Isaías 40:29-31 dice: “El da fuerzas al cansado, y al débil le aumenta su vigor.  Hasta los jóvenes pueden cansarse y fatigarse, hasta los más fuertes llegan a caer.  Pero los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas y podrán volar como las águilas; podrán correr sin cansarse y caminar sin fatigarse”

Le cree a Dios?  Estas son sus palabras.  Pero a veces cuando la mujer está sumida en el dolor, en quebranto, en desconsuelo y desilusión no oye estas palabras.

Y es que aunque vivimos en una época llena de oportunidades para la mujer donde encontramos desarrollo laboral, una carrera profesional, nunca antes habíamos visto tanta ansiedad, desilusión y necesidad de afecto como en este tiempo.  La mujer ha tenido que salir del hogar a conseguir el sustento para su familia.  Ella muchas veces es proveedora, al mismo tiempo que es madre, esposa, consejera.  Dios ha dotado a la mujer para dar de sí misma, pero llega un momento en el que la misma mujer que constantemente está dando a otros, necesita recibir afecto, consuelo, ánimo y fortaleza.  Las reservas afectivas y emocionales se agotan y necesitamos renovarlas constantemente.

Por eso la escritura al comienzo, es una promesa de amor, de esperanza que Dios nos da cuando nos encontramos en estas circunstancias.  Dios es nuestro Consolador por excelencia.  Los salmos están llenos de cánticos que expresan nuestra necesidad de Dios y cómo Él siempre está dispuesto a escucharnos y a fortalecernos.

Si usted es una mujer cristiana que ha aprendido a buscar a Dios, a depender de Él,  puede ser de ayuda para aquellas mujeres que están viviendo situaciones difíciles.   Ayudemos ahora que estamos bien, es posible que más adelante seamos nosotras las que necesitemos ayuda de otras que en ese momento estarán bien.   Mire a su alrededor y sea más consciente de la cantidad de mujeres que están luchando solas, que necesitan consuelo y sobre todo que necesitan que se les enseñe el camino donde pueden conseguir verdaderamente el amor de Dios.  Necesitan palabras de ánimo, de estímulo, necesitan que su tanque emocional sea llenado nuevamente para que ellas puedan continuar en ser la fortaleza y el motor que mueve sus hogares.  Saquemos un poco de nuestro tiempo y compartamos de las bendiciones que hemos recibido.  Seamos mujeres de Dios y enseñemos a otras para que también sean mujeres de Dios, que dependan de Él, que lo conozcan verdaderamente.

Paulina de Barrero
Bogotá Colombia

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