos cristianos que más auge ha tenido en Suramérica y África. Asimismo, el libro El Diccionario de la Cristiandad en América menciona al pentecostalismo: “tal vez como el más significativo desarrollo en la cristiandad del siglo veintiuno”.[4]

En su mayor parte, el pentecostalismo ha sido considerado como un movimiento de los pobres y de las gentes marginadas del mundo. Esto ha sido verdad hasta cierto punto. Sin embargo, con su atracción carismática, ha hecho avances dramáticos dentro de la corriente del cristianismo occidental.

Por lo mismo, debido al pentecostalismo y al movimiento carismástico, todos los cristianos han tenido que considerar con más profundidad el papel que el Espíritu Santo tiene en la vida del cristiano y en la misión cristiana alrededor del mundo.  ◊


[1] Andrew Moyle, “Un Siglo de Fe: Evento Celebra el 100° Aniversario del Reavivamiento de la Calle Azusa”, Downtown News, 24 de Abril de 2006, pág. 7.

[2] Frank Bartleman, La Calle Azusa: Las Raíces del Pentecostalismo Moderno (Plainfield, N.J: Logos International, 1980), Prefacio, Vinson Synan, pág. 1X.
[3] La Fe Apostólica, Vol. 1, No. 1, Septiembre 1906.

[4] Roger G. Robbins, “Movimiento Pentecostal”, Diccionario de la Cristiandad en América. (Daniel G. Reid, ed; Downer´s Grove, IL: Editorial Intervasity, 1990, pág. 885.

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