Una buena manera de morir

Una buena manera de morir

Chad y yo nos sujetábamos el uno al otro en la rugiente marea del Golfo Pérsico. Podíamos sentir la arena debajo de nosotros siendo arrastrada por la fuerte corriente, mientras éramos volteados y torcidos en el encrespado mar.

Chad ya estaba casi para morir. Mientras nos sujetábamos el uno al otro en las olas, mi mente retrocedía unos 37 años hasta mi propia muerte. Hoy por la noche ambos nos hemos regocijado, porque éstas no son unas muertes ordinarias. Estas muertes son el bautismo.

El pasado septiembre tuve el privilegio de llevar a cabo la boda de Chad. Ahora él, su esposa y yo nos regocijamos en su sepultura. Lo sumergí brevemente bajo el agua, y después caminamos dentro del agua hasta la orilla para permitir que el calor nos secara con el aire. El cielo del Medio Oriente al presente está oscuro y la humedad es alta. Las páginas de mi Biblia se sentían tan húmedas como si fueran papel mojado.

Frases contradictorias

Qué tan extraño debía parecer esto a los transeúntes. Pero entonces, mucho del cristianismo parecería extraño—lleno de frases aparentemente contradictorias. Un “oxymoron” es una declaración aparentemente contradictoria. Esta palabra generalmente señala una verdad conmovedora con humor socarrón. Por ejemplo: gobierno eficiente, inteligencia militar, fuego amistoso y dulzura amarga. Y, “el que quiera salvar su vida, deberá perderla”.

La idea es aparentemente contradictoria. Pero eso es lo que Jesús quería—una sepultura simbólica que simbolizara el principio de una vida nueva.

La Biblia firmemente nos recuerda que todos han pecado, y han sido destituidos de la gloria de Dios. Pecado—es ahora una palabra que ha perdido su actualidad. Pero todavía otorga su paga—la cual la Biblia dice que es la muerte. No hay escape a lo que ella significa. Pero Jesucristo nos ama tanto que ya ha pagado el costo de nuestra pecaminosidad. Eso significa que podemos aceptar Su amor por nosotros y en Él empezar la vida nueva y limpia que Él ya ha preparado para nosotros.

En nuestros momentos más tranquilos todos sabemos que hay cosas que no están correctas en nuestras vidas y en nuestras actitudes hacia los demás. Muchos se van a la tumba con esos sentimientos. Pero la mejor manera en que usted puede irse a la tumba es, hacerlo voluntariamente—como mi amigo Chad.

Se busca vivo o muerto

La Biblia explica que en nuestra condición humana estamos muertos a Dios y vivos al pecado, y que Dios quiere revertir ésta condición. Dios nos quiere vivos a Él y muertos al pecado. Él nos quiere muertos y vivos.

Así que, ¿cómo podemos lograr ésta vida cambiada? No podemos—no mediante nosotros. Pero Cristo lo ha hecho por nosotros. Cristo es tanto nuestro representante ante Dios como nuestro sustituto ante Él. Cuando confiamos en Jesús, Su muerte sustituye la nuestra, y nos da vida nueva en Él. Cuando estamos “en Cristo” estamos tanto muertos al pecado en Su muerte, como vivos a Dios en Su vida. Ser sumergidos en el agua es una manera de ilustrar ésta transformación, ésta muerte al viejo yo y ésta resurrección a nuestro nuevo yo en Cristo.

En su Epístola a los Romanos, Pablo explica la idea detrás del bautismo como una sepultura acuática: “Cuando estuvimos bajo el agua, dejamos atrás el viejo país del pecado; cuando salimos del agua, entramos al nuevo país de la gracia— ¡una nueva vida en una nueva tierra!” (Romanos 6:4, El Mensaje)

Eso es lo que significa el bautismo a la vida en Jesús. Cuando somos sumergidos bajo el agua, es como la sepultura de Jesús; cuando somos sacados del agua, es como la resurrección de Jesús.

A través de Su propio Hijo que se convirtió en uno de nosotros para este mero propósito, nuestro Dios amoroso provee nuestro escape de la prisión del pecado y de su sentencia de muerte que nos ha mantenido bajo su yugo. Por eso es que yo sepulté a mi amigo en el Golfo Pérsico. Él ya estaba listo para morir.

Tony Goudie

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