¿Qué roca bloquea tu camino?

por Pedro Rufián Mesa

Se cuenta que en la antigüedad hubo un rey que colocó una gran roca en un camino. Luego se escondió para observar cómo reaccionaban sus ciudadanos ante aquel obstáculo. Algunos cortesanos y comerciantes más ricos de su reino al pasar y encontrarse con la roca, la rodearon simplemente. Muchos plebeyos maldijeron al rey por no mantener la ruta en buen estado, pero ninguno hizo nada por quitar la roca de en medio del camino que les entorpecía el paso.

Después llegó un campesino llevando una carga de heno sobre sus espaldas. Al llegar a la roca, dejó su carga de heno en el suelo y trató de mover la piedra para quitarla de la senda, pensando que al hacerlo ayudaría a sus semejantes que transitaran por allí con carros o caballos. Después de varios intentos inútiles por moverla, vio cerca el tronco de un árbol y pensó que con él y otra piedra más pequeña podría hacer palanca para mover la roca. Lo hizo así y finalmente consiguió moverla y apartarla a un lado de la vía.

Al agacharse para tomar su carga de heno, el campesino vio una talega de tela gruesa llena de algo, que había estado bajo la piedra y quedó al descubierto al quitarla. El campesino abrió la talega y encontró que contenía muchas monedas de oro y una nota del rey indicando que su contenido era para la persona que quitara el obstáculo del camino. El campesino aprendió lo que muchos otros nunca aprendieron. Cada obstáculo es una oportunidad disfrazada en ropa de faena, que puede mejorar nuestra condición.

¿No somos cada uno de nosotros un poco como las personas de la historia que viendo el obstáculo lo rodearon, pero no hicieron nada por quitarlo del camino?

¿Qué roca está bloqueando tu camino, y que quizás la desgana, la desidia, la indiferencia, la pereza o la dejadez te están impidiendo quitar para avanzar y lograr aquello que te has propuesto?

Quizás llevas años pensando en aprender a pintar, a tocar un instrumento, en prepararte para presentarte a esa oposición que mejoraría tu estabilidad laboral y tu situación económica, en hacer ese viaje con toda la familia, en leer la Biblia, o incluso compartir estos artículos con ese amigo que crees que le gustaría recibirlos, o en cualquier otra cosa que tú sabes que está ahí esperando que la hagas realidad; pero siempre, por una razón u otra, la has rodeado y la has olvidado dejándola tras tus espaldas. Pero si haces como el campesino de la historia, decides ponerte manos a la obra, y temporalmente dejas tu carga de heno en el suelo, con determinación y persistencia lo lograrás. Y, por supuesto, podrás empezar a disfrutar de la recompensa de la meta lograda que satisface mucho más que unas cuantas monedas de oro.

Una piedra que no podíamos quitar

Esas piedras en la senda de los objetivos de nuestras vidas se pueden quitar con más o menos esfuerzo, persistencia y constancia, pero todos los seres humanos teníamos una roca insuperable en nuestro camino para alcanzar el propósito para el que fuimos creados: Tener vida eterna para gozarla en relación y comunión con nuestro Creador y los unos con los otros.

Esa roca que nos bloqueaba el camino hacia nuestro Padre celestial era la del pecado y la muerte eterna a la que nos llevaba, ya que como Pablo escribió: “Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Romanos 6:23). La roca del pecado y la muerte eterna que conlleva no podemos quitarla por nosotros mismos. Pero lo que no es posible para los seres humanos es posible para Dios, porque “para Dios todo es posible” (Mateo 19:26).

Por su amor y bondad inmerecidas, ya que fue cuando nosotros éramos sus enemigos, Dios envió al Hijo para que tomara carne y, asumiendo nuestra propia naturaleza humana, pero sin pecado, quitara esa gran roca que nos impedía alcanzar aquello para lo que Dios nos había creado: gozar en comunión eterna con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: “Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo. Dios nos escogió en él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él. En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad. En él tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de la gracia…En Cristo también fuimos hechos herederos, pues fuimos predestinados según el plan de aquel que hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad. Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, os dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcáis mejor. Pido también que os sean iluminados los ojos del corazón para que sepáis a qué esperanza él os ha llamado, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos” (Efesios 1:3-19).

Muy pocas cosas son fruto del azar, si acaso la lotería, la inmensa mayoría de los logros requieren esfuerzo, sacrificio y persistencia para alcanzarlos. Dios se sacrificó por nosotros en Cristo y nos dio el regalo de la vida eterna, muchísimo más valioso que unas cuantas monedas de oro, ¿cómo estás respondiéndole tú?


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Acerca de Pedro Rufián Mesa

Pedro Rufián Mesa es Director Nacional de la Comunión Internacional de la Gracia en España y Director-Editor de la Revista “Verdad y Vida”. Estudió Teología en Ambassador University.

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