Los Chicos

«No podemos hacer nada que seasuficiente para garantizar el afecto y generosidad de nuestro Padre. Pero podemosagradecerle».
Comotengo el privilegio de vivir en una calle de arbustos en Australia, esto incluyeque muy temprano por la mañana salga por la puerta de atrás llevando semillasde girasol, moronas de pan y una variedad de sobras de comida: el desayuno paralos chicos: Caractacus, Horacio, Barry, Larry y Colin. Otras personas lospodrán reconocer como: Cucaburra, pavo de matorral, pájaro carnicero, loroarcoiris y currawong, respectivamente. Pero para míellos son los chicos.
Usualmentesoy puntual. Si no,  bueno, digamos que los chicos encuentran una manera audiblede ¡recordarme que están a la espera!
Es un arreglo de verdad divertido. Me encanta estainteracción; anticipo satisfacer sus apetitos insaciables. Las madrugadas sonmágicas en el arbusto, tan vivas y ocupadas.
¿Loschicos? Los amo totalmente
¿Es un sentimiento mutuo? Sería bueno pensar que sí,pero no hay manera de saberlo.
¿Al menos estarán un poquito agradecidos? No me lo handicho. Son aves salvajes; no pueden hablar.
Yo charlo mientras los alimento: un hombre pájaroauténtico. Pero este tipo de comunicación es de una vía.
Yo doy, doy, doy.
Ellos toman, toman, toman.
Conentusiasmo de seguro. Esto es lo que lo hace tan agradable. Disfrutanlo que hago por ellos. ¿Pero les agradaré? ¿Aunque sea un poco?

Algunas veces les digo que no me merecen, y que nisiquiera hacen algo útil para garantizar mi generosidad y afecto. Cuando se terminanla comida, se van sin una palabra de aprecio de parte de ninguno.
¡Ingratos!
¿Dejaréde darles de comer porque no me pueden dar  las gracias?
¡Difícilmente! Los amo demasiado.
Si alguna vez, un pájaro u otro animal salvaje le hapermitido acercarse a él, o ha comido de su mano, o le ha buscado para jugar(como los delfines), entonces conoce la emocionante sensación de una comunión momentáneahacia otro canal. Entenderá por qué sigo alimentando a los chicos.
Bienvenido al mundo de Dios.
Jesús dijo en (Mateo 6:26) que los chicos “no siembran,ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre Celestial los alimenta”. Asíes en la creación.
Yo los alimento también. SuPadre me está usando para darles de comer cada mañana. Es a Él a quien debenagradecer, no a mí.
Jesús dijo otra cosa en ese versículo: “¿No valéisvosotros mucho más que ellas? No podemos hacer nada que sea suficiente paragarantizar la generosidad y afecto de nuestro Padre. Frecuentemente vamos a Élcon oraciones de: “dame, dame” y le damos poca atención hasta que surge elsiguiente deseo.
¡Ingratos!
¿Dejará él de proveernos? ¿Retirarásu generosidad porque no podemos agradecerle?
Ah, pero sí que podemos agradecerle.
A través de toda la variedad de la creación, solo a unade las criaturas de Dios se le dotó de la capacidad para experimentar yexpresar en lenguaje consciente su gratitud, afecto, adoración, alabanza y amoral Padre. Sólo la humanidad puede decidir acercarse a Él en oración y saborearla comunión con él a través de ese canal.
¿Lo hacemos?
¿Loharemos?
¿Retirará Él su generosidad porque no le agradecemos? ¡Difícilmente!Nos ama demasiado.
Pero aún así, podemos agradecerle.
Lección poderosa, ¿verdad? Quizá esta es la razón porla que Jesús nos dijo que consideráramos a los chicos- “porque ni siembran, nisiegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial los alimenta. ¿Novaléis vosotros mucho más que ellos? Dios nos ama aún cuando no le agradecemos. Odisea Cristiana
Kerry Gubb es entrenador médico acreditado y certificado  como profesionalen recursos humanos por el Instituto Australiano de Entrenamiento y Desarrolloy sirve en la Junta de Educación Vocacional y el Grupo de EntrenamientoIndustrial (Australia).




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