De entrada, cuando escuché hace unos días al presidente de Comunión de la  Gracia Internacional, Joseph Tkach sugerirnos como propósito de este año 2011 tener todo un año libre de culpa, me impresionó bastante ya que esta condición es algo que resulta necesario y vital para nuestra vida terrenal puesto que todo lo que vivimos y manifestamos rigurosamente tiene repercusión en la vida eterna, porque fuimos creados, engendrados y adoptados para vivir eternamente en el mismo seno del Dios Trino que nos ama con un amor incomprensible para nuestra mente carnal.

Al ir digiriendo y saboreando esta expresión: “libre de culpa” me puse a pensar y llego a la conclusión, que como propósito de año nuevo está bien para quienes de alguna manera no han comprendido el gran amor de Dios, pero también esta expresión debe ser parte de nuestra mente, una actitud de un corazón renovado ya que toda la vida es “libre de culpa” en Cristo, puesto que para esto el Hijo encarnó en el humano Jesús, para que vivamos la eternidad libres de culpa, llenos de la gracia de nuestro Dios, envueltos en ese amor ágape, que no tiene fronteras y que sólo Dios nos lo puede dar como un don inefable.

En y por Cristo estamos viviendo una vida nueva, llenos de la justicia y la paz que sólo Jesús es capaz de darnos y en su gran misericordia nos ha hecho sentir que como humanos tenemos límites para expresar ese amor, pero con el Espíritu de Dios mi mente no llega a comprender hasta dónde somos capaces de amar. Por esto, como humanos debemos poner nuestra confianza solo en el Señor Jesús, el autor y consumador de nuestra vida en Dios; sólo Él nos puede llenar de lo que nos hace falta, sólo Él llena nuestro tanque emocional (expresión tomada del Dr. Ross Campbell en su libro “Si amas a tu hijo”) para poder extender ese amor hacia otras personas. Sólo Él nos cambia nuestro perverso corazón de piedra (Jeremías 17:9) en un corazón no de carne, sino del Espíritu de Dios “puesto que en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17:28)

Dios quiere que seamos exactamente como Cristo, ya que fuimos hechos a su verdadera imagen, tal como Dios tuvo su propósito para nosotros desde antes de la creación del mundo (Efesios 1:3-5).

Dios quiere que cualquier persona que nos vea, a quien realmente debiera ver es a Cristo y no a cualquiera de nosotros (Juan 14:6-10) ya que el mismo Dios en la persona de Cristo se está formando en cada uno de los seres humanos.

Así que me pongo a pensar y usted estará de acuerdo conmigo (bueno, eso espero) que sentirnos libres de culpa no sea un propósito de año nuevo, sino una condición para siempre. Quiera Dios que cuando llegue el mes de diciembre de 2011, podamos decir: “he aprendido a vivir toda una vida libre de culpa”

Artículos de Ruben Ramírez Monteclaro

libre-de-toda-culpa.pdf

 

 

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