Lidiando con las dificultades

Estudio de Biblia

Lidiando con las dificultades

Un estudio de Hebreos 12:1-17

Por Michael Morrison 


Después de mencionar una larga lista de héroes que fueron fieles en tiempos difíciles, el autor de Hebreos se dirige ahora a los lectores en forma directa, animándolos a seguir el ejemplo de los fieles. Ellos deberían de reconocer las dificultades que aquellos encontraron—incluso ser animados por ellas—y completar la jornada que han comenzado.
Terminar la carrera
En Hebreos, la información doctrinal a menudo es el trampolín para la aplicación práctica. Después de cada sección de información viene una breve sección de exhortación, a menudo con las palabras “por tanto,….” El capítulo 12 empieza con: Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia.
¿Qué clase de testigos nos rodean? Quizá son espectadores en un estadio, mirándonos correr la carrera—pero ya que el autor todavía no ha usado la metáfora de la carrera, los lectores probablemente no pensarían en “testigos” en ese sentido. Más bien, los testigos son personas que pueden testificar que es posible ser fieles ante las tentaciones, incluso en medio de las persecuciones.
Nos rodean ejemplos de éxito, así que deberíamos despojarnos de cualquier cosa que nos distraiga, de cualquier cosa que nos haga ir más despacio—especialmente, del pecado. El pecado es como un pulpo que nos agarra primero con un tentáculo, luego con otro, y otro, hasta que estamos atrapados. El pecado hace más difícil para nosotros seguir a Cristo, o confiar en Él para nuestra salvación. Así que, para ser fieles, necesitamos hacer a un lado el pecado o cualquier otro estorbo.
Y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe(vv. 1-2). Aquí, la vida cristiana es comparada con  una carrera, quizá un maratón, en el cual terminar la carrera es más importante que llegar primero. ¿Cómo podemos terminarla? Manteniendo nuestros ojos en la meta: Jesús. Él no sólo es el que nos llama a la fe desde el principio, Él también es el que completará Su obra dentro de nosotros.
¿Qué clase de ejemplo estableció Él para nosotros? Quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios(v. 2). Jesús mantuvo Sus ojos en la meta—el gozo puesto ante Él. Nuestra salvación es el gozo que motivó a Jesús a soportar el dolor y la vergüenza de la cruz. La cruz nos muestra cuánto quiere Jesús que nos unamos a Él en Su gozo, que nos unamos a Él en Su posición de honor y autoridad junto a Dios Padre. Y esto establece un ejemplo que nos puede ayudar a soportar nuestras dificultades.
Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo (v. 3). Si pensamos sobre lo que Él hizo, seremos animados a soportar las inconveniencias que el cristianismo nos pueda traer. Al enfocarnos en Él, Él fortalecerá la fe dentro de nosotros.
Como observa el autor, los lectores aún no habían experimentado lo que Jesús experimentó: En la lucha que ustedes libran contra el pecado todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre (v. 4). Deberíamos estar dispuestos a entregar nuestras vidas, porque la vida que hemos ganado es mucho más, que cualquier cosa que pudiéramos entregar.
Los hijos y la disciplina
El autor entonces cita Proverbios 3:11-12 para dar a los lectores una mejor manera de ver sus problemas: Y ya han olvidado por completo las palabras de aliento que como a hijos se les dirige: «Hijo mío no tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama y azota a todo el que recibe como hijo.» Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos (Heb. 12:5-7).
Esto no significa que todo problema que enfrentamos ha sido específicamente causado por Dios, o que es un castigo por algo malo que hicimos. Pero los problemas pueden ser cambiados para algo bueno en nuestras vidas, si los vemos como un entrenamiento atlético que nos puede ayudar a ser más fuertes y más fieles.
En la vida cristiana, se deben esperar dificultades: ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos(vv. 7-8). En la sociedad griega, los hombres ricos a menudo tenían amantes, y ellas a menudo tenían hijos ilegítimos. Ellos enviaban a sus hijos legítimos a la escuela y los entrenaban, pero a menudo ignoraban a sus hijos ilegítimos.
Después de todo aunque nuestros padres humanos nos disciplinaban, los respetábamos. ¿No hemos de someternos, con mayor razón, al Padre de los espíritus, para que vivamos? En efecto, nuestros padres nos disciplinaban por un breve tiempo, como mejor les parecía; pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad (vv. 9-10).
Él está aquí hablando en términos generales, no está comentando sobre los padres que son muy estrictos o abusivos. La disciplina humana tiene beneficios temporales, pero la disciplina divina tiene beneficios eternos, así que deberíamos estar, incluso, más dispuestos a soportarla.
Esto no siempre es fácil, pero lo tomaremos mejor si estamos mentalmente preparados para ello. Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella (v. 11). Puede ser que no veamos esos resultados de inmediato —especialmente la paz— pero disfrutaremos los resultados si soportamos las dificultades.
Por tanto, ya que la disciplina produce buenos resultados en nuestras vidas,renueven las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas debilitadas. «Hagan sendas derechas para sus pies», y que la pierna coja no se disloque sino que sane” (vv. 12-13, citando Prov. 4:26). No dejen que los problemas los hagan abandonar la carrera. Corran derecho hacia la meta, aunque sea difícil.
No sean como Esaú
El autor ahora cambia de ritmo y hace una exhortación general: Busquen la paz con todos —no busquen la persecución— y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (v. 14). Ya que Jesús nos hace santos con Su muerte (10:10, 14), debemos confiar en Él para el status que necesitamos para ver a Dios. Pero hay un peligro: Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura brote y cause dificultades y corrompa a muchos (v. 15). ¿Cómo podría la gente dejar de alcanzar la gracia de Dios? La “raíz de amargura” probablemente se refiere a Deuteronomio 29:18, que describe a alguien que se aleja de Dios. Si nos alejamos de Cristo, no recibiremos de Sus beneficios.
Y de que nadie sea inmoral ni profano como Esaú, quien por un solo plato de comida vendió sus derechos de hijo mayor. Después, como ya saben, cuando quiso heredar esa bendición, fue rechazado: No se le dio lugar para el arrepentimiento, aunque con lágrimas buscó la bendición(vv. 16-17).
Esaú es un ejemplo a evitar: Él cedió una bendición a largo plazo a cambio de un beneficio a corto plazo. Ésta es también la elección que los lectores están enfrentando: ¿Cederían ellos la vida eterna con Cristo a cambio de un poco de conveniencia en este mundo? Si ustedes hacen esto, dice el autor, llegará el tiempo cuando la penalización será irreversible. Esaú se arrepintió en un sentido —él decidió que quería la bendición— pero ya era demasiado tarde, porque ella era parte de la herencia que ya había vendido. No vendan la fe, dice el autor. Manténganse firmes, y sean fieles —y hacemos eso manteniendo nuestros ojos en Jesús.


 

Preguntas para dialogar

 

·         ¿Qué clase de pecado tiende a asediar a la gente hoy? (v. 1)
·         ¿Qué los aleja de la fe en Cristo?
·         ¿Qué gozos están delante de nosotros? (v. 2)
·         ¿Tienen las personas ahora, actitudes diferentes hacia la disciplina ejercida por los padres? (v. 9)
·         ¿Cómo afecta esto nuestra actitud hacia las dificultades que podamos enfrentar?
·         ¿En qué manera estaban los héroes del Antiguo Testamento esperando por nosotros? (v. 40)

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