Una lección sobre las conciencias culpables

Lecciones de Marcos


Una lección sobrelas conciencias culpables

Marcos 6:14-29
por Mike Feazell
El rey Herodes se enteró de esto, pues el nombre de Jesús se había hecho famoso. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado, y por eso tiene poder para realizar milagros.» Otros decían: «Es Elías.» Otros, en fin, afirmaban: «Es un profeta, como los de antes.» Pero cuando Herodes oyó esto, exclamó: «¡Juan, al que yo mandé que le cortaran la cabeza, ha resucitado!»
En efecto, Herodes mismo había mandado que arrestaran a Juan y que lo encadenaran en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de Felipe su hermano, y Juan le había estado diciendo a Herodes: «La ley te prohíbe tener a la esposa de tu hermano.» Por eso Herodías le guardaba rencor a Juan y deseaba matarlo. Pero no había logrado hacerlo, ya que Herodes temía a Juan y lo protegía, pues sabía que era un hombre justo y santo. Cuando Herodes oía a Juan, se quedaba muy desconcertado, pero lo escuchaba con gusto.
Por fin se presentó la oportunidad. En su cumpleaños Herodes dio un banquete a sus altos oficiales, a los comandantes militares y a los notables de Galilea. La hija de Herodías entró en el banquete y bailó, y esto agradó a Herodes y a los invitados. –Pídeme lo que quieras y te lo daré –le dijo el rey a la muchacha. Y le prometió bajo juramento: –Te daré cualquier cosa que me pidas, aun cuando sea la mitad de mi reino.
Ella salió a preguntarle a su madre: –¿Qué debo pedir? –La cabeza de Juan el Bautista –contestó. En seguida se fue corriendo la muchacha a presentarle al rey su petición: –Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. El rey se quedó angustiado, pero a causa de sus juramentos y en atención a los invitados, no quiso desairarla. Así que en seguida envió a un verdugo con la orden de llevarle la cabeza de Juan. El hombre fue, decapitó a Juan en la cárcel y volvió con la cabeza en una bandeja. Se la entregó a la muchacha, y ella se la dio a su madre. Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cuerpo y le dieron sepultura.

Herodes Antipas era un hombre con las manos ensangrentadas. Todos sus logros, grandes y pequeños, durante su reinado de 33 años como tetrarca (él, de hecho, no fue rey), son mejor recordados por su asesinato de Juan el Bautista.
Quizás es sólo cuando las obras pasadas regresan para perseguirnos, que nuestras conciencias verdaderamente vuelven a la vida. La mayoría de las personas pasan sus vidas cubriendo su lado oscuro, guardando sus cosas malas seguramente bajo llave en losclóset escondidos bajo las escaleras traseras de sus mentes.
Escondiéndonos de lospecados
Mantener la vergüenza y el horror de nuestros pecados fuera de la vista y fuera de nuestras mentes, nos permite funcionar en la luz, como seres humanos normales y decentes. Nos permite vivir con nosotros mismos. Pero siempre está ese molestoso temor el cual tenemos que mantener empujándolo de vuelta a las sombras —el temor de que, de alguna manera, algún día, una de esas cosas malas va a volver a la vida, va a salir del clóset, va a caminar hacia nosotros en medio de una multitud y va a señalarnos con el dedo acusándonos en la cara.
Eso es lo que el rey Herodes pensó que había ocurrido. Él nunca había podido mantener con éxito el recuerdo del asesinato de Juan, como algo encadenado silenciosamente más allá de los límites de su atribulada conciencia. De todas las personas que él había ejecutado, ciertamente la mayoría de ellas enemigos y criminales, ésta era por la cual él, de hecho, sentía remordimientos.
No fue un asesinato político ni un acto de venganza ni incluso uno de retribución. Fue un acto de simple cobardía, de vergüenza. Él se había vanagloriado en frente de dos mujeres y se sintió avergonzado para retractarse. Por lo cual asesinó a la única mancha brillante, en su, de otra manera, auto-indulgente y decadente vida. ¿Por qué no hacerlo? Él se había inclinado ante las implacables demandas de su vida, ante Herodías. Era más fácil de esa manera. Una vez más, eso no debería importar tanto. Pero sí importaba.
Conciencia limpia
Lo que Herodes no sabía era que el hombre al que temía como Juan el Bautista resucitado de los muertos, era de hecho, Jesús el Mesías, el Rey de los judíos a quien su padre había tratado de asesinar 30 años antes, en la masacre de bebés en Belén.
Pero usted y yo sí lo sabemos. Y nosotros sabemos que Jesús puede limpiar todas las cosas malas de todos nuestros clóset —si es que queremos que Él lo haga.
Cuando le confiamos nuestras vidas a Jesús, ya no tenemos que manejar nuestros pecados escondiéndolos de nuestras conciencias. Jesús limpia nuestras conciencias culpables (vea Hebreos 10:22), y Dios borra nuestros pecados de Su memoria. ¿Por qué sufrir la miseria de una conciencia culpable cuando no tenemos que hacerlo? ¿No es tiempo de quitarle llave a los clóset para nuestro Salvador?

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