Una lección acerca de las semillas

Marcos 4:16-20

Otros son como lo sembrado en terreno pedregoso: cuando oyen la palabra, en seguida la reciben con alegría, pero como no tienen raíz, duran poco tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, en seguida se apartan de ella. Otros son como lo sembrado entre espinos: oyen la palabra, pero las preocupaciones de ésta vida, el engaño de las riquezas y muchos otros malos deseos entran hasta ahogar la palabra, de modo que ésta no llega a dar fruto. Pero otros son como lo sembrado en buen terreno: oyen la palabra, la aceptan y producen una cosecha que rinde el treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno.

Por Mike Feazell


En los días de Jesús, cuando los sembradores sembraban sus semillas, algunas de las semillas naturalmente acababan en lugares desfavorables para el crecimiento, mientras que la mayoría de las semillas acababan en buen terreno. Jesús usó el resultado de las semillas que acababan en las varias clases de terreno, para ilustrar el comportamiento de la gente hacia el evangelio. Él habla de lugares pedregosos, lugares espinosos y el buen terreno.

Es importante notar que la parábola no dice que Dios siembra personas en lugares pedregosos, sino dice que la forma en que algunas personas reciben el evangelio es como las semillas sembradas en lugares pedregosos. Es una comparación, una ilustración de cómo algunas personas responden al evangelio. No es una justificación para ver a Dios haciendo imposible deliberadamente, que algunas personas abracen el evangelio.

Las personas que abandonan la palabra de Dios por causa de la persecución son como las semillas que crecen en lugares pedregosos y, por lo tanto, tienen pocas raíces. De una manera similar, las personas que permiten que la palabra de Dios tenga un lugar secundario ante las preocupaciones de la vida y la búsqueda de las riquezas, son como las semillas que se ahogan entre los espinos y se marchitan.

En contraste, las personas que oyen la palabra de Dios y la aceptan y producen el fruto de ella, son como las semillas que germinan en un buen terreno donde no hay impedimentos para un crecimiento saludable.

Escuchando a Jesús

Sin embargo, las personas, de hecho, no son semillas, y Dios, de hecho, no pone a las personas en situaciones que eviten que ellos acepten el evangelio. Las parábolas de Jesús no deben ser llevadas más allá del punto que Jesús quiso que ellas ilustraran.

Las semillas no piensan. No toman decisiones. No tienen la habilidad de pedirle ayuda a Dios.

El punto de la parábola no es decirnos que somos semillas desventuradas, condenadas a cualquier destino que pudiera caernos debido al esparcimiento indiscriminado del sembrador. El punto de la parábola es que debemos dar los pasos para evitar que nosotros mismos actuemos como semillas desvalidas.

Cuando nos encontramos a nosotros mismos permitiendo que los afanes de éste mundo pongan al evangelio como algo secundario en nuestras vidas, entonces Jesús quiere que lo notemos y hagamos un cambio. Él quiere que profundicemos nuestras raíces espirituales, que cortemos los espinos espirituales en nuestras vidas. Él quiere que hagamos nuestro nido en el buen terreno de pasar el tiempo en Su palabra, de llevar a Él en oración nuestros problemas, nuestras esperanzas, nuestros temores y nuestros triunfos. Él quiere que pongamos en uso la palabra de Dios en lo que escojamos hacer, que permitamos al evangelio fluir de nosotros en bondad, misericordia y paz.

s fácil usar la parábola del sembrador como una herramienta para juzgar a otros, para mirar por encima del hombro a las personas que pensamos que son débiles en la fe y están destinadas a apartarse de la palabra de Dios. Es más difícil, pero mucho más útil, permitir que la parábola del sembrador nos enseñe y amoneste a vigilar nuestros corazones para asegurarnos que, la codicia, el orgullo y la ansiosa preocupación por las posesiones y el ego, no se acomoden en el interior de nuestras vidas. Escuchar la palabra, aceptarla y amar a los demás como Jesús nos ama. Esa es la lección de la parábola del sembrador.

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