Solemos pensar en la Trinidad como un entendimiento de Dios en el Nuevo Testamento que tiene sus raíces en versículos tales como Mateo 28:19 [1] y 2 Corintios 13:14 [2]. Pero en Mateo 22:43-44 encontramos a Jesús, en una conversación con los líderes religiosos de su época, haciendo alusión a la Trinidad tomando como referencia un texto del Antiguo Testamento.

Jesús cita el Salmo 110:1 y pregunta a los líderes religiosos: «¿Cómo es que David en el Espíritu, le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: «Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies»?» Note que dos personas de Dios son mencionadas en el Salmo: el Señor y el Señor, el Mesías, que es igual al Señor Dios deIsrael porque está sentado a la diestra del Señor. Esta distinción dentro de la vida del Señor Dios de Israel fue suficiente para desconcertar a los líderes religiosos y dejarlos en silencio cuando Jesús la señaló. Este versículo del Salmo 110:1, como fue usado por Jesús, pertenece a la misma categoría que Juan 1:1, ya que nos señala la relación Padre / Hijo en el centro de la existencia de Dios.

Pero todavía no nos lleva a la Trinidad, ya que todavía estamos hablando de dos en uno y no tres en uno. Aquí es donde la declaración de Jesús en Mateo 22:43 se vuelve significativa. Él dice que David habló por el Espíritu. Así que, por la gracia del Espíritu Santo, David habló del SEÑOR hablando al Señor que está a su mano derecha. Ahora tenemos la Trinidad. Es sólo por la gracia y el poder del Espíritu Santo para que – al igual que David – nosotros podemos conocer al Padre y al Hijo. El Espíritu Santode Dios es Dios, junto con el Padre y el Hijo, por lo que su revelación del Padre y el Hijo es digna de confianza.

¡No es de extrañar que los líderes religiosos se quedaran perplejos! Esto no se puede inventar. Es sólo por la obra del Espíritu Santo que podemos entender la revelación que el Hijo hace del Padre y así conocer a Dios como la Santísima Trinidad que es Dios.

Jonathan Stepp



[1]  Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,

[2] La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes.

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