Siete cartas a siete iglesias

 
Paul Kroll

Las siete cartas del libro de Apocalipsis a siete iglesias en las provincias de Asia nos proporcionan una vislumbrante condición espiritual de la iglesia apostólica y post apostólica en una gran área del mundo romano. Generalmente se ha pensado que el libro de Apocalipsis fue escrito alrededor del año 100 D.C., aunque algunos estudiosos creen que el libro pudo haber sido escrito mucho más temprano, a mediados de los años 60 D.C.
En cualquier caso, los problemas de fe encontrados en algunas de las iglesias deben darnos motivo de reflexión. Desde la época de los apóstoles y la generación subsiguiente la iglesia fue asediada por crisis espirituales que fueron descritas en el libro de Apocalipsis 2-3, así pues debemos preguntarnos también como cristianos por nuestra propia fidelidad hacia el Salvador. Por otro lado, algunas de las congregaciones exhibieron características que fueron alabadas por Jesús grandemente. Esto es un hecho que causa mucho estímulo.
Así, si llegamos al corazón de ambas advertencias sobre las debilidades espirituales y elogiamos la fuerza de esas congregaciones, podemos estar firmes e inspirados. Finalmente, meditando en la convicción de la promesa de salvación dada a cada iglesia por nuestro Salvador, podemos recibir consuelo, alegría y paz en nuestras vidas.
El mensaje a los «siete ángeles» de las iglesias
El último versículo del primer capítulo de Apocalipsis proporciona una introducción a los mensajes a las siete iglesias que se localizaron en la provincia romana de Asia (hoy, Turquía del sur oriente) (1:20). Los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis contienen siete cartas a estas congregaciones. Éstas no eran las únicas iglesias en el área, pero estas siete cartas nos dan una idea de la condición espiritual de la iglesia en la provincia romana de Asia en el momento en que el libro fue escrito.
El hecho es que Apocalipsis se escribe en forma directa a congregaciones reales de lugares cristianos en un mundo real de seres humanos. Las cartas se escribieron a siete iglesias que existieron en un momento particular en la historia. A las personas reales con fuerzas y problemas como los nuestros en nuestras congregaciones. Éstas son cartas, no son profecías para el futuro. Cada una de las siete cartas empieza con Jesús hablando a los miembros de su iglesia. Uno de los varios atributos de su majestad, dado en el primer capítulo, está repetido y se pone como título en cada carta. Frases descriptivas se eligen como una visión apropiada para cada iglesia específica. Cuando las frases se agotan, se usan otras declaraciones pertinentes con respecto a los atributos de Cristo.
Las cartas felicitan a las iglesias respectivamente por sus fuertes trabajos espirituales y se da una reprimenda a ellas sobre sus problemas espirituales específicos. Se dan advertencias poderosas para arrepentirse a aquellos que son espiritualmente débiles, junto con el estímulo de perseverar en la fe. Las cartas también contienen promesas a aquellos que lo superan. Se les promete la gran convicción a la vida eterna en el reino de Dios. Estas promesas se dan en condiciones simbólicas.
Cada carta concluye con una misma declaración: «El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias…» (2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22). La palabra aquí es «las iglesias», en plural. Esto implica que la palabra escrita para cada congregación se aplica a todas las siete iglesias. Esto significa que los siete mensajes para cada iglesia se aplican a las congregaciones en Asia en los tiempos de Juan y, por extensión, a todas las iglesias de todos los tiempos. También podríamos inferir que la condición espiritual de estas siete congregaciones es característica de cada grupo de cristianos durante los últimos 1900 años. Ciertamente, al pueblo de Dios en todo estos años, debe concernirle los problemas espirituales descritos en cada uno de las cartas y tener la convicción de la promesa que los vencedores heredarán todas las cosas conjuntamente con su Salvador, Jesucristo.

La iglesia de Éfeso

La iglesia de Esmirna

La iglesia de Pérgamo

La iglesia de Tiatira

La iglesia de Sardis

La iglesia de Filadelfia

La iglesia de Laodicea

Conclusión

 

 

 

 

 

 

 

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