Por  John  Halford

Por las distintas medallas, estatuas y dibujos que adornaban su coche, estaba claro que mi taxista era hindú. Me llevaba al aeropuerto de Kuala Lumpur, a través de las vastas plantaciones de palma de aceite del Sur de Malasia.

Malasia es una nación multicultural, y aunque la religión principal es el Islam, es bastante normal ver templos hindúes y budistas junto a las mezquitas en las ciudades y pueblos. Incluso se puede ver alguna que otra iglesia Cristiana – aunque el cristianismo es una religión bastante minoritaria en el sudeste asiático.

Me he dado cuenta que con el paso de los años me he hecho más tolerante con las creencias religiosas de los demás. No quiero decir con eso que las acepte o incluso que las comprenda, pero si he aprendido que lo que para mi puede parecer tonto o confuso pueda tener un profundo significado para alguien de una cultura diferente. Por ejemplo, mi taxista hindú es un hombre inteligente, pero me pregunto qué es lo que él ve en lo que para mí son símbolos bastante raros de su fe. Como, por ejemplo, las estatuas de monos y elefantes brillantemente coloreados que adornan los templos. O la pequeña estatua de una diosa con múltiples brazos sobre el salpicadero del taxi.

La verdad es que estaba pensando en preguntar al conductor sobre esto, cuando curiosamente la situación se dio vuelta. Pasamos delante de un edificio de una iglesia cristiana decorado con una gran cruz en la pared. Sobre la cruz había una estatua llamativa de yeso del Cristo clavado en ella. La sangre, pintada de color rojo brillante, manaba de sus manos, pies y costado. El conductor, girando su cabeza hacia mi, me preguntó: “Perdone, señor, pero, ¿es usted cristiano?”

“Si”, le dije.

“Entonces, me podría decir ¿que es lo que los cristianos ven en ese extraño Dios muerto?”

Jamás había pensado en el símbolo de la cruz de esa manera. Para mí, Jesús está muy vivo. Cuando uno conoce la

historia, la cruz se convierte en un impactante recordatorio de cómo y cuanto sufrió Jesús cuando se convirtió en sacrificio por el pecado. Y está claro que, para alguien que no conoce el relato de Jesús, le debe parecer extraña nuestra elección de un cadáver torturado y sangriento colgado sobre una cruz romana como símbolo de su fe.

Para aquellos que no conozcan la historia, debe parecerles extraño elegir a un cadáver torturado y sangriento sobre una cruz como símbolo de su fe.

No siempre fue la cruz

Era un símbolo apropiado, ya que Jesús dijo a sus seguidores que serían “pescadores de hombres”. Pero en aquellos primeros tiempos había que “pescar” en secreto. Era peligroso ser cristiano, y los seguidores de Jesús tuvieron que recurrir a signos secretos y símbolos para no exponerse innecesariamente. Por ejemplo, un hombre a veces dibujaría la mitad de la imagen de un pez en la arena mientras hablaba con alguien. Si la figura era reconocida por su interlocutor, éste completaría el dibujo y los dos creyentes sabrían que estaban a salvo entre sí.Hoy en día la cruz es el emblema universalmente reconocido del cristianismo. Aunque no siempre fue así. En los primeros años de la Iglesia no se utilizaba la cruz. Tal vez era demasiado horrible en una época en que la crucifixión era considerada un castigo terrible en el Imperio Romano. Los primeros cristianos se identificaban con el símbolo del pez, como las pegatinas que se pueden ver en algunos coches. Las primeras letras de las palabras griegas que significan “Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador” (Iesous Christos Theou Yios Soter) pasaron a formar la palabra griega para “pez” (ichthys).

Los cristianos tenían que adorar en secreto y para encontrar el camino al lugar de culto por los largos pasillos subterráneos solo tenían que seguir los peces dibujados en la pared apuntando en la dirección que tenían que ir.

Sin embargo, cuando el cristianismo se convirtió en la religión del Imperio Romano en los días de Constantino y la crucifixión fue abolida como castigo, la cruz se hizo más frecuente como símbolo de la fe cristiana. Pero durante el primer milenio, la figura de Cristo por lo general era retratada totalmente vestida y mucho más viva, enfocando en su resurrección triunfante antes que en su muerte ignominiosa.

Mi taxista hindú no era el único que no entendió «nuestro Dios, extraño y muerto». En muchas partes del mundo, donde los representantes de Cristo no siempre se comportan como deberían, la cruz es vista como un símbolo de opresión y explotación. Y desde luego, ahora hay millones de personas en el mundo Occidental que llevan una cruz solo como pieza de joyería, sin tener idea alguna de lo que simboliza. Quizás usted ha oído la historia de la muchacha que preguntó al joyero: «¿tiene usted alguna de esas cruces que ahora están tan de moda?”.

“¿Quiere usted una sencilla, o una con el hombrecito sobre ella?» le preguntó el joyero.

El centro de nuestra fe

Aunque un número creciente de personas vean la cruz poco más que otra clase de joyería de moda, la cruz sigue manteniendo su lugar legítimo como centro en nuestros lugares de culto. Ésta adorna nuestras Biblias, devocionarios e himnarios. Representa el perdón del pecado y nos recuerda lo que Jesús sufrió para hacerse nuestro Salvador.

Pero aquí os dejo algo en que pensar. ¿En verdad una cruz expresa realmente el significado central de nuestra fe cristiana? Puede que para nosotros si, a fin y al cabo nosotros conocemos toda la historia. Jesús no permaneció sobre la cruz ni en la tumba. Él resucitó de entre los muertos y ascendió al Padre, habiendo vencido a la muerte y reconciliado a toda la humanidad para Él y lo hizo en representación y substitución de todos. Pero para muchos, como mi taxista, la cruz transmite la idea de que solo adoramos a “un Dios extraño y muerto.»

Muchos de los tablones de anuncios de las iglesias recuerdan a los transeúntes que «la paga del pecado es la muerte». Y tanto énfasis en evitar el castigo por los pecados puede dar la impresión de que esto es de lo que trata nuestra fe.

Pero el cristianismo no es solamente sobre como evitar la muerte. Ni solo sobre el perdón de los pecados. Es, ante todo, acerca del amor y la vida. Juan 3:16 nos recuerda que tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único para que la humanidad pudiera tener- no solamente sus pecados perdonados – sino vida eterna junto a Dios Padre. El perdón es parte del proceso, pero el verdadero y eterno perdón nace sólo del amoroso corazón de Dios, y es Su amor imperecedero el que transforma a las personas en hermanos y hermanas de Jesús, es más, en amigos de Jesús, y en hijos queridos del Padre.

El mundo nunca ha estado tan lleno de miedo, sufrimiento y muerte. Tenemos que recordarnos que Jesús dijo «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10).

El Cristianismo significa amor y vida. La cruz siempre será un símbolo de la muerte de nuestro Señor. Pero ¿existe un modo igualmente reconocible de representar la nueva vida creada para la humanidad en su resurrección y ascensión al Padre? Las tentativas de los artistas de mostrar al Señor elevándose en toda su gloria inevitablemente no alcanzan ni de lejos a la realidad. Pero tal vez hay una manera.

Jesús dijo que él viviría en y por la gente que lo aceptase como su Salvador. Ellos le seguirían, sus vidas serían transformadas, reflejando su amor y vida como una vela encendida en un cuarto oscuro. Y bien reflejó esto Jesús en Juan 13:35 cuando dijo «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros”.

Una vida caracterizada por el amor, la alegría, la paz, la paciencia, el gozo, la bondad, la honradez, la benignidad y el dominio propio (Gálatas 5:22-23) indudablemente será considerada como un poco extraña. No se podría esperar otra cosa; también la gente pensó que Jesús era un tipo extraño. Pero cuando mejor se representa la fe cristiana no es cuando alguien mira a un símbolo hecho a mano que podría tener significados diferentes para personas diferentes, sino cuando los que lo creen se convierten en símbolos vivientes de “nuestro Dios, extraño y vivo».  ◊

nuestro-extraño-Dios-muerto

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