¿Es importante la verdad?

¿Es importante la verdad? ¿Por qué la apatía o incluso el antagonismo a la verdad en el mundo postmodernos actual? ¿Puede el ser humano conocer la verdad por sí mismo? Cada vez que opinamos, defendemos o criticamos un argumento, hacemos una pregunta, etc. tenemos en mente el concepto de la verdad, incluso si negamos que la verdad sea real o conocida. Cuando nuestras propias ideas no son presentadas correctamente, o nuestro carácter personal es falsamente acusado, apelamos a algo firme y estable para dirimir la situación: la verdad.

Sin embargo, especialmente desde la Segunda Guerra Mundial han surgido diferentes filosofías y condiciones sociales postmodernas que han tendido a minar la noción de que incluso exista la verdad objetiva, y por lo tanto están llevando a muchas personas a pensar que no hay necesidad de buscarla.

En general, hoy las personas no buscan la verdad de las cosas y situaciones como guía. El ateo Thomas Nagel admite en The Last Word – La Última Palabra, que el teísmo, la idea de Dios, le repulsa a nivel más profundo que meramente rechazar “las dudosas doctrinas morales, las reglas sociales y la influencia política de la religión. Deseo que el ateísmo sea verdad y me incomodo con el hecho de que algunas de las personas más inteligentes y bien informadas que conozco sean creyentes. No es solo que no creo en Dios y, naturalmente, espero que esté en lo cierto en mi creencia, es que espero que ¡no hay Dios! ¡No quiero que haya un Dios!” (New York: Oxford University Press, 1997, Pág.130).

El apóstol Pablo describe a aquellos que se oponen al conocimiento que tienen de Dos, como creador, por medio de la creación, y que en lugar de reconocerle y darle gracias su capacidad de comprensión se oscurece: “Ciertamente, la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad. Me explico: lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues él mismo se lo ha revelado. Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus in- útiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón” (Romanos 1:18-21).

Ya Blaise Pascal (1623–1662) en Pensees – Pensamientos, que fue una defensa del cristianismo de este filósofo y matemático cristiano, afirmó sobre la verdad: “La verdad está tan oscurecida hoy, y las mentiras tan bien establecidas que al menos que amemos la verdad nunca la reconoceremos”.

Podemos decir que La Ilustración fue el cúlmen del gnosticismo, el postmodernismo en cambio, con una apariencia de humildad, e influenciado en gran manera por el relativismo, dice según afirma el erudito y comunicador John Stachhouse: “No conocemos nada con certeza, por lo tanto todas las supuestas verdades pueden ser ciertas”. Esta falsa humildad es insostenible por más de una razón. La mayoría de los postmodernos no son escépticos, sino no realistas. El conocimiento para ellos no es difícil, sino fácil, pero dicen: “Deja de preocuparte por la verdad objetiva”. Stackhouse afirma que sabe que ningún ser humano sabe nada con certeza. Si está cierto de su proposición, entonces no está claro cómo puede saber que su afirmación es verdadera. Pareciera que estuviese refutándose a sí mismo.

La Escritura promete repetidamente que el conocimiento de Dios es posible para los seres humanos directamente relacionados con su Hacedor por medio de su Espíritu: Sin embargo, como está escrito: ‘Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman’. Ahora bien, Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios… Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido…” (1 Corintios 2:9-14).

Si nos preguntásemos ¿qué es lo que ocasiona hoy que la mayoría de los españoles esté de espaldas al cristianismo? Creo que no nos equivocaríamos si contestásemos que la razón principal está en la apatía y la falsa tolerancia, que sin duda son enemigos de la verdad.

El problema no es en realidad del ateísmo, ya que el ateo cree; es el apatísmo si me permitís acuñar esta nueva palabra. La apatía descansa en la indiferencia, no sentir pasión alguna por las creencias propias ni por las de otros. Los españoles pueden tener preferencias religiosas pero no los llevan a compromiso alguno, ni siquiera alimentan la controversia. El apatísmo parece ser una toxina epidémica en España. Sin embargo, para el cristiano comprometido, una actitud de apatía sobre el destino eterno propio, o de otro ser humano, no es una opción. Jesús advirtió a la iglesia en Laodicea que los vomitaría de su boca por su actitud tibia, y la misma advertencia es para cada uno de nosotros: Escribe al ángel de la iglesia de Laodicea: Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el soberano de la creación de Dios: Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, voy a vomitarte de mi boca” (Apocalipsis 3:14-16). Esta apatía no es solo justificada en nombre de la tolerancia, sino animada por la inacabable diversión aportada por la cultura actual del entretenimiento. Esta cultura se muestra en la pegatina que dice: “He abandonado la realidad, ahora estoy buscando una buena fantasía”. Pareciera que los espa- ñoles no se hagan ya más las grandes preguntas existenciales que el ser humano se ha venido planteando siempre: “¿Quién soy yo? ¿Quién creó todo el universo? ¿Hay vida después de la muerte? etc. Y que solo pensaran en divertirse y pasarlo bien.

La diversión nos consuela transitoriamente, frente a nuestras miserias y perplejidades, sin embargo y paradójicamente, se convierte en el peor de nuestros enemigos porque nos impide rumiar y comprender nuestra verdadera condición. Por eso Pascal, refiriéndose a ella advirtió: “Nos lleva imperceptiblemente a la destrucción”. La búsqueda compulsiva de diversión es a menudo un intento de escapar del sin sentido de la vida que ignora el propósito que el Creador tiene para ella. Y nos impide escuchar la voz de Dios, ya que para ello necesitamos momentos de silencio, estudio y reflexión.

Por nosotros mismos no podemos conocer la Verdad, pero Dios nos la ha dado a conocer en Jesucristo por medio del Espíritu: “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Juan 14:6). Al escuchar la Verdad, que es Jesucristo venimos a estar en contacto con la verdad y la realidad de quién es Dios, de quiénes somos nosotros, descubrimos la verdadera naturaleza de lo creado y nos dice quién y cómo eran, son y serán las cosas realmente.

 

Acerca de Pedro Rufián Mesa

Pedro Rufián Mesa es Director Nacional de la Comunión Internacional de la Gracia en España y Director-Editor de la Revista "Verdad y Vida". Estudió Teología en Ambassador University.

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