Editorial  Por David Ágreda

seguros

OC44-04-2013 No. 44 [Articulos] [Digital] [PDF] [Imprimir] [mobi] [epub] Nunca estaremos seguros hasta que nos demos cuenta de que somos totalmente amados por Dios, sin importar nuestras faltas. Esto es algo que nos cuesta entender. Porque nos conocemos. Conocemos todas nuestras debilidades y fracasos. Sabemos lo que hemos hecho y en lo que seguimos fallando a diario. Nos vemos a nosotros mismos como la gata fea que nos relata John Halford.

Y si estoy decepcionado de mí mismo, ¿cómo es que Dios no se decepciona de mí? ¿Cómo me mira con misericordia y con la esperanza de que lo haré mejor mañana, pero no me va a amar menos si no lo hago? No tiene sentido para nosotros.

Dios nos muestra su amor en cientos de formas diferentes confirmándonos que Él está tejiendo en nosotros sus planes y propósitos y un futuro que no podríamos haber imaginado.

Con frecuencia somos muy duros con nosotros mismos. Quedamos atrapados en el juego de las comparaciones sintiendo que todo el mundo ama mejor, vive más intencionalmente, hace las cosas más importantes y, en esencia, florece mucho mejor que nosotros.

Le doy a otra gente el beneficio de la duda, pero yo nunca me doy la misma gracia. Y eso es lo que Dios ha estado susurrando sobre mí: Gracia.

Pero Dios nunca me miró, negó con la cabeza y dijo: “¡Qué fracaso! Debería haber conseguido a alguien más para hacerlo. ¡Así no es como se trabaja!”. Dios nunca nos dirá eso porque cada uno somos hilos de un mismo tejido, formando una sola humanidad en Cristo, como reflexiona este mes Rubén Ramírez.

No sé si alguno de nosotros tiene la capacidad de comprender plenamente el amor de Dios. Es demasiado grande. Pero para comenzar a entenderlo Él nos ha dado un regalo: La Biblia. De esto nos habla el Dr. Gary Deddo. No seríamos capaces de conocer y amar a Dios si Él no se hubiese comunicado con nosotros a través de su Palabra escrita.

Como nos dice Mike Morrison, la única manera de que alguna vez crecemos y nos convertimos en lo que Él nos ha llamado a ser es cuando vivimos la vida Trinitaria, ahí es donde tenemos la fragancia que le dice al mundo lo que Él ha hecho por nosotros, que nos pertenecemos unos a otros y que estamos cubiertos en cantidades grandísimas de gracia. Dios ha resuelto nuestros dos más grandes problemas: el pecado y la muerte.

Joseph Tkach nos recuerda que nuestra relación eterna está segura en Dios. Y, por mucho que los nuevos ateos puedan negarlo, también la de ellos. Todos estamos incluidos en el amor y la vida de Dios. Solo hace falta que lo creamos para poder disfrutarlo.

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