El nuevo pacto es más antiguo de lo que se piensa

Por Paul Kroll
 
Los cristianos están bajo la guía y autoridad del nuevo pacto, no del antiguo. Esto trae una importante pregunta: ¿Qué relación existe entre los dos pactos?
A veces se dice que el nuevo pacto es una magnificación del antiguo. De una manera informal de hablar, esto puede ser aceptable. Sin embargo, pensar en el nuevo pacto como sólo una perfección del antiguo, puede llevarnos a aceptar la idea errónea que el antiguo pacto dio lugar con el paso de los años al nuevo. Si el nuevo pacto es sólo una versión mejorada del antiguo, por así decirlo, entonces se crea una pregunta: ¿Quizás algunas de las prácticas (como el no comer carnes impuras) ordenado bajo el antiguo también debe ordenarse en el nuevo? ¿Después de todo, si algo se ha agregado al nuevo pacto, por qué no se puede incluir algo de lo que estipulaba el antiguo pacto?
También, es equivocado decir que el nuevo pacto viene después del antiguo, como si su existencia dependiera, en algo, del que lo antecedió y por consiguiente podríamos tener una conclusión errónea en que el antiguo pacto es la base para el nuevo. Éste no es definitivamente el caso. Por ese motivo el título de este artículo es «El nuevo pacto es más antiguo de lo que se piensa».  Este título enfatiza en la conclusión irónica que el nuevo pacto existe desde mucho tiempo antes de que el antiguo pacto apareciera.
El antiguo pacto existió en un nivel más bajo, un plan físico. Fue, lo que nosotros podríamos llamar, un tipo de herramienta que nos trata de enseñar cual es el propósito de Dios respecto a la humanidad. Este pacto tenía una existencia limitada durante un tiempo específico en la historia para un grupo de personas específicas bajo circunstancias especiales. Lo mejor que podría hacer el antiguo pacto era, por un tiempo limitado y de una manera un poco velada, demostrar la verdadera realidad del propósito de Dios en Cristo – el cual se manifestó con el nuevo pacto.
Por otro lado, el nuevo pacto debe entenderse como eterno. No lo podemos limitar a un tiempo determinado, porque empieza desde «el principio”.Puesto que el propósito eterno de Dios es bueno en la realidad, podemos decir que la creación nunca ha existido sin el nuevo pacto, aun cuando no se hubiera llevado a cabo de acuerdo a los propósitos de Dios.
El Nuevo Testamento insiste que el nuevo pacto comienza desde el principio. Claro, tales pasajes no usan las palabras «nuevo pacto», por esta razón necesitamos utilizar una definición más precisa respecto al nuevo pacto. Para que podamos entender cuando se refiere a ese aspecto, esencialmente, el nuevo pacto puede definirse en la siguiente frase: un desarrollo del propósito de Dios en crear a los seres humanos y transformarlos, a partir de su condición pecaminosa para convertirlos a la imagen de su Hijo, y darles la vida eterna.
Pero aquí es donde se complican las cosas. Nosotros deducimos de la Escritura que el propósito de Dios para los seres humanos es ser creados de tal manera que se les permita, si ellos lo eligen, convertirse en prisioneros de este caótico orden mundial el cual incluye pecado y muerte.
La esclavitud del pecado
y la decadencia
Podemos entender este aspecto del nuevo pacto en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, el apóstol Pablo lo resumió con estas palabras:  “porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene?” (Romanos 8:20-24).
Nuestra esclavitud del pecado y decadencia, es un problema subyacente que el nuevo pacto está destinado a compartir. Sin las promesas del nuevo pacto, cada ser humano moriría por toda la eternidad. El propósito de Dios se paralizaría. Pero sabemos el resto de la historia –el nuevo pacto. Dios proporcionó la manera en como los seres humanos podrían ser rescatados de este diabólico orden mundial, de Satanás (Efesios 2:2; 1ª Corintios 4:4; Apocalipsis 12:9), así como del pecado y de la muerte. Dios, en la persona del Hijo, se volvió un ser humano (Jesucristo), quien moriría por nuestros pecados y resucitaría como Salvador.
Dios puede perdonar a los seres humanos sus pecados, teniendo semejanza en su Hijo a través de la obra transformadora del Espíritu Santo, y finalmente serán resucitados. Por consiguiente, Jesucristo es la encarnación del nuevo pacto. (En cierto sentido, Moisés ejemplificó el antiguo pacto.) Bajo el nuevo pacto, son derrotados el pecado y la muerte y el propósito de Dios de proporcionar la vida eterna a los seres humanos viene a cambio. Ése es el nuevo pacto en pocas palabras.
El nuevo pacto no apareció con la muerte de Cristo, ni apareció con Abraham. El nuevo pacto existe desde el principio como el propósito original  de Dios para la raza humana.
Otra vez, el nuevo pacto es mucho más antiguo -eternamente más antiguo- que el antiguo pacto. (Puesto que el propósito de Dios finalmente es victorioso, su propósito es muy bueno, incluso antes de que ocurra de hecho.) Varios versículos del Nuevo Testamento testifican la existencia eterna del plan de Dios, ahora conocido como el nuevo pacto. Como se ha declarado anteriormente, no se usan las palabras «nuevo pacto». Más bien, estas escrituras se refieren a la promesa reparadora de Cristo en su obra y el propósito de Dios para dar la vida eterna a través de él.
El propio Cristo es la base del nuevo pacto. Veamos, en una manera rápida, como insistentemente las Escrituras nos hablan de la existencia eterna del nuevo pacto:
Conforme a su eterno propósito realizado en Cristo Jesús nuestro Señor. (Efesios 3:11).
Cuadro de texto: El nuevo pacto es mucho más antiguo -eternamente más antiguo- que el antiguo pacto.El Cordero (Jesús) que fue sacrificado desde la creación del mundo. (Apocalipsis 13:8).
Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto. Cristo, a quien Dios escogió antes de la creación del mundo, se ha manifestado en estos últimos tiempos en beneficio de ustedes. (1ª Pedro 1:18-20).
Sin embargo, Dios había terminado su trabajo desde que creó el mundo (Hebreos 4:3).
Dios nos escogió en él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él. En amor (Efesios 1:4).
Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: ‘Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo (Mateo 25:34).
Pues Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia. Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo. (2ª Timoteo 1:8-9).
Nuestra esperanza es la vida eterna, la cual Dios, que no miente, ya había prometido antes de la creación. (Tito 1:2).
El propósito oculto
El nuevo pacto es sumamente antiguo. Sólo nos parece nuevo porque entró solamente hasta hace casi 2,000 años. El hecho de su existencia antes de este tiempo estaba generalmente oculto del conocimiento humano. (Claro, el nuevo convenio fue discutido y se puede encontrar en las Escrituras hebreas, nosotros podemos verlo allí con una mirada retrospectiva porque la realidad ha venido finalmente.)
Uno de los propósitos de Jesús era revelar la existencia desde antes de este nuevo pacto eterno. Mateo citando a uno de los profetas, dijo de la enseñanza de Jesús: Así se cumplió lo dicho por el profeta: «Hablaré por medio de parábolas; revelaré cosas que han estado ocultas desde la creación del mundo (13:35). Pablo dijo que el nuevo pacto de Dios propone incluir a todas las personas en su plan de salvación«se ha guardado oculto para las edades y generaciones, pero se descubre ahora a los santos» (Colosenses 1:26). Era, dijo Pablo, «la sabiduría secreta de Dios» (1ª corintios 2:7). Los elementos del nuevo pacto, sin embargo, fueron presagiados mucho tiempo antes que el antiguo pacto viniera. Aquí damos algunos ejemplos.
El nuevo pacto del ministerio de Melquisedec existió antes del ministerio del antiguo pacto de Leví (Hebreos 7).
En el nuevo pacto, la línea de la orden de Melquisedec existió antes del antiguo pacto con el sacerdocio de Aarón.
Juan nos dice que la Palabra o Logos existió antes que Moisés.
En el nuevo pacto «los frutos» del Espíritu Santo existieron antes de darse la ley del antiguo pacto en el monte Sinaí. (Después de todo, el Espíritu Santo es eterno.)
Y la salvación se dio por medio de la gracia a personas como Abel, Enoc, Noé y Abraham antes que a la gente de Israel del antiguo pacto (hebreos 11:5-12).
En Gálatas 3:8, Pablo dice que Dios «anunció el evangelio» – el nuevo pacto – por adelantado a Abraham.
El hecho que el nuevo pacto existió antes que el antiguo tiene muchas implicancias para nosotros. Como cristianos, queremos averiguar cual vino primero, lo real, es que nuestra autoridad en busca de la verdad y en saber en qué ponemos nuestra esperanza, está en ese nuevo pacto. Nosotros no buscamos el antiguo pacto el cual es una imitación temporal, una copia del nuevo pacto que fue desde el principio.
Ya que el antiguo pacto se ha hecho obsoleto, por sí mismo no determina cómo debemos rendir culto a Dios. La institución del antiguo pacto; Templo, sacerdocio Levítico, la ley grabada en piedras, varias regulaciones y sistemas de sacrificios – no son normativos para nosotros que estamos bajo el nuevo pacto. Es decir, nosotros no podemos determinar lo que debe hacerse bajo el nuevo pacto buscando a través de lo instituido en el antiguo pacto. El Libro de Hebreos lo dice claramente. Así lo dice Pablo en sus cartas.
Sombra y realidad
Resumamos la diferencia entre los dos pactos. Lo instituido en el antiguo pacto fue una sombra, el nuevo pacto es la eterna realidad existente. La sombra no habla por lo que es real. El nuevo pacto no crece fuera del antiguo, ni es una magnificación del antiguo. Más bien, el antiguo pacto se desarrolló fuera del nuevo. Bajo el antiguo pacto, Israel se convirtió en la matriz o escenario para la venida de Jesucristo y su obra redentora.
El nuevo pacto no comenzó a existir con la muerte de Cristo, su resurrección y la venida del Espíritu Santo (aunque es allí cuando el antiguo pacto termina), ni comenzó a partir de la existencia de Abraham. El nuevo pacto empezó a existir como el propósito original de Dios para la raza humana.
Para nosotros, sólo una conclusión es posible: El muy antiguo “nuevo” pacto es nuestra autoridad en cómo desempeñemos nuestras vidas en Cristo y es el armazón -a través de Cristo- de nuestra fe.
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