Preguntas y Respuestas sobre la Teología Trinitaria

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Ahora vamos a referirnos a algunas preguntas y objeciones a la Teología Trinitaria.

¿Estás diciendo que no hay diferencia entre
un cristiano y un no cristiano?

No. Lo que estamos diciendo es que a causa de lo que Jesús es y lo que ha hecho, todos los seres humanos, creyentes y no creyentes, están unidos a Dios en y a través de Jesús. Como resultado, todas las personas están reconciliadas con Dios; todas han sido adoptadas como sus muy queridos hijos. Todas, en y por medio de Jesús, están incluidas en el amor y vida del Dios Unitrino: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Sin embargo, no todas las personas saben quienes son en Cristo. Por ello, no todas han experimentado el arrepentimiento (un cambio en su forma de pensar sobre quien es Dios y quienes son ellas), y por lo tanto no se han vuelto a su Padre celestial en fe, confiando en Jesús y “tomado su cruz” para seguirle como sus discípulos.

Algunos teólogos trinitarios, notando esta diferencia personal ente creyentes y no creyentes, hablan de toda la humanidad como estando reconciliada con Dios, y de los creyentes como estando reconciliados y redimidos. Cualquiera que sea el término usado, los creyentes tienen una participación personal consciente en la unión que toda la humanidad tiene con Dios en Cristo.

Otra forma de referirse a la distinción entre creyentes y no creyentes es decir que todas las personas están incluidas en Cristo (general) pero solo los creyentes participan activamente (personal) en esa inclusión.

A lo largo de todo el Nuevo Testamento vemos como se habla de estas distinciones, y son importantes. Sin embargo, no debemos ir demasiado lejos con ellas y pensar de los no creyentes como no aceptados y no amados por Dios. Verlos de esa forma sería pasar por alto la gran verdad de quien es Jesucristo y lo que él ha hecho por toda la humanidad ya. Sería volver las “buenas noticias” en “malas noticias”.

Cuando vemos a toda la humanidad en Cristo, algunas de las categorías que podemos haber mantenido en nuestra forma de pensar desaparecerán. Ya no vemos más a los no creyentes como “extraños”, sino como hijos de Dios que necesitan comprender cuánto los ama su Padre, cuánto le gustan y los quiere. Nos acercamos a ellos como hermanos y hermanas. ¿Saben quiénes son en Cristo? No, y es nuestro privilegio hablarles del amor de Dios por ellos.

Si todos están ya reconciliados con Dios en Cristo, ¿por qué
las Escrituras hablan tanto sobre el arrepentimiento y la fe?

Pablo escribe en Colosenses 1:21-23: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro”.

Pablo está mostrando que a pesar de la reconciliación universal, en las mentes de los individuos no creyentes permanece la alienación hacia Dios. Aunque incluidos en Jesús, y por ello en el amor y la vida de Dios como sus hijos adoptivos, no lo “ven”, no lo “reciben” y, en sus mentes, permanecen “separados” de Dios, aunque Dios, sin duda, no está en su mente alienado de ellos.

Así que la necesidad de los no creyentes no es “reconciliarse con Dios”, eso está ya hecho, sino la de alejarse de la idea de que están separados de Dios. Este “alejarse” y “volverse hacia” es arrepentimiento y fe.

A muchas personas se les dice que al menos que se arrepientan y crean están totalmente separadas de Dios y la sangre de Jesucristo no puede aplicarse a ellas. Creer este error los lleva a creer en otro, que cada vez que vuelven a caer

en pecado Dios retira su gracia y la sangre de Cristo no los cubre ya. Esta es la razón por la que, si son honestos consigo mismos sobre su pecado, se preocupan a lo largo de sus vidas cristianas pensando que puede que Dios finalmente los rechace.

Pero el evangelio no nos dice que estamos separados de Dios y que tenemos que hacer algo para que Dios nos extienda su gracia. El evangelio nos dice que en Jesucristo, Dios el Padre ha reconciliado ya todas las cosas, incluyéndote a ti y a mí, incluyendo a todos los seres humanos, consigo mismo.

Pablo escribe en Colosenses 1:15-20: “Él [Jesús] es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles… todo ha sido creado por medio de él y para él. Él es anterior a todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero. Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas… haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz”.

Jesús, quien creó a todos los seres humanos, los incluyó a todos en su vida humana, muerte y resurrección substitutiva y representativa. No hay excepciones en este inclusivo “todos”, y esta reconciliación es totalmente por la acción de Dios, totalmente por gracia, no por ningún mérito u obras nuestras. Esta es la buena noticia sorprendente y universal. Sin embargo, hay un asunto relacionado y conlleva arrepentimiento personal y fe. Cada persona individualmente tiene que reconocer que está reconciliada con Dios en Cristo.

En el Nuevo Testamento la palabra griega traducida “arrepentirse” es “metanoia”, que en  realidad  significa “cambio de mente”.Toda la humanidad es invitada, y capacitada por el Espíritu para experimentar un cambio radical de mente, alejado del egocentrismo pecaminoso y hacia Dios y su amor experimentado en unión con Jesucristo.

Nota la invitación de Pedro a este cambio de mente en Hechos 2:38-39: “Arrepentíos [metanoeo = cambiar vuestra mente], y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para [eis = en o con vista hacia] perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”.

Dios no le concede el perdón a la persona arrepentida a cambio de su arrepentimiento y fe. Como  proclaman las Escrituras, el  perdón es un don incondicional gratuito que es dado totalmente por gracia.

La verdad del evangelio, que es la verdad sobre Jesús y sobre toda la humanidad en unión con Dios en Jesús, es que Dios ha perdonado ya a toda la humanidad con un perdón que es incondicional, y por ello verdaderamente gratuito: “Por lo tanto”, invita Pedro, “arrepentíos y creer esta verdad, y ser bautizados por el Espíritu con la mente de Jesús, que conlleva la seguridad sobrenatural de que verdaderamente somos hijos de Dios”.

Arrepentirse [metanoia] es un cambio radical en la forma de pensar acerca de quién es Jesús y sobre quiénes somos nosotros en unión con él, aparte de todo lo que hayamos hecho o hagamos todavía. Por medio del arrepentimiento, que es un don que Dios nos da, nuestras mentes son “renovadas” en Jesús a través del Espíritu.

El Espíritu nos mueve a arrepentirnos “porque” nuestro perdón ya se ha llevado a cabo en Cristo, “no para” ser perdonados. Nos arrepentimos “a causa de” la comprensión de que en Jesús nuestros pecados han sido perdonados y que, en Jesús, somos una nueva creación. En este arrepentimiento, nos volvemos de la alienación dentro de nosotros, a medida que el Espíritu bautiza nuestras mentes en la aceptación de Jesús y en la seguridad que llega con la misma.

¿Por qué entonces Pablo dice que si no tienes el Espíritu,
no perteneces a Cristo?

Romanos 8:9 dice: “Mas vosotros [cristianos] no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”.

¿No ama Jesús a la persona que “no es de él”? Por supuesto, Jesús ama a esa persona, él murió por todas. Pero porque esta persona no es guiada por el Espíritu [no es un creyente], subjetivamente no “pertenece” a Jesús. Sin embargo, en un sentido objetivo, la persona ciertamente pertenece a Jesús, quien la creó y por la que murió para reconciliarla con el Padre.

Pablo escribió en Colosenses 3:11: “donde no hay griego ni judío, circuncisión ni  incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos”.

Efesios 4:6: “un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”. Todos están incluidos, todos pertenecen a Cristo; pero no todos lo saben y lo creen, y por lo tanto no experimentan y viven su nueva vida en él todavía.

Si el mundo está reconciliado,
¿por qué Jesús decía que no oraba por
él?

En Juan 17:9 Jesús dijo: “Yo ruego por ellos [sus discípulos]; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son”.

Primero, debemos de entender que solo porque Jesús dijera en una ocasión que el no rogaba por el mundo, sino por sus discípulos, no implica que él nunca pidió por el mundo. Es solo que justo entonces su énfasis fue sus discípulos.

Es importante también comprender como Juan usa la palabra “mundo” [kosmos en griego] en el fluir de su evangelio. A veces, la palabra puede referirse a todas las personas, quienes son todas amadas por Dios; ver Juan 3:15, mientras que otras veces se puede referir al sistema mundano que es hostil a Dios.

Es aparentemente este sistema el que Jesús tiene en mente aquí en Juan 17. Ya que este sistema resiste a Dios, la oración de Jesús al Padre lo excluye. Él no está pidiendo por el mundo como es, en su lugar está orando por un grupo de personas que él puede usar para declarar su amor por el mundo. Nota que después en su oración en Juan 17:21,23, Jesús tiene a todo el mundo en mente. Él pide que todos sus seguidores “sean uno… oh Padre… para que el mundo crea que tú me enviaste… para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos [a todo el mundo] como también a mí me has amado”. Piensa en ello: Dios ama a todo el mundo con el mismo amor con el que ama a su propio Hijo, Jesucristo. Y esto es verdaderamente ¡buenas noticias!

Si todos están ya reconciliados con Dios, al estar incluidos por gracia en Jesús, ¿por qué las Escrituras hablan tanto sobre el juicio final y el infierno?

Como con todas las preguntas, debemos de empezar con la verdad fundamental: quién es Jesucristo. Jesús es nuestro Salvador y nuestro Juez, ambos papeles en la misma persona. Y él no tiene una “doble personalidad”. En el juicio final no aparecerá un Jesús diferente del que murió por nosotros, y con nosotros, en la cruz. Piensa en este tema teniendo en mente que las bases que conocemos son ciertas y los siguientes puntos empezarán a emerger:

Cada persona que acaba en el infierno había sido incluida ya en Jesús y por ello ya había sido reconciliada con Dios, perdonada, adoptada, aceptada. Es solo su incredulidad personal/subjetiva, su alienación y por ello su rechazo del perdón de Dios, la que le lleva a persistir en no aceptar el amor de Dios.

El juicio final conlleva la resurrección general, cuando todos verán claramente a Jesús y a sí mismos en él, y eso crea para todos los separados, los no creyentes, una crisis que puede ser para algunos su primera invitación a arrepentirse y a creer.  

La pregunta básica para todos en el juicio final será: “¿Aceptas el amor y el perdón de Dios en Cristo? ¿Entrarás al banquete de bodas?”. Rechazarlo es elegir la alienación de Dios, de la fuente del mismo ser de la persona y de los demás seres humanos. Esa separación es el “infierno”, asemejado en las Escrituras a las “tinieblas de afuera” y al “fuego eterno”.

C.S. Lewis en El problema del dolor, escribió esto sobre el infierno:

Pagaría cualquier precio para poder decir en verdad: “Todos serán salvos”. Pero mi razón me responde: “¿Sin la voluntad de ellos o con ella?”. Si digo: “Sin su voluntad”, al momento veo una contradicción; ¿cómo puede ser involuntario el acto supremo y voluntario de la rendición propia? Si digo: “Con su voluntad”, mi razón responde: “¿Cómo, si ellos no se entregan?”.

Estamos tratando aquí con el misterio del mal en un universo donde Dios es totalmente  soberano, y con la realidad de que Dios nunca privará a ninguna persona del libre albedrío que le ha dado. Debe permanecer libre para decir “no”,  así como “sí” a Dios.

En su libro El Gran Divorcio C.S. Lewis escribió:

Hay solo dos clases de personas al final: aquellas que dicen a Dios: “Sea hecha tu voluntad”, y aquellas a las que Dios les dice al final: “Sea hecha vuestra voluntad”. Todos los que están en el infierno, lo eligen. Sin esa elección propia no podría haber infierno. Ningún alma que desea el gozo seria y constantemente jamás lo perderá. Aquellos que buscan hallan. Y a aquellos que llaman se les abre.

A los teólogos trinitarios se les acusa a menudo de negar la realidad del infierno. Karl Barth ha sido a menudo acusado en este sentido. Como defensa, compartió con un amigo un vívido sueño en el que vio el infierno como un…inmenso desierto… [que estaba] insoportablemente frío, no caliente. En este desierto frío y olvidado había una persona sentada, muy aislada y muy sola; tanto que Barth se deprimió con solo observar la soledad. Al acabar la narración de su sueño, Barth dijo a su amigo: “Hay personas que dicen que yo he olvidado esta región [infierno]. No la he olvidado. Sé de ella más que otras personas. Pero porque sé eso, debo hablar sobre Cristo. No puedo hablar lo suficiente sobre el evangelio de Cristo. [De “Memories of Karl Barth-Recuerdos de Karl Barth”, por Eberhard Busch, en How Karl Barth Changed My Mind – Cómo Karl Barth cambió mi mente, publicado por Donald McKim, Pág. 13-14].

Las Escrituras hablan del juicio final y del infierno precisamente porque Dios nos da la libertad para responder a lo que él ha hecho por nosotros en Cristo. Estamos incluidos en Cristo, pero podemos, de alguna forma, rechazar esa inclusión. Estamos reconciliados con el Padre, pero podemos rechazar esa reconciliación.

Tal rechazo tiene consecuencias horribles, pero no niega la universalidad de lo que Dios ha hecho por toda la humanidad en Cristo.

Pero, ¿por qué algunos nombres no están en el libro de la vida?

Nota Apocalipsis 13:8: “…Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”.

Apocalipsis 17:8 dice: “…aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia…”.

¿Cómo es que algunos nombres están ausentes del “libro de la vida” si toda la humanidad está incluida en el amor reconciliador de Dios por medio de Jesús?

Primero tenemos que considerar el contexto del evangelio de estas afirmaciones en Apocalipsis. El Nuevo Testamento afirma claramente que Dios ha reconciliado a toda la humanidad consigo mismo en Jesús. Esta es una verdad objetiva y universal. Sin embargo, también se nos dice que lo que es objetivamente verdad para todos, no es experimentado personalmente, y por ello subjetivamente, por todos. Parece que en los versículos de Apocalipsis, mencionados anteriormente, Juan está hablando sobre esta experiencia personal y subjetiva.

Además hay que considerar el contexto literario de esas afirmaciones en Apocalipsis. Juan escribe usando un género (estilo) literario conocido como apocalíptico. Este estilo, que era comúnmente usado por los escritores judíos del tiempo de Juan, era muy simbólico. No hay un “libro de la vida” literal. El “libro de la vida” es una forma simbólica de expresar pertenencia.

Juan típicamente usa símbolos prestados del Antiguo Testamento, particularmente de las secciones apocalípticas del libro de Daniel. Nota, por ejemplo Daniel 12:1: “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro”.

Aquí Daniel habla de un libro, que es un símbolo usado para comunicar la idea de pertenencia. Este símbolo procede de la antigua práctica de mantener una lista (“libro”) con los nombres de los ciudadanos de una comunidad. El asunto detrás de este símbolo parece ser el de la identidad. El punto de Juan en Apocalipsis es que algunas personas se identifican con Jesús y algunos con la Bestia. Aunque este es un asunto de experiencia personal, y por lo tanto subjetivo, es, sin embargo, muy real. Algunos se identifican con Jesús, quien es nuestra vida, y, trágicamente, otros no.

Jesús tomó sobre sí mismo nuestra humanidad, todo el mundo está incluido en esa unión por medio de la vida, muerte, resurrección y ascensión substitutoria y representativa de Jesús. En este sentido objetivo, él ha escrito todos los nombres en su libro de la vida. Y porque somos suyos, no nos olvida, incluso cuando nosotros, en ceguera personal, nos alejamos y así parezca, personal y subjetivamente, que nuestros nombres estén ausentes de su libro.

Nosotros creemos que Dios le dará a cada persona la oportunidad para comprender la verdad de su inclusión  en Jesús, y por medio de esta comprensión, la de abrir sus ojos. Pero incluso entonces, cada persona, ejercitando su libertad otorgada por Dios, tiene la elección personal de aceptar o rechazar el amor de Dios.

¿Por qué dice Pedro que es difícil ser salvo?

1 Pedro 4:17-18 dice: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador?”. Pedro está citando Proverbios 11:31: “Si los justos reciben su pago aquí en la tierra, ¡cuánto más los impíos y los pecadores!”.

El tema no es la salvación en “el después de aquí”, sino en el aquí y ahora. En un sentido no es difícil recibir la salvación que es nuestra en Jesús, uno simplemente se arrepiente y cree el evangelio. Sin embargo, en este mundo, a causa de la dureza de corazón, muchos no quieren hacer eso. Por otro lado, es difícil vivir la vida transformada aquí en la tierra, especialmente si el mundo está persiguiéndote, que es el tema que Pedro esta discutiendo (ver 1 Pedro 4:12-16).

Así que la “dificultad” de la que Pedro está hablando con respecto a la salvación, no es sobre que sea difícil “ser salvo”, de hecho, es un don gratuito para nosotros, sino que el camino de la salvación es, a menudo, difícil en este mundo porque está en contra de la forma en la que funciona separado de Dios, particularmente en tiempos de persecución.

¿Qué me dices de la vergüenza y confusión perpetuas? ¿No enseñan las Escrituras que algunos serán condenados para siempre? Si es así, ¿cómo podemos decir que todos están ahora reconciliados?

Daniel 12:2: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos  para  vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. 2 Tes. 1:6-9 dice: “Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder”.

Ambos pasajes se refieren al tiempo del juicio final cuando Jesús sea “revelado”, a veces referido como la “segunda venida” de Jesús, o al regreso de Jesús “en gloria”. Este es el tiempo cuando todos los seres humanos verán claramente quien es Jesús, y por ende quienes son ellos en unión con él. Y esta “revelación” les presenta una elección: ¿Dirán “sí” a su inclusión en Cristo, o dirán “no”?

Su decisión ni crea ni destruye su inclusión, pero sí determina su actitud hacia ella, si continuarán separados, y por ello en vergüenza y eterna perdición y destrucción, o entrarán en la plenitud del gozo del Señor.

Quizás para muchos, este juicio final será su primera oportunidad de conocer el evangelio de Jesucristo. No se nos dan a conocer los detalles.

Nos acordamos de la propia experiencia de Pablo. Nota lo que él dice en 1 Timoteo 1:13-14: “Habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador;  mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús”.

Si Dios tiene misericordia con un blasfemo y perseguidor de los cristianos como Pablo, ¿no lo hará por todos?  La respuesta es sí. La gracia de Dios será derramada abundantemente en ellos también. Sin embargo, Dios nunca les privará de la libertad que les ha dado para decir “no” a su “sí”. ¿Por qué? Porque el amor no puede ser impuesto. Nuestra aceptación personal de la inclusión de Dios libremente dada, debe ser hecha en libertad.

Continuando en 1 Timoteo 1:15-16: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero  por  esto  fui recibido  a misericordia, para  que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna”.

Al volverse, estos pecadores “reciben” vida eterna, una vida que ya tienen con Dios, en Cristo, pero una vida que no han conocido, y menos abrazado o vivido. Antes de que sus ojos fuesen abiertos, estos rebeldes, aunque a menudo perpetrando males terribles, estaban viviendo en ignorancia. Recuerda lo que dijo Jesús de aquellos que le estaban crucificando en Lucas 23:34: “… Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Pero viene un tiempo cuando esta ignorancia será quitada. Juan 5:28-29 dice: «No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz [la de Jesús]; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”.

La palabra griega traducida aquí como  “condenación” es krisis, que significa “juicio”, (está traducida como krisis en el Vr. 22). Notemos la traducción del Vr. 29 en la Nueva Versión Internacional de 1984: “…y saldrán de allí. Los que han hecho el bien resucitarán para tener vida, pero los que han practicado el mal resucitarán para ser juzgados”. El juicio puede terminar en condenación, pero el juicio en sí mismo no es condenación, sino un proceso para aclarar las cosas.

Debemos recordar que el juez de estos “resucitados de nuevo”, normalmente referida como la resurrección general, no es otro que Jesús, el Salvador de toda la humanidad. Nota Juan 5:22: “… el Padre no juzga a nadie, sino que todo juicio [krisis] lo ha delegado en el Hijo”.

En el Día del Juicio, Jesús, el juez que murió por todos nosotros en nuestra ignorancia, mostrará totalmente quien es, y a la luz de esa verdad todos son llamados a decidir, a “juicio” [krisis], a un punto de crisis. Aquellos que aceptan a Jesús entran en la plenitud del gozo de la vida que tienen con Dios en Cristo. Aquellos que lo rechazan continúan en su alienación y en la miseria que conlleva. Este juicio tiene el efecto de aclarar quienes, al final, recibirán la salvación que se les ofrece y quienes no.

¿Y qué de la “puerta estrecha”?

Jesús dice en Mateo 7:13-14: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan».

Jesús está hablando de esta vida ahora, a este lado de la resurrección general. En  este  día, la mayoría están viviendo en el “camino espacioso” de la destrucción. Aunque incluidos  en Cristo, viven como si no lo estuviesen. Solo los “pocos” han abrazado en este tiempo la verdad que es en Jesús, y él es la “puerta estrecha”.

Jesús trata de este mismo tema en Mateo 7:21-23 “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí;  apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Estas personas han hecho milagros, y al hacerlos han engañado a muchos. Afirman conocer a Jesús, y aunque Jesús obviamente los conoce, ya que él es omnisciente, no se ve a sí mismo en ellos con respecto a su fe real o conducta, y por ello proclama: “Nunca os conocí”, en el sentido de no tener una unión armoniosa con ellos.

Sin embargo, esto no significa que no tengan una oportunidad futura de arrepentirse, quizás en el Día del Juicio. Jesús murió por ellos y los redimió (2 Pedro 2:1).

No habrá recompensa por esas falsas obras, pero pueden todavía volverse a Jesús en arrepentimiento para experimentar la vida eterna que tienen en él. Pablo alude a esto en 1 Corintios 3:12-15: “Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”.

Pero ¿qué decir de la afirmación de Jesús en Mateo 25:41?: “Entonces dirá también a los de la izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles…’”.

Como los versículos que siguen a esta afirmación muestran, estos rebeldes han vivido de forma egoísta. Pero eso hemos hecho todos. El tema no es la conducta perfecta, sino la actitud del corazón, algunos vuelven a Jesús en arrepentimiento pero otros permanecen obstinadamente rebeldes. Todos los que están de pie delante de Jesús en juicio le pertenecen, están incluidos en su vida y amor, pero algunos lo rechazan, y al hacerlo se separan a sí mismos en sus propios corazones y mentes. Jesús reconoce este hecho y las consecuencias que acarrea, “el fuego eterno”.

Este “fuego”, como “las tinieblas de afuera” es una metáfora de la miseria autoimpuesta que experimentarán aquellos que, en el juicio final, rechacen la bondad y amor de Dios que es de ellos en Cristo.

Pero, ¿no nos convertimos en hijos de Dios en el instante en que creemos?

Juan 1:12-13 dice: “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Éstos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios” (Nueva Versión Internacional de 1984).

Ya hemos visto en las Escrituras que Dios ha incluido a todos en la humanidad vicaria de Jesús. Cuando él murió, todos morimos, cuando resucitó, todos nacimos de nuevo en él. Por lo tanto, todos los seres humanos son, desde la perspectiva de Dios, ya sus hijos. Pero aquellos que creen y aceptan a Jesús entran y experimentan la nueva vida que ha sido de ellos, la nueva vida que ha estado “escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3). En otras palabras, lo que ha sido objetivamente verdad para ellos siempre, llegan a experimentarlo subjetiva y personalmente cuando se convierten en creyentes.

Jesús proclama la verdad universal y la verdad personal, la verdad objetiva y la verdad subjetiva. Notemos como lo hace en Juan 3:16-18: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado,  porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.

El versículo 16 proclama la verdad universal: “porque de tal manera amó Dios al mundo…”, y la personal: “para que todo aquel que en él cree, no se pierda…”.

El versículo 17 proclama lo universal: “…no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él…”.

El versículo 18 proclama lo personal: “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado…”.

¿Cuál es la condenación de la que se habla en el versículo 18? No es la condenación al infierno porque cada persona es incrédula antes de convertirse en creyente. Se está refiriendo a su permanencia en un estado de condenación, viviendo en obscuridad y e ignorancia sin Jesús en sus vidas, al continuar desconfiando y rechazando recibir la vida en unión y comunión con él. Pero cuando una persona se convierte en un creyente la obscuridad se levanta y entra en la luz.  Y ya no permanece en un estado de condenación.

Jesús señala un punto similar en Juan 8:42-44: “…Si vuestro padre fuese Dios,  ciertamente me amaríais;… Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer”. Los que están viviendo en la obscuridad de la incredulidad, aunque objetivamente son hijos de Dios en unión con Jesús, están subjetivamente, en su experiencia personal, todavía en tinieblas.

Pablo habla a los creyentes de este engaño y obscuridad en Efesios 2:2: “en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia”. Estos creyentes eran una vez incrédulos caminado en tinieblas, e incluso así pertenecían a Dios a causa de Jesús, pero solo cuando se convirtieron en creyentes empezaron a conocer a Dios y a experimentar la vida en él.

Pero, ¿no es esto el universalismo?

Las Escrituras muestran que Dios, en Cristo, ha reconciliado a todos los seres humanos consigo mismo, pero él nunca fuerza a ninguna persona a abrazar esa reconciliación. El amor no puede imponerse.

Dios quiere hijos e hijas que lo amen como gozosa respuesta a su amor, no zombis que no tienen mente o capacidad de elección por sí mismos.

Elmer Colyer explica el porqué el teólogo trinitario T. F. Torrance rechazó el universalismo:

Torrance ve el universalismo y la expiación limitada como herejías gemelas que descansan en otra más profunda, el recurso a una explicación lógico-causal de por qué la muerte expiatoria del Señor Jesucristo cubre o no a todas las personas. Torrance rechaza el universalismo porque no podemos explicar el porqué algunas personas creen y otras no, así como tampoco podemos explicar por qué entró el mal en el mundo, (An introduction to Torrance Theology – Una introducción a la teología de Torrance, editado por Gerrit Dawson, Pág. 54).

Si estamos incluidos ya,
¿por qué esforzarnos por vivir la vida cristiana?

La pregunta presupone que es mejor y más fácil no vivir la vida cristiana que sí hacerlo. Eso no es verdad. Vivir separado de Dios es una vida más difícil y dolorosa que vivirla en Dios. Los que están en Cristo lo aman y quieren hacer lo que él dice. Tienen un corazón y una mente cambiada; son una nueva creación. Su deseo es ser semejantes a Jesús, conformarse a su imagen. El Espíritu habita en ellos y están siendo transformados en la semejanza de Cristo.

Sin duda estamos ya incluidos. La salvación es gratuita e igualmente dada a todos en base a los méritos y la obra de Jesús, no en las nuestras. De esto es de lo que Jesús está hablando en su parábola de los labradores de la viña (Mateo 20:11-15): “Y al recibirlo [el pago por trabajar en la viña], murmuraban contra el padre de familia, diciendo: ‘Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día’”. A lo que Dios contesta: “¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?”.

A algunas personas no les gusta la idea de que otras que no trabajan tanto como ellas acaben con la misma recompensa. Pero esta preocupación ignora la verdad que nadie, sin importar lo mucho que se esfuerce, merece la salvación. Esa es la razón por la que es un don gratuito para todos.

Sin embargo, en las Escrituras aprendemos que nuestra participación ahora en el amor y la vida de Jesús produce buenos frutos y gozo personal que se extiende hasta la eternidad. Vivir en caminos malignos produce dolor, angustia y miseria a uno mismo y a otros. Es por eso que Dios no quiere que vivamos de esa forma. Considera los siguientes pasajes:

1 Corintios 3:11-15: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra  de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”. Gálatas 6:7-8: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”.

Dios da a todos su don gratuito de la reconciliación en Jesús, pero aquellos que, por medio del Espíritu, lo abrazan y viven en Cristo experimentarán recompensas ahora y en la eternidad.

Nota lo que escribe Michael Jinkins en la página 224 de su libo:

Esto nos lleva a comprender que la vida que Dios desea que vivamos es la calidad de vida que vemos en Jesucristo, la vida “apasionada”, como Moltmann la describe; la vida libremente derramada por el beneficio de otros, abandonando toda seguridad propia, confiando en su lugar en ser llenos de Dios, la fuente eterna. Esta vida, que es por definición vida en comunidad, refleja la vida interior de Dios, la vida perichorética del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, la interpenetración mutua de las personas divinas en abandono propio y mutua participación. Es esta vida de perichoresis, o coinherencia, la que forma el centro de nuestra ética, porque es esta vida eterna también la que provee el significado de nuestra justificación y nuestra santificación (Invitation to Theology – Invitación a la Teología, Pág. 244).

¿Y la misión cristiana? Si todos están incluidos ya en el amor y la
vida de Dios por medio de Jesús, ¿por qué preocuparnos por la
misión cristiana de proclamar el evangelio al mundo y hacer discípulos para Jesús?

Es la unión de Jesús con cada uno de nosotros lo que provee la base y el fundamento para cada aspecto de nuestra vida, incluyendo nuestra participación en la misión, y el ministerio con Jesús. El Espíritu nos mueve a tomar parte en lo que Jesús está haciendo en unión y comunión con nosotros. Y él está proclamando activamente su don de la gracia, ya dado a toda la humanidad, por medio de lo que ha hecho por todos nosotros. El Espíritu está trabajando en el mundo para compartir la verdad que es en Jesús, y para invitar a todos a recibirlo y a abrazarlo. Al hacerlo, lo que es verdad de ellos ya, en un sentido objetivo, se hará realidad para ellos personalmente, en un sentido subjetivo. Y eso lo cambia todo.

¿Qué decir de Juan 6:44?

Juan 6:44: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere…”. Los líderes judíos estaban buscando desinflar la afirmación aparentemente vergonzosa de Jesús: “Yo soy el pan que descendió del cielo” (6:41). Esta afirmación era igual a afirmar estatus divino. Y la respuesta de Jesús ante la queja de los líderes judíos por su afirmación fue “que dejaran de murmurar” (versículo 43), y se dieran cuenta de que “ninguno puede venir a mí [el pan del cielo que da verdadera vida], si el Padre que me envió no le trajere…” (versículo 44). El punto de Jesús es que el Padre está trayendo a todos a Jesús.

A veces, este versículo se usa mal para decir que como seguidores de Jesús no tenemos función que hacer para evangelizar a los no creyentes, porque solo el Padre puede traer a las personas a Jesús. Pero Jesús está hablando de la unidad que él tiene con el Padre. La obra que está haciendo en la tierra no es meramente suya, sino el logro directo de la voluntad del Padre (versículo 38).

Tan unidos están Jesús y el Padre que lo que él hace debe verse como la voluntad y obra del mismo Padre. Cuando las personas siguen al Hijo, es porque el Padre las ha traído a él.

Y así es con nuestra obra como discípulos de Jesús. La obra que hacemos en obediencia al mandato de Jesús, la Gran Comisión, de “id y haced discípulos” (Mat. 28:19), es nuestra participación en la obra de Jesús en nuestro mundo, que es la obra del Padre.

Sin duda, no podemos llevar personas a Jesús por nosotros mismos. Pero a medida que, por medio del Espíritu, participamos activamente en lo que Jesús está haciendo, somos sus instrumentos, agentes del Padre en dirigir a las personas al Hijo (2 Corintios 5:20)

Si todo el cosmos está incluido,
¿por qué hay todavía maldad en el mundo?

Esta objeción tiende a ir en una de estas dos líneas:

Argumento 1: Ya que Dios no coexistirá con el mal y hay tantas personas malas en el mundo, se concluye que Dios no ha incluido a toda la humanidad ya.

Argumento 2: Si Dios ha incluido en realidad a toda la humanidad ya, deberíamos de esperar ver en el mundo a nuestro alrededor una desaparición significativa del mal desde que Dios llevó a cabo esta inclusión. Pero no vemos eso, y por lo tanto se concluye que Dios no ha incluido ya a toda la humanidad.

La teología trinitaria no niega que el mal existe en el mundo. Uno solo necesita notar la forma muy directa y valiente en la que Kart Barth, y otros teólogos confrontaron la maldad del Tercer Reich de Hitler. Es claro que hay, y siempre ha habido, una gran cantidad de mal en el mundo.

La expiación universal de la humanidad se ha llevado a cabo en y por medio de Jesucristo. Su venida constituye la entrada del reino de Dios en nuestro mundo. Y Jesús asemejó la presencia de su reino a la “levadura” que leuda toda “la masa”, sin embargo, no es visible para la mayoría (ver Mateo 13:33). La revelación plena de esta inclusión, que todos verán, aguarda la parusía (regreso) de Jesús.

Ahora sabemos de la inclusión de la humanidad en Dios porque, y solo porque, nos ha sido revelada en la persona y obra de Jesucristo. Las Santas Escrituras muestran que es la unión única y definitiva de Dios y toda la humanidad.

El evangelio declara que toda la humanidad está incluida objetiva y universal- mente en Cristo, sin excepciones ni exclusiones. Más aún, dice que Dios no está separado de los pecadores; sino que los ha incluido a todos, nos ha adoptado a todos como sus muy amadas criaturas en Cristo.

El argumento 1anterior no es correcto en su afirmación porque Dios está dispuesto a coexistir con el pecado; de hecho, en Jesús se hizo pecado por nosotros (2 Corintios 5:21). Jesús era, y todavía es un “amigo de pecadores” (ver Lucas 7:34 y nota aquí que Dios el Padre es del mismo parecer). Dios odia el pecado y por ello odia el mal, porque hace daño a sus hijos. Pero no tiene miedo al mal, ni el pecado lo puede detener de amar a los pecadores. Al contrario, hace frente a la totalidad del mismo “de cerca y de forma personal” en nombre de todos por medio de la humanidad vicaria de Jesús.

Lo que es objetiva y universalmente verdad de toda la humanidad, desde el “mejor” al “peor” de nosotros, no es experimentado subjetiva y personalmente por todos. Pablo deja esto claro en Colosenses: “…por cuanto agradó al Padre que en él [Jesús] habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos,  haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (1:19-20).

Esto habla del estado universal y objetivo de toda la humanidad, todos fueron reconciliados con el Padre por medio de Jesús. Podemos decir: “¡Es un asunto hecho!”. Pero hay más que decir al respecto, y Pablo a continuación trata del aspecto personal y subjetivo de esta escena universal. Nota que está hablando a creyentes: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras…” (Colosenses 1:21).

En y a través de Cristo, somos todos criaturas de Dios muy amadas, perdonadas, aceptadas y adoptadas. Pero en las mentes de los no creyentes permanece una alienación hacia Dios. El hecho de que todos están incluidos en Cristo no significa que el mal ha sido eliminado.

Nuestro papel como creyentes es declarar la buena noticia de que Dios ha perdonado, incluido y adoptado a todos en y por medio de Cristo. A causa de Cristo, Dios ama a la humanidad incondicionalmente, y el Espíritu invita y capacita a todas las personas a arrepentirse, a cambiar su pensamiento, con respecto a quién es Dios y quiénes son ellas a la luz de la verdad en Jesús, y a poner su confianza, fe, en él, tomando su cruz y siguiéndole.

El evangelio de la inclusión universal de la humanidad en el amor y la vida de Dios en Jesús, trata directa y decisivamente con el tema del mal. Jesús cargó sobre sí mismo todo el mal y lo ha y está redimiéndolo, libertando del pecado y de la muerte a los perpetradores del mal y llevándolos a la fe y la vida en él. Esta transformación es la clave central del Espíritu Santo para conformarnos individual y colectivamente a la imagen de Cristo.

¿Cómo se compara esta teología con el calvinismo y el arminismo?

Al comparar y contrastar las teologías cristianas estamos hablando sobre diferentes perspectivas entre hermanos y hermanas en Cristo que buscan servir al mismo Señor. Así nuestra discusión debe reflejar respeto y cordialidad, no arrogancia u hostilidad.

Dentro de la comunidad cristiana han surgido numerosas teologías, incluyendo varias formas de calvinismo y arminismo.

El calvinismo es una teología que deriva de las enseñanzas del reformador protestante, Juan Calvino (1509-1564). Hay muchas formas de calvinismo, pero la mayoría abrazan dos premisas relacionadas:

Expiación limitada, la idea de que Jesús murió solo por los elegidos, aquellos que él predestinó a ser salvos.

La gracia irresistible, la idea de que los elegidos no pueden resistir su salvación.

El calvinismo enfatiza la soberanía de Dios en la elección y salvación. Mu-chas denominaciones y congregaciones protestantes abrazan esta teología, incluyendo a muchos presbiterianos, las iglesias reformadas, y algunas bautistas reformadas.

El arminismo deriva sus enseñanzas de otro reformador protestante, Jacobo Arminio (1560-1609). Él rechazó las ideas calvinistas de una expiación limitada y la gracia irresistible, insistiendo en que Jesús murió por toda la humanidad, y que todas las personas pueden ser salvas si toman la acción necesaria personal que es posibilitada por el Espíritu. Esta teología, aunque manteniendo la soberanía de Dios en la salvación tiende a descansar en la decisión y la libertad humana. Muchas denominaciones y congregaciones protestantes abrazan alguna forma de teología arminista, incluyendo la mayoría de las metodistas y muchas bautistas.

Puntos sobre la exégesis bíblica

Hemos tratado de contestar a las preguntas y objeciones típicas que surgen cuando las personas consideran la Teología Trinitaria. Sin duda, hay otros versículos que traen preguntas u objeciones similares. Lo que hemos tratado de hacer en este folleto es demostrar una perspectiva Trinitaria centrada en Cristo para leer e interpretar todos los pasajes de las Sagradas Escrituras.

Algunos objetan ante la idea de interpretar las Escrituras. Dicen: “Yo dejo que la Biblia diga lo que significa”. Esta idea, aunque admirable, no es sostenible. El mismo acto de leer es, necesariamente, un acto de interpretación. El tema no es interpretar o no interpretar, sino ¿qué criterio usamos en nuestra interpretación al leer? La verdad es que siempre traemos a las Escrituras un cierto criterio, ciertas ideas y presuposiciones. Lo que estamos urgiendo aquí es que vengamos a las Escrituras con la verdad de quien es Jesucristo verdaderamente como el punto inicial y el criterio continuo por el que leemos e interpretamos las Sagradas Escrituras. Jesús mismo debe ser la “lente” por la que se lee toda la Escritura.

Por lo tanto, al leer las Escrituras, recomendamos pensar en las siguientes preguntas:

¿Cómo este pasaje se alinea con el evangelio que contesta a la pregunta quién es Jesús?

¿Está este pasaje refiriéndose a la salvación universal, objetiva de toda la humanidad en Jesús, o se está refiriendo a la experiencia personal, subjetiva de aceptar o negar esa salvación?

¿Cuál es el contexto histórico, cultural y literario?

¿Cómo está este pasaje escrito en otras traducciones? Otras traducciones nos pueden ayudar a ver los pasajes desde perspectivas diferentes. Es una buena idea comprobar varias traducciones. También es útil comprobar diccionarios de griego y otras ayudas de traducción, porque algunas de las riquezas y las sutilidades del texto en griego del Nuevo Testamento se pierden en las traducciones a otras lenguas.

Para una guía a la exégesis bíblica puede que encuentres útil consultar Elements of Biblical Exegesis: A Basic Guide for Students and Ministers (Elementos de la Exégesis Bíblica: Una Guía Básica para Estudiantes y Ministros de Michael Gorman, (Hendrikson, 2009).

Puntos claves de la
Teología Trinitaria centrada en Cristo

A continuación hay algunos aspectos básicos de la teología presentada en este folleto.

El Dios Unitrino creó a todas las personas para que participen, por medio de la humanidad vicaria de Jesucristo, en la relación de amor gozada por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

El Hijo se convirtió en humano, el hombre Jesucristo, para reconciliar a toda la humanidad con Dios por medio de su nacimiento, vida, muerte, resurrección y ascensión.

El Jesús crucificado, resucitado y glorificado es el representante y el substituto de toda la humanidad a la derecha del Padre, y él atrae a todas las personas a sí mismo por el poder del Espíritu Santo.

En Cristo la humanidad es amada y aceptada por el Padre.

Jesucristo pagó por todos nuestros pecados, pasados, presentes y futuros, y ya no hay ninguna deuda que pagar.

El Padre ha perdonado todos nuestros pecados en Cristo, y está deseoso de que nos volvamos a él.

Podemos gozar de su amor solo cuando creemos que él nos ama. Podemos gozar de su perdón solo cuando creemos que él nos ha perdonado.

Cuando respondemos al Espíritu Santo volviéndonos a Dios, creyendo las buenas noticias y tomando nuestra cruz y siguiendo a Jesús, el Espíritu nos guía a la vida transformada del Reino de Dios.

Lee la primera parte de este folleto:

Una breve introducción a la Teología Trinitaria

RECOMENDACIONES PARA UN ESTUDIO MÁS AMPLIO

Para profundizar en el estudio de la Teología Trinitaria centrada en Cristo recomendamos los siguientes recursos.

Libros

Invitation to Theology, por Michael Jinkins (InterVarsity, 2001; 278 páginas)

Kingdom, Grace, Judgment, por Robert F. Capon (Zondervan, 2002; 552 páginas)

An Introduction to Torrance Theology, Editado por Gerrit Scott Dawson (T&T Clark, 2007, 179 páginas)

The Mediation of Christ, por Thomas F. Torrance (Helmers & Howard, 1992; 126 páginas)

Worship, Community and the Triune God of Grace, por James B. Torrance (InterVarsity, 1996; 130 páginas)

The Great Dance, por C. Baxter Kruger (Regent, 2000; 121 páginas)

How to Read T. F. Torrance, por Elmer Colyer (InterVarsity, 2001; 393 páginas)

Dancing in the Dark, por Graham Buxton (Paternoster, 2001; 310 páginas)

Jesus and the Undoing of Adam, por C. Baxter Kruger (Perichoresis, 2003; 72 páginas)

Evangelical Theology: an Introduction, por Karl Barth (Eerdmans, 2000; 212 páginas)

Dogmatics in Outline, por Karl Barth (Haper & Row, 1959; 130 páginas)

Artículos de la CIG

La Comunión Internacional de la Gracia tiene cientos de artículos útiles que tratan de la fe y la práctica cristianas. A continuación hay una lista de artículos, con la dirección de la web, que desarrollan aspectos claves de la Teología Trinitaria centrada en Cristo de la CIG.

Buenas noticias para gente mala,
comuniondegracia.org/blog/2009/02/buenas-noticias-para-gente-mala
www.idue.es/literatura/folletos

El Evangelio realmente es buenas noticias,
comuniondegracia.org/blog/2010/04/el-evangelio-es-buenas-noticias/
www.idue.es/literatura/folletos

Predestinación: ¿Te deja Dios elegir en realidad tu propio destino?
comuniondegracia.org/blog/2009/02/la-predestinacion/ www.idue.es/literatura/folletos

¿Para qué sirve la Teología?
comuniondegracia.org/blog/2009/05/la-teologia/

The Trinity: Just a Doctrine?
comuniondegracia.org/blog/2009/06/la-trinidad-¿es-solo-una-doctrina/

Fundations of Theology for Grace Communion International, www.wcg.org/av/misc/theology.htm

Programas de video de la CIG

Tú estás incluido. Este programa en la red presenta entrevistas del Dr. J. Michael Feazell, vicepresidente de la    CIG con teólogos y autores trinitarios.  Ve o bájate estas entrevistas en
https://comuniondegracia.org/blog/category/tu-estas-incluido/
Hablando de la vida. Este programa en la red presenta breves discusiones por el Dr. Joseph Tkach, presidente de la CIG, sobre temas bíblicos desde una perspectiva Trinitaria. Ve o bájate estos programas en https://comuniondegracia.org/blog/category/hablando-de-la-vida/


Direcciones y teléfonos a los que solicitar información sobre los lugares y horarios de nuestras congregaciones hispanas.

Argentina: Iglesia de Dios Universal
Olavarría 4543, (1842) Bo Las Flores, Monte Grande- BA.
email: iduarg@gmail.com
Tel. (011) 4295-1698

Colombia: Iglesia de Dios Universal

Calle 49 #26-11 Galerías, Bogotá.

Teléfono: 3142825

Costa Rica: Iglesia de Dios Universal

Apartado 7700, 1000 San José.

Chile: Iglesia de Dios Universal

Casilla 11, Correo 21, Santiago.

El Salvador: Comunión de Gracia,

Res. Los Girasoles, Senda 3 Oriente 23, Santa Tecla.
Tels 2242-1095, 2229-6277

España: Iglesia de Dios Universal

Apdo. 185, 28600 Navalcarnero,

Madrid.

Tel. 91 813 67 05 ó 626 468 629

www.idue.es

Vilafranca de Bonani (Mallorca)
Tel. 971 56 08 18 ó 687 938 357

Estados Unidos: Comunión de Gracia Internacional

P.O. Box 5005

Glendora, CA 91740-5005.

Guatemala: Iglesia de Dios Universal

Apartado postal 2489, Guatemala.

Honduras: Iglesia de Dios Universal

Apartado 20831, Comayagüela.

México: Iglesia de Dios Mundial

http://churches.wcg.org/mexicocity

Perú: Iglesia de Dios Universal

Email: josekasum1@yahoo.es

Puerto Rico: Iglesia de Dios Mundial

HC 1 Box 5129, Barranquitas, PR 00794

Internet: comuniondegracia.org

Correo electrónico: comunion.gracia@gmail.com

Este folleto es gratuito. Usted puede obtener una copia electrónica en www.comuniondegracia.org e imprimirlo.

Texto por:  Ted Johnston y el Equipo de Desarrollo del Ministerio de GCI, USA, con: Dr. J. Michael Feazell, Dr. Michael Morrison, Terry Akers y Keith Brittain.

©2010 Grace Communion International

Texto bíblico tomado de la Santa Biblia, Versión Reina Valera de 1960 © por Sociedades Bíblicas Unidas.

Traducción al español: Pedro Rufián Mesa

Corrector de pruebas:  Eladio Arnaiz Sánchez

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